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Nov 2020 - Edición 246

Deserción escolar, todavía estamos a tiempo

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“Un buen líder debe ser capaz de trabajar en equipo”

Señala desde México, Emma Tinoco, coordinadora nacional de Secundarias de la Escuela Nacional de Preparatoria del Tecnológico de Monterrey. Asegura –convencida– que “vivimos tiempos de cambios, en muchos casos estos han sido exponenciales y han revolucionado nuestras sociedades e instituciones, la manera en la que interactuamos, en la que nos comunicamos y en la que tomamos decisiones. El sector de la educación no es una excepción”.

Por: Marcela Paz Muñoz Illanes
“Un buen líder debe ser capaz de trabajar en equipo”

Señala desde México, Emma Tinoco, coordinadora nacional de Secundarias de la Escuela Nacional de Preparatoria del Tecnológico de Monterrey. Asegura –convencida– que “vivimos tiempos de cambios, en muchos casos estos han sido exponenciales y han revolucionado nuestras sociedades e instituciones, la manera en la que interactuamos, en la que nos comunicamos y en la que tomamos decisiones. El sector de la educación no es una excepción”.

 

Hace más de 10 años, en una de las charlas más vistas de “Ted Talks”, cuenta Emma Tinoco, coordinadora nacional de Secundarias de la Escuela Nacional de Preparatoria del Tecnológico de Monterrey, señalaba Sir Ken Robinson: “La educación no necesita ser reformada, necesita ser transformada; y para lograr esta transformación debemos repensar, replantear el liderazgo educativo ya que es una pieza fundamental en este proceso de transformación”.

 

—Esos cambios también han afectado a nuestros líderes educacionales, ¿qué distingue a aquellos líderes exitosos?

—En mi opinión, los líderes que buscamos para estar al frente de nuestras escuelas hoy en día deben ser una especie de diseñadores sociales; es decir, deben ser capaces de visualizar y construir espacios donde la gente comparta y combine sus talentos, sus pasiones, donde todos estén dispuestos a aprender y discutir, argumentar entre colegas. Espacios donde la comprensión y la aceptación del otro sea un principio, donde no exista miedo para expresarnos.

Buscamos líderes que sean capaces de aplicar la fuerza de la colaboración y el trabajo en equipo para que nuestras comunidades escolares sean un ejemplo de lo que queremos construir en nuestras sociedades. Pensemos que nuestros estudiantes de secundaria al graduarse de la universidad entrarán a trabajar a empresas que aún no existen y resolviendo problemas que aún no los identificamos como tales. Esa es una idea que expuso Karl Fish. Imagina por un instante las características de una “sociedad ideal”, queremos que estas sean incluyentes, respetuosas, donde las reglas se cumplan, donde todos estén dispuestos a dar su mejor esfuerzo y donde el error se entienda como parte del proceso de aprendizaje.

Necesitamos líderes capaces de diagnosticar, planificar, actuar y evaluar para prever y dirigir mejor nuestras acciones futuras. Ese es el reto de los líderes de los centros escolares hoy

en día.

 

—Sabemos que los directores están llenos de responsabilidades. ¿Es posible compatibilizar el trabajo administrativo y convertirse en un buen líder?

—En mi opinión, es cuestión de tener claras las prioridades. Sabemos que la cultura de una institución es el activo más grande que esta tiene. Es en ella donde todo el proceso de enseñanza – aprendizaje se lleva a cabo, por lo que los directores deben estar conscientes del rol que juegan en la construcción de la cultura escolar. Esta puede ser positiva, incluyente y vibrante, en donde los niños, los jóvenes y todos en general saquen lo mejor de ellos mismos.

Para ello también debemos comprender que el ejemplo de los maestros y personal de la escuela, las relaciones de los estudiantes con sus compañeros, el manejo de las reglas y la disciplina, la resolución de conflictos, el contenido del plan de estudios, el rigor de las normas académicas, la rectitud en las evaluaciones, la atención que damos a los deportes y actividades artísticas, todo ello forma parte de nuestra cultura. Es aquí donde el director tiene la enorme oportunidad y responsabilidad de actuar.

Al invertir tiempo y talento en la construcción de la comunidad nos daremos cuenta que como resultado habrá también tiempo para las actividades y responsabilidades administrativas.

 

La importancia del acompañamiento y supervisión

 

—¿De qué manera los líderes son capaces de mejorar el aprendizaje de toda la comunidad escolar?

—Todos los adultos que trabajamos en un centro escolar, en una institución educativa, debemos ser capaces de tener resistencia emocional elevada que nos permita soportar la crítica de nuestra práctica docente en general. Saber reconocer lo que podemos mejorar es lo que se necesita para iniciar el cambio y rediseñar nuestra forma de enseñanza. No debemos olvidar que el concepto de comunidad aplica para todos en el centro escolar, incluyendo los profesores.

Tal vez, la palabra “supervisada” la reemplazaría por la palabra “acompañada”, de tal manera que pudiera proponerse una tradición de acompañamiento a los nuevos profesores o a aquellos que están necesitando apoyo. De esta manera, vamos tejiendo redes donde todos los compañeros están conscientes de que el proceso de aprendizaje nunca acaba para el docente y que mejorar nuestras prácticas para que nuestros alumnos aprendan más y mejor puede ser un proceso divertido y estimulante.

 

—Al momento de acompañar, los líderes efectivos ¿es posible convertir las acciones deficientes en efectivas?

—Cuando tenemos claro cuáles son las prácticas que nos llevan a resultados poco eficientes, estamos ante la posibilidad de cambiar la forma en la que hacemos las cosas. Claro que es posible, debemos tener un buen entendimiento de qué es lo que no está funcionando para poder rediseñar las acciones y tener resultados diferentes, mejores, más enfocados y, por tanto, más efectivos.

 

—¿Por qué es tan efectiva una buena retroalimentación dentro de la comunidad escolar?

—Cuando diseñamos la retroalimentación como un proceso compartido, donde incluimos la observación entre colegas (de preferencia de la misma materia, con mayor experiencia), la opinión de los alumnos y hasta los modelos de actuación de mentores, donde los profesores con mayor experiencia son los facilitadores de ese proceso, este tiende a suavizarse; es decir, la retroalimentación se vuelve una práctica casi cotidiana, se vuelve común y lo que en verdad estamos promoviendo es la reflexión.

 

Imagina que cada sesión de retroalimentación pudiera iniciarse o guiarse con preguntas como:

  • ¿En qué momento lograste la mayor atención/participación de tus alumnos?
  • ¿Qué fue lo mejor de tu secuencia didáctica?
  • ¿Qué hubieras hecho diferente para lograr un aprendizaje más significativo?
  • ¿Cuáles fueron tus ejemplos más poderosos?

 

Veríamos que el profesor sería mucho más riguroso y estricto con su autocrítica que los mismos colegas. Si además este proceso se acompaña de otras estrategias como la filmación de clase, la revisión en academias de lo aprendido, veríamos que la comunidad de profesores estaría encontrando un espacio más de colaboración donde el compartir las mejores prácticas se volvería parte de la cultura, en un lugar donde todos son conscientes de la importancia del trabajo en equipo para elevar el nivel de la práctica docente del conjunto de profesores. Una comunidad que sabe que la retroalimentación no es otra cosa que una forma de crecer juntos como comunidad educativa.

 

El reto de los líderes hoy es “ser capaces de diagnosticar, planificar, actuar y evaluar para prever y dirigir mejor nuestras acciones futuras”, según Emma Tinoco.

 

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