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Regístrate y accede a la revistaLa evidencia es abundante: Si no se cuenta con un director eficiente, los planteles tienen pocas probabilidades de avanzar en el proceso de mejora de sus alumnos, particularmente en sectores de mayor pobreza. Se trata de una nueva concepción de las escuelas que poco a poco pasan de ser establecimientos centralizados a unidades de cambio, lo cual exige reestructurar los contextos organizativos del trabajo de los profesores y de toda la comunidad escolar.

Camila Campos, directora del Magíster en Dirección e Innovación Escolar de la UDD
Pareciera que estamos frente a un nuevo escenario respecto de lo que a liderazgo educativo se refiere. Explica Camila Campos, directora del Magíster en Dirección e Innovación Escolar de la UDD, que en la última década la política educativa en Chile ha dado un giro considerable, pasando de una concepción centralizada a una que reconoce la escuela como unidad de cambio. “Esto implica un cambio en el rol del directivo escolar, el cual ha tenido que evolucionar a gran velocidad. Anteriormente, el director estaba confinado a ser un administrador de la institución educativa, hoy en día es responsable de la gestión integral de todos los procesos que se desarrollan al interior de la escuela, sean estos curriculares, administrativos y/o financieros. Ahora debe, además ejercer un rol principal en el logro de resultados y encabezar los esfuerzos de mejora del proceso de enseñanza y aprendizaje en su escuela” .
Por ello, resulta urgente que dentro de la nueva cultura escolar el líder directivo dote de un sentido compartido a la escuela, logre entusiasmar a los profesores, en coherencia con los objetivos y valores del Proyecto Educativo Institucional (PEI), y establezca orientaciones y normativas que influyan en su comportamiento, para la mejora de los aprendizajes de todos sus estudiantes.
En palabras más simples, esta mirada requiere de una comprensión nueva desde los equipos directivos, para dar intención y promover el desarrollo profesional desde un modo colectivo, con el propósito de mejorar la labor de los docentes en el aula y, en consecuencia, el aprendizaje de los alumnos. “ Se trata de la construcción de una visión compartida de las necesidades de la escuela, basada en un proceso de autoevaluación institucional, lo que requiere de un liderazgo directivo que genere una transformación en la cultura. Esta idea significa cambiar la cultura escolar hacia la colaboración, enfocada en el aprendizaje de los estudiantes, incluyendo esquemas de apoyo que permitan a los profesores colaborar y ayudarse mutuamente. Pensar la escuela como una comunidad de aprendizaje institucional exige reestructurar los contextos organizativos de trabajo de los profesores” , dice la académica de la UDD.

Alfredo Gorrochotegui, director del Magíster en Gestión Educacional de Calidad de la Universidad de Los Andes
Según Alfredo Gorrochotegui,director del Magíster en Gestión Educacional de Calidad de la Universidad de Los Andes, “ en todos los entornos, países o contextos sociales, el director escolar hace la diferencia cuando está enfocado en promover una cultura de altas expectativas en el aprendizaje y en el ambiente general del centro educativo que dirige. Los estudios internacionales lo confirman. Lo que suele ocurrir es que en algunos países hay una más clara conciencia de la importancia de que el director escolar se dedique en un 95% a la mejora de la enseñanza, y el resto al tema burocrático o administrativo”.
En general, en Latinoamérica los directivos escolares le dedican mucho tiempo a lo administrativo, y muy poco a lo pedagógico. “Es verdad que esto está cambiando, pero aún existe este problema. De ahí que los gobiernos y los dueños de colegios particulares deban hacer esfuerzos por lograr que los directores tengan tiempo y serenidad para dedicarse a dirigir y mejorar lo pedagógico”, explica Gorrochotegui.
En cambio, en el mundo anglosajón —en especial, en Estados Unidos—“ el director es llamado ‘ Principal’ , traducido sería el ‘ educador principal’ , el educador con más experiencia. En ese concepto está muy claramente establecido el principio de que el director es el que más sabe de didáctica y el que mejor motiva a sus profesores a realizar mejor su trabajo”, sostiene Alfredo Gorrochotegui.

