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Mar 2019 - Edición 228

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“Para mí, la educación inicial es la más importante”

La educadora de párvulos Paulina Villarroel lidera el Jardín Infantil Comunidad de Niños Tricahue, Cerro Navia, lleva más de 20 años trabajando y posee una vocación que se le escapa por los poros. “Yo me abrí a esta experiencia y me ha traído las más maravillosas alegrías de mi vida”, asegura. Este año su trayectoria fue reconocida al ser una de los cinco finalistas del Global Teacher Prize Chile.

Por: Angélica Cabezas Torres
“Para mí, la educación inicial es la más importante”

“En una mediagua con 10 niños, 10 mesas y 10 sillas”, cuenta Paulina Villarroel que inició la historia del Jardín Infantil Comunidad de Niños Tricahue, ubicado en la población Digna Rosa de Cerro Navia, su gran proyecto basado en la metodología Montessori, en el cual ha estado involucrada desde su génesis, a fines del año 1980.

Paulina en su época universitaria llegó a realizar trabajos voluntarios a esta zona de la capital cuando formaba parte de la Vicaría Pastoral Universitaria. “Este proyecto surge porque la vida te lleva por caminos insospechados. Fue abrirme a una experiencia sin saber lo que era”, revela.

En el año 1989 llegó al sector, en esa época era la población Óscar Romero y las calles eran de tierra y no había alcantarilla-do. Le pidieron al grupo de jóvenes voluntarios del cual formaba parte, ayudar a construir los baños de la comunidad. “Comenzamos a venir los sábados y comenzaron a aparecer los niños ‘¡me ayuda en las tareas! ¡me ayuda en las tareas!’ ”, recuerda.

Esto llevó a cada uno a crear un taller en sus tiempos libres y a conseguirse una sede social para realizarlo. “Yo estaba en mi último año, ya había hecho mi práctica y me quedaba un semestre, y había tomado el curso de Montessori, me maravillé y dije ‘voy a probar si este método resulta o no’ ”.

Un comunero que vendía carbón le prestó una mediagua a Paulina y le ayudó a fabricar 10 mesas y 10 sillas, una pobladora le ayudaba como asistente y así partieron haciendo clases a 10 niños párvulos.

En ese tiempo “comenzamos a preguntarnos por qué los niños de segundo básico no sabían leer o no sabían escribir, por qué no sabían sumar, qué pasó con la educación. Empezó, en ese entonces, todo este cuestionamiento sobre la calidad de la educación”, cuenta Paulina.

 

Paulina Villarroel dice que “este proyecto surge porque la vida te lleva por caminos insospechados. Fue abrirme a una experiencia sin saber lo que era”

 

“Yo siempre decía: todo esto parte desde los más pequeños, hay que trabajar con los más chicos. No sacamos nada con tomar a los niños ya en la escuela, porque ya se han perdido años preciosos de su vida. Ahí surge la idea de hacer un jardín infantil en un sitio que estaba en venta”.

Los orígenes del Jardín Infantil Comunidad de Niños Tricahue datan de 1992, en esa época llevaba el nombre de Andalué y atendía a 20 niños

Desde esa época, y hasta el proyecto que hoy existe y que atiende a 104 niños, han pasado varios años. A punta de esfuerzo, trabajo y de conseguirse recursos, pasaron de una mediagua a un jardín construido de quincha y levantado por ella, sus compañeros universitarios y la comunidad, y años más tarde, a una construcción sólida.

Junto a una compañera educadora diferencial habían terminado la carrera y realizado la especialidad Montessori, para hacer un jardín basado en esta metodología. “El método Montessori potencia el desarrollo de los niños en todas sus áreas: espiritual, emocional, cognitiva, social…”, cuenta.

Ahora, el desafío era contar con profesionales preparados, ¿estarían dispuestos a trabajar en un contexto así de vulnerable? Paulina creía que era difícil que alguien de afuera viniera a trabajar a esta población; por lo tanto, pensó que las mujeres de la población tenían que ser las futuras educadoras, y no se quedó solo en el pensamiento.

Se consiguieron becas con Ellinor Barentin y Elena Young, quienes tenían el Centro de Estudios Montessori. “Ellas supieron de este sueño y nos ofrecieron becas”, cuenta. “Con mi amiga comenzamos a visualizar qué mamás tenían vocación, el trato que tenían con los niños, cómo se relacionaban con sus hijos, y empezamos a vislumbrar que había personas que tenían cualidades y les propusimos estudiar, y así entregamos las cuatro primeras becas”, dice.

Y así, con el paso del tiempo, se fue formando un grupo de mamás de la población que estudió y se formaron como guías. Transformaron sus vidas en dos años. Hoy 11 educadoras y técnicos conforman el equipo pedagógico del Jardín Infantil Comunidad de Niños Tricahue, de ellas 9 son mujeres de la población, quienes se especializaron en el método Montessori y estudiaron y se profesionalizaron.

Los jóvenes universitarios de aquellos años, que trabajaron junto a Paulina para construir este sueño en comunidad, hoy siguen vinculados al jardín infantil a través del directorio de la Corporación Tricahue.

Infancia y educación

–Todos los niños merecen, no solo los más pobres, todos, porque yo no estoy de acuerdo con la focalización en pobreza. La educación es un derecho universal y debiera ser para todos, pero por lo menos pensar que todos los niños tienen derecho a una educación de calidad. Todos los niños tienen derecho a poder disfrutar de esta etapa de su vida, creciendo en armonía, conectándose con lo que son y aprender es su oficio, no hay que intencionar el aprendizaje, el deseo de aprender está en ellos, porque hay una mente dispuesta.

¿Qué significa la educación inicial?

–Para mí, la educación inicial es la tremenda oportunidad que tienen los niños de encontrarse con otros y hacer su camino, porque eso es. Venir a un espacio educativo donde te acompañas con otros en este camino y donde cada uno de los que vienen, en esta etapa de la vida, de 0 a 6 años, lo hace con un tremendo potencial. Siento que es una tremenda oportunidad y responsabilidad.

–Siento que no todos pueden ser educadores de párvulos, porque se requiere de verdad estar en tu centro, se requiere de un trabajo de desarrollo personal importante y permanente, porque estás trabajando con los seres más delicados de la sociedad, con las personas que están en formación.

 

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