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Regístrate y accede a la revistaLo que pasa al interior de una sala de clases es un mundo, es complejo y a la vez fascinante. Allí florecen emociones y aprendizajes que marcarán el futuro de un estudiante en todos los ámbitos de su vida. Y para ello, aunque suene obvio, el rol del profesor es fundamental: mientras más crea en sus estudiantes, ellos aprenderán más.
La evidencia señala que las creencias de las personas afectan su conducta y la de los otros individuos. Docentes y estudiantes no son la excepción. En ese sentido, es muy relevante la encuesta Voces Docentes realizada por el Centro de Políticas Públicas UC y Elige Educar, quienes preguntaron a mil profesores de educación inicial, básica y media sobre diversos temas de cómo perciben el aprendizaje y las expectativas que ellos tienen de sus estudiantes.
Dentro de los resultados de la encuesta mencionada, cabe resaltar que siete de cada diez profesores cree que sus alumnos pueden aprender a pesar de las condiciones adversas del ambiente en el que se desenvuelven, un 66% está seguro o totalmente seguro de lograr que sus estudiantes con problemas de aprendizaje comprendan los contenidos y un 87% se siente totalmente seguro de obtener el máximo potencial de sus estudiantes.
Hay aquí una señal importante respecto a que tenemos un gran activo en los profesores que creen en las capacidades de aprendizaje de sus alumnos, que trabajan en pro de concederles la mayor cantidad de oportunidades de aprendizaje para que ellos puedan desplegar el máximo de sus talentos y capacidades.
Según nuestros estudios, los profesores que tienen pocas expectativas sobre los logros educativos de sus alumnos a su vez realizan una menor cantidad de actividades en el aula para fomentar el aprendizaje, habiendo entonces una correspondencia entre sus percepciones y cómo estas afectan sus prácticas docentes.
En temas educativos hemos pasado los últimos años gestando cambios estructurales en la arquitectura del sistema en beneficio de la calidad y la equidad. Ahora el salto debe estar en la experiencia en el aula, en lo vivo de los procesos de mejora, en la alegría de ver a un estudiante aprendiendo y no solo absorbiendo conocimiento, en lo posible en un ambiente sano, en bienestar.
Por tanto, el profesor es central, él o ella cambia vidas, así de fuerte y claro. Ellos son movilizadores de oportunidades de aprendizaje. Un docente marca la diferencia cuando cree, cuando es capaz de movilizar las fronteras del niño. Aquí no hay caminos cortos, aquí hay que apoyar a los profesores en todo momento. Este año, por ejemplo, habrá más horas no lectivas –gracias a la Reforma y a la Ley de Carrera Docente– para preparar las clases y trabajar en equipo, y no utilizar el tiempo solo en asuntos administrativos. Cito al académico e investigador Ernesto Treviño, quien dice: “Somos más que la capacidad individual. Necesitamos trabajar por un equipo de profesores”. Por tanto, también el trabajo de los directivos y sostenedores es hacer florecer a ese equipo de profesores para hacer sinergia. Esto no es para mañana, es para hoy en cada sala de clases. No hay tiempo que perder en favor de los sueños y anhelos de los estudiantes.
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