Paulo Volante, académico de la Facultad de Educación de la Universidad Católica y jefe del Programa de Magíster sobre Liderazgo Educacional
Realmente, dice Paulo Volante, académico de la Facultad de Educación de la UC, Jefe del Programa de Magister sobre Liderazgo educacional, “ la evidencia muestra que el efecto liderazgo es más manifiesto en organizaciones que experimentan déficit, ya sea en su productividad o en su clima organizacional. En particular, distintos autores sostienen que el liderazgo del director influye en las metas y en las expectativas de profesores. En Chile, de hecho, conseguimos demostrar que los equipos directivos influyen directamente en la percepción de eficacia colectiva de los profesores secundarios, lo que significa que mejoran las expectativas de futuro y la confianza en las propias capacidades”.
En general está claro, asegura el académico de la UC, que el liderazgo de los directores, compensa otras variables deficitarias que pueden observarse en establecimientos escolares en pobreza. “Ahí donde faltan muchas condiciones básicas, cuando se enfoca en la enseñanza y el aprendizaje, el liderazgo genera confianza, protege el tiempo para el aprendizaje y negocia externa e internamente las prioridades de los profesores, estudiantes y familias. Pero, no es cualquier liderazgo, y tampoco es el rol en sí mismo del director. Se trata de una influencia instruccional, que ve en las prácticas de enseñanza y en la experiencia de aprendizaje la mejor forma de servir a familias y estudiantes que aspiran a construir mejores condiciones de vida. No se trata de una fórmula simple, y menos del efecto de un individuo. Por eso, consiste en esta cadena de influencia, más allá de una persona o un rol, de una red de agentes que han decidido concentrar esfuerzos en enseñar y aprender, dándole a su escuela este sello por sobre otras aspiraciones y demandas”.
La influencia que logra realizar la escuela no está dada por un input socioeconómico, asegura Paulo Volante, es más bien un recurso organizacional que se construye, se cultiva y también se puede inhibir. “De hecho, hay proyectos educativos que se definen en disputa con este foco pedagógico, instruccional o como se quiera llamar a ocuparse del rol central de la escuela: el enseñar y aprender un currículum”.
La escuela como unidad de cambio
En este nuevo escenario, dice Camila Campos, el liderazgo educacional del equipo directivo cumple un rol fundamental en el resultado de la escuela que buscamos. Justamente por ello es que “estudios internacionales reconocen el liderazgo educativo como una de las principales variables que impactan en el desempeño de las organizaciones educativas y en el aprendizaje de los estudiantes. Y se ha demostrado que el liderazgo es el segundo factor, después de la calidad docente, que mejor explica la varianza de los resultados educativos, y que los efectos del liderazgo normalmente son mayores donde y cuando más se requieren, como lo es en las escuelas más vulnerables”.
La actual tendencia a la descentralización educativa y la búsqueda de una nueva escuela, que tiene al centro el aprendizaje de todos los estudiantes, plantean una mayor independencia en el rol del directivo, pero a la vez exigen de él nuevas competencias y habilidades para liderar estos procesos. Por ello es que un buen liderazgo, dice Ignacio Illanes, genera un doble efecto: “En la buena implementación del currículum y en la instalación de una cultura escolar de excelencia. Un buen líder pedagógico debe asegurarse de que sus alumnos tengan buenas oportunidades de aprendizaje formal (esto es, en las diferentes disciplinas que componen el currículum), a través de clases efectivas. Por otra parte, los directores juegan un rol clave en definir la cultura del establecimiento, que es un factor determinante en mostrarles a los alumnos lo que se espera de ellos y el tipo de relaciones interpersonales y académicas que el colegio espera desarrollar”.

