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Dic 2018 - Edición 227

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Jardines infantiles: ¿Cuidar, jugar o aprender?

El Jardín Pintacuentos se inspira en la filosofía Reggio Emilia, que tiene al niño como protagonista. Un niño que descubre, investiga, se relaciona con otros y así aprende, estando en un lugar, siempre protegido, querido, cuidado y dispuesto para el juego y el aprendizaje.

Por: Paula Elizalde
Jardines infantiles: ¿Cuidar, jugar o aprender?

“En el jardín se cuida, se aprende y se juega”: eso afirma María Jesús Spoerer, creadora y directora del Jardín Pintacuentos en Las Condes, y agrega: “Nuestra primera prioridad es que se sientan seguros y felices. Después de que se logra eso, uno empieza a jugar y aprender con los niños”.

El Jardín Pintacuentos, fundado el año 2012, trabaja con la filosofía Reggio Emilia, la cual tiene al niño como protagonista de su aprendizaje y fomenta la vida saludable, la vida al aire libre. Catalina Vicente, también fundadora y directora, añade: “Los niños traen sus tesoros, ellos buscan y analizan. Para nosotros es clave desarrollar el asombro y la curiosidad. Despertar el desarrollo intelectual en ellos. Y eso es lo que hacemos todos los días con las provocaciones, estas llaman al juego, a la curiosidad”.

 

Otro punto importante de la filosofía es que “hacemos comunidad”, cuenta Catalina. Explica: “Cuando yo decía que haría un jardín donde los papás se involucren, la gente me decía ‘olvídate; aquí, ninguna posibilidad’ y aquí dijimos ‘se puede’ y así ha sido. Desde el día uno que hacemos comités y cada vez que sale un proyecto, les mandamos un mail a los papás y ellos aportan, son súper involucrados y es muy cercana la relación familia-jardín, por lo cual hay mucha confianza”.

Ya con esto los niños se sienten seguros, protegidos y pueden aprender, y en el Pintacuentos un pilar fundamental es la lectura; Ambas directoras trabajaron en la Fundación Astoreca, donde vivenciaron la importancia de la lectura. “Aquí fomentamos la lectura, en la casa y en el jardín, y de a poco los papás empiezan a comprar libros, a conocer buenos autores, a traer libros buenos. Los papás van aprendiendo y los niños salen súper lectores. Muchos prefieren leer cuentos antes que otras actividades. Tenemos un proyecto que partió este año, que se llama ‘la biblioteca viajera’, donde los niños se llevan una vez a la semana un libro”, cuenta María Jesús.

Esto no se podría llevar a cabo sin educadoras, para la filosofía Reggio Emilia la educadora es clave: “Tiene que ser investigadora, profunda, que ellas vean más allá, que desarrollen al 100 las capacidades de los niños. Nos costó, pero lo logramos. Tenemos un gran equipo. De partida, confiamos en ellas, hay mucha libertad, mucha reflexión, todos los días nos juntamos después de la jornada, hacemos reflexión de temas contingentes, los analizamos, cuando sale un proyecto se le presenta al resto del equipo, y muestran el mapa conceptual y todo el equipo participa, es súper colaborativo. Son personas que estimulan a los niños. Además, nos capacitamos. En julio fuimos todo el equipo a Perú. Estamos constantemente invitando a gente a capacitarnos, y eso motiva mucho. Hace que el equipo perdure”, señala Catalina.

“Un niño en este espacio se forma con muchas herramientas. Discute temas, trabajamos en paralelo con la filosofía y el pensamiento visible. Y también ahí desarrollamos habilidades para el siglo XXI, discutir, escuchar, observar, respetar los turnos, comparar, contrastar, ponerse en el lugar del otro”, describe María Jesús.

Uno de los precursores de la filosofía Reggio Emilia es Loris Malaguzzi, quien escribió la poesía “100 lenguajes del niño”: “El niño está hecho de 100, 100 maneras de aprender, de escribir, de dibujar, de descubrir, de investigar, de reír, pero, la cultura, el colegio, la familia, los hermanos, los amigos, le quitan 99 y tienes a todos dibujando todo igual. Acá les desarrollamos esas 100 posibilidades. Si el niño no es capaz de explicarte algo, puede dibujar, o expresarse de diferentes formas y con distintos materiales, por eso tenemos cuerdas, piedras y miles de materiales”, concluye Catalina.

María Jesús y Catalina cuentan que para ellas es clave desarrollar el asombro y la curiosidad de los niños.

 

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