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Abr 2021 - Edición 250

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Amanda Céspedes, neurosiquiatra: «Las habilidades socioemocionales se debiesen enseñar antes de los cinco años»

En el mundo laboral se buscan personas intelectualmente preparadas, pero adaptables, creativas, comprometidas, tolerantes, empáticas… Dicho en negativo: de nada sirve la mejor instrucción, si faltan las necesarias competencias para convivir, trabajar en equipo o ser feliz.

Por: Marcela Muñoz
Amanda Céspedes, neurosiquiatra: «Las habilidades socioemocionales se debiesen enseñar antes de los cinco años»

En Chile y en el extranjero han surgido voces sobre la importancia de educar a los alumnos en las llamadas “habilidades socioemocionales o blandas”.  ¿Cómo y cuándo formarlas? ¿Es necesario reformar todo el sistema educacional para hacerlo? De ello reflexionamos junto a Amanda Céspedes, neurosiquiatra infantil y colaboradora de Fundación Grupo Educar.

—Una persona puede saber mucho, pero si no logra relacionarse con los demás, ni administrar su tiempo, o ser responsable de sus decisiones no será exitoso... ¿de qué manera, entonces, educar a los jóvenes en habilidades sociales?

—Es necesario comenzar antes de los cinco años desarrollando en los niños la capacidad de organización, de planificación, de relacionarse adecuadamente con las personas a través de las denominadas habilidades sociolingüísticas (respetar turnos de habla, emplear fórmulas de gentileza) y desarrollando las virtudes del carácter: tolerar frustraciones, ser perseverante, entre otras.

—Hasta ahora las habilidades blandas estaban circunscritas solo al ámbito laboral, ¿cree que son parte del desarrollo completo de la persona y, por lo mismo, debiera promoverse su formación en la escuela?

—Se trata de habilidades indispensables para tener éxito personal y social. Se ha demostrado que en ese éxito las más decisivas son la inteligencia emocional y la inteligencia ejecutiva.

La inteligencia emocional se refiere a la capacidad de gestionar las emociones propias y las de los otros ajustando la conducta al contexto; la inteligencia ejecutiva se refiere a la habilidad de poner la mente en modo “lograr el objetivo”, focalizando la atención, buscando alternativas, planificando los pasos a seguir y autocontrolando la ansiedad y/o la frustración.

 —Las habilidades blandas están muy ligadas a valores como la fortaleza y la responsabilidad, ¿Si los jóvenes son educados en esas virtudes, terminarán siendo personas integrales?

—Es exactamente así. Esas son las habilidades que es preciso desarrollar tempranamente. Por desgracia, se sigue poniendo el énfasis en lo intelectual, los logros en conocimientos, y la inteligencia emocional y el carácter van a pérdida.

Por ejemplo, yo tengo alumnas de posgrado que no saben gestionar sus emociones, son impulsivas, desatinadas en sus comentarios. A pesar del posgrado, yo pienso que no van a llegar muy lejos en innovación y emprendimiento.

—Existen voces que señalan que el sistema educacional no estaría formando jóvenes creativos y emprendedores, ¿cuál es su opinión en esa línea?

—La creatividad ha estado siempre ausente de las aulas. Pero, la culpa no es de los profesores, sino de la burocracia administrativa que los amordaza, planificando desde arriba cada paso que dan. Y de las carreras de formación en pedagogías, que tampoco dan mucho espacio a la creatividad.

Todos podemos ser creativos, pero las condiciones para desarrollar esa creatividad son muy exigentes: tiempo, libertad, armonía emocional, sentimientos de alegría, de curiosidad, de motivación.

—Paul Tough, en su libro “How children succeed”, señala que las cualidades que esenciales tienen que ver con el carácter, ¿cómo educar esas cualidades?

—A mi juicio, no se educan, se desarrollan con igual constancia, perseverancia y por modelamiento.

Pero estamos muy lejos de ello, especialmente en la familia. Por ejemplo, un niño olvida un trabajo escolar en casa y la mamá corre al colegio a entregarlo, porque lo que le interesa es la nota, no el desarrollo del sentido de responsabilidad. Otro pequeño pide algo y los padres se lo compran de inmediato, incluso sin desearlo.

El mundo del consumo y del inmediatismo es el gran enemigo de la formación del carácter. 

— Por eso, ¿están preparadas las escuelas en Chile para ese cambio en el currículo y en la formación de las futuras generaciones?

—Está el deseo de lograrlo, pero no están dadas las condiciones. Un currículo cognitivista, aulas atestadas de alumnos, profesores agobiados por la burocracia escolar y mal remunerados no son el escenario ideal para desarrollar las 4C,.

Es decir, aquellas destrezas y habilidades necesarias para los alumnos en el mundo actual: creatividad, colaboración, comunicación y pensamiento crítico.

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