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Ago 2019 - Edición 233

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¿Profesores estresados?

Dos meses atrás se inició una polémica pública tras el reclamo de alumnos universitarios por la carga académica. Sin embargo, ¿nos hemos preguntado alguna vez qué sucede con nuestros docentes? ¿Existe alguna manera de enseñarles a manejar su estrés y la carga laboral? ¿Qué recomendaciones tener? Conversamos sobre este tema con la doctora Amanda Céspedes, destacada neuropsiquiatra chilena.

Por: Marcela Muñoz Illanes
¿Profesores estresados?
 

El estrés en los docentes no es una situación tan simple como puede creerse. Según la investigación “Mediciones de estrés laboral en docentes de un colegio público regional chileno” de Sergio Zúñiga y Víctor Pizarro, de la Universidad Católica del Norte, publicada el año pasado, los profesores están expuestos al “síndrome de burnout”, el cual se define como “respuesta del organismo a situaciones prolongadas de estrés”. Señalan que, por ejemplo, se puede manifestar con agotamiento emocional, y falta de ánimo en los docentes. 

Coincide con ese estudio, la destacada neuropsiquiatra, Amanda Céspedes  quien señala que hay que trabajar en la salud emocional de los docentes y por ello, es clave “aprender a reconocer las primeras señales de estrés y actuar preventivamente”.

—¿Cuánto afecta la salud emocional de los propios docentes?

—Yo empleo un paradigma de salud integral, de modo que no hablo de “salud mental” o “salud emocional”, sino de salud integral. El organismo humano es una unidad biológica, psicológica, neurológica, inmunológica, hormonal, somática y espiritual. Cuando enfermamos, todo el organismo se resiente. Indudablemente, la psiquis es la más “ruidosa”, pero las afecciones hormonales, somáticas, inmunitarias, son muy severas. Por cierto, la mala salud tiene un enorme impacto sistémico; un docente enfermo desestabiliza todo el sistema a su cargo: alumnos, apoderados, colegas, etc. El impacto sistémico es muy severo y el modelo actual de la medicina no da respuesta a este grave flagelo.

Amanda Céspedes

—¿De qué manera se afecta el aprendizaje de los alumnos?

—Los docentes en Chile tienen elevados montos de estrés, porque muchos de ellos han perdido el control sobre las múltiples demandas de su profesión. Esto es particularmente grave en el sistema público (municipal) de la educación.

Los estudios nacionales solo abordan la salud mental, pero si incluimos todos los sistemas del organismo, me atrevería a decir que más de dos tercios de los docentes están con mala salud. Un docente enfermo afecta gravemente a sus alumnos, no solo en lo académico, sino también en lo emocional; un docente enfermo está habitualmente irritable, con poca tolerancia, carente de calidez, rígido, y luce agobiado. Los alumnos se repliegan, se atemorizan, no aprenden ni van motivados a clases. Experimentan miedo frente al talante rabioso y punitivo del profesor.

 —¿Qué estrategias se pueden utilizar para abordar el bienestar de los docentes?

—La peor de todas es enviar al médico a los que dan señales visibles de mala salud, porque suelen recetarles ansiolíticos y les dan una licencia de pocos días que no les alivia en lo absoluto. El bienestar se garantiza abordando muchos frentes de modo simultáneo.

¿Qué pueden hacer los docentes sobre su propio bienestar?

— Mi equipo y yo somos muy enfáticos en insistir en que los docentes deben ser adecuadamente capacitados en autocuidados. El chileno promedio es pasivo frente a su salud: no sabe leer las señales incipientes de malestar o de enfermedad, reaccionando cuando ya está severamente afectado.

Amanda Céspedes, señala que la mejor medida para trabajar el autocuidado docente, es la capacitación en autogestión del estrés, evitar la medicación y recurrir cuando es necesario a terapias y medicinas complementarias serias.

Los docentes municipalizados muestran muy malos hábitos de sueño, de alimentación; son sedentarios y no saben gestionar adecuadamente el estrés. Esto es particularmente serio en las profesoras. En general, hacen uso excesivo de ansiolíticos, analgésicos y antiinflamatorios, automedicándose, haciendo caso omiso del sentido común a la hora de respetar el sueño nocturno, la alimentación sana, el ejercicio.

—¿Cómo ayudarles a manejar el estrés laboral, conocido como “burnout”?

—La clave está en aprender a reconocer las primeras señales de estrés y actuar preventivamente. El burnout es el capítulo final de un estrés crónico. Es extremadamente grave, ya que conduce a la automedicación, abuso de alcohol e incluso riesgo de consumo de drogas.

La mejor medida es la capacitación en autogestión del estrés, evitar la medicación y recurrir cuando es necesario a las terapias y medicinas complementarias, en lo posible en manos serias. Yo soy absolutamente contraria al empleo de ansiolíticos como única medida para aliviar el burnout. Y siempre recomiendo acercarse a las terapias llamadas alternativas, pero sabiendo elegir al buen profesional.

Elementos clave del bienestar

  • El clima organizacional del colegio.
  • La capacidad de gestión de los directivos y sostenedores, con énfasis en la creación de climas armoniosos, donde el profesor se sienta estimado, valorado y respetado.
  • Evitar el excesivo énfasis en las fiscalizaciones y en el “efecto profesor”, adjudicando al docente los malos resultados en las pruebas estandarizadas, como el Simce.
  • Respetar –y ojalá aumentar– las horas no presenciales, las que liberan al docente de la sobrecarga laboral y le permiten disponer libremente de su tiempo en casa en vez de llevar pruebas para corregir.
  • Los directivos deben capacitar a los profesores en resolución de conflictos y en el abordaje creativo de los problemas de conducta en el aula. Cuando el directivo exige a los docentes de aula mantener a toda costa un clima de buena convivencia a través de reglamentos excesivamente coercitivos, la conducta de los alumnos empeora y dirigen sus dardos contra el profesor, el cual no tiene otra salida.

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