Ignacio Illanes, decano de la Facultad de Educación de la Universidad de Los Andes
Sucede que “si un directivo no tiene altas expectativas sobre las capacidades de sus alumnos y docentes, es poco probable que sea un líder efectivo. Tal como ocurre en cualquier esfuerzo humano, si no se cree en el proyecto, es poco probable que los esfuerzos se canalicen adecuadamente”, dice el decano de la Facultad de Educación de la Universidad de Los Andes, Ignacio Illanes.
Explica el decano que el segundo factor más importante después del profesor es justamente el rol del director. Un buen líder pedagógico permite un aprendizaje efectivo cuando es capaz de priorizar entre muchas necesidades y alternativas de acción, y cuando dicha priorización se hace con un alto grado de coherencia. Los colegios enfrentan a diario muchas contingencias y presiones de diverso tipo: la clave está en priorizar correctamente y con mirada de conjunto. Si no, la orquesta sonará desafinada.
El liderazgo escolar es importante en todos los niveles socioeconómicos, asegura el decano de la Uandes. “Sin embargo, siendo más apremiante la situación de los estudiantes de más bajo nivel socioeconómico, naturalmente que resulta más crítico. Dado que las oportunidades educacionales de los estudiantes de más bajos ingresos son más limitadas, resulta fundamental aprovechar muy bien su paso por el colegio. En ese sentido, es indispensable contar con muy buenos directores en los sectores de bajos ingresos”.
Coincide con aquello Camila Campos, para quien “el principal factor de mejora educativa ocurre dentro de la sala de clases, en este núcleo pedagógico, pero es tarea del equipo directivo proveer las condiciones necesarias para que esa relación se produzca en un ambiente de trabajo con el clima, confianza y liderazgo adecuado y a la vez hacerse cargo del desarrollo de los docentes desde una perspectiva de profesionalismo colectivo, que comparte y aprende en conjunto”.
Asegura además que los estudios demuestran que profesores motivados, comprometidos y capacitados en una escuela que no los apoya y que no está articulada para potenciar el rol docente, tienen un efecto contrario con escaso impacto en el aprendizaje de los estudiantes. Esto realza la importancia del liderazgo directivo.
La realidad chilena
Alejandra Vidal, jefa técnica del Liceo Domingo Matte Pérez asegura que “dentro de los factores internos más influyentes en el mejoramiento de los aprendizajes, está lo que ocurre en el proceso de enseñanza-aprendizaje al interior del aula. Un buen liderazgo escolar es aquel que evalúa y diseña ambientes de aprendizaje con foco en los estudiantes, es aquel que pone atención al contexto en el que se realiza el aprendizaje y en el qué se enseña y en el cómo aprenden los estudiantes, al interior de las aulas. Es decir, cada escuela, cada comunidad escolar, debe generar sus propias comunidades profesionales de aprendizaje, considerar sus propias experiencias y trabajar a partir de ellas y de sus problemas reales”.
En Chile, los directores tienen dedicación exclusiva a su rol directivo casi en un 100%, a diferencia de los directores de países latinoamericanos, según Camila Campos. Esto representa una oportunidad extraordinaria para nuestro país, porque nuestros directivos tienen la posibilidad de invertir su tiempo en poner el foco en lo pedagógico, impactando por lo tanto el desempeño de los docentes y en consecuencia el aprendizaje de los estudiantes. Sin embargo, al mismo tiempo significa una responsabilidad como sociedad; los directivos necesitan ser capacitados para hacer frente a los nuevos desafíos que se les exigen junto con ser acompañados en este proceso para la aplicación de las distintas estrategias a su propio contexto”.
Explica Ignacio Illanes que un director que ejerce su liderazgo es capaz de dedicar tiempo a supervisar directamente el modo como sus docentes dan sus clases: cómo transmiten, cómo educan, cómo se relacionan con los alumnos y los apoderados. “Es un servidor de sus docentes; es decir, alguien que está comprometido con la idea de que los profesores a su cargo deben hacer un trabajo de calidad. Más que un ‘administrador’ de papeles y números, es un ‘guía’ de sus maestros, un modelo, un educador de educadores”.
Cuando un director está encima de sus profesores, ayudándoles a que hagan mejor su trabajo, entonces el clima mejora. Esto implica que el director es amigo de sus docentes; está pendiente de ellos como personas humanas: sus inquietudes, sus problemas, sus limitaciones, sus luchas. De hecho, entre 50 y 74 por ciento del clima positivo del colegio depende de las actitudes del director. Actitudes de amistad, de compañerismo, de empatía, de conversación, de sabiduría. Es estar en los detalles de la sala de clases, de los problemas de los alumnos, de las necesidades y expectativas de los apoderados. Es estar al día en los avances sobre el modo en que mejor se puede dar una clase o transmitir unos conocimientos, en especial en esta era en donde lo digital tiene tanta influencia en los aprendizajes, coinciden los expertos.
Más aún, según Alfredo Gorrochotegui, “en espacios de bajo nivel económico, ser un verdadero líder impacta fuertemente el ambiente, porque no suelen encontrarse en esos ambientes personas auténticamente comprometidas porque tienen muchos problemas personales, falta de tiempo, bajos salarios. Los directores escolares en niveles socioeconómicos bajos tienen que tener tiempo para pensar, reflexionar, innovar. Pero si están con sueldos bajos y soportan los embates de la política local, entonces sus vidas están descentradas y alejadas de lo importante. En países más desarrollados, los directores de estos sectores tienen sueldos muy buenos, y apoyos técnicos eficaces que les permiten dirigir en ambientes de crisis.
La mirada de una profesora y líder
María Alejandra Vidal, jefa técnico liceo Domingo Matte Pérez, Maipú
¿Cómo generar liderazgo en la escuela?

María Alejandra Vidal, jefa técnico liceo Domingo Matte Pérez, Maipú
-Brindar tiempos de aprendizaje entre los docentes, al menos dos horas a la semana, por asignatura. Estas reuniones deben estar lideradas por el jefe de UTP u otro miembro del equipo directivo o por un docente de cada área previamente capacitado, en el área del aprendizaje escolar.
-Analizar la enseñanza para mejorarla, estableciendo focos relevantes de la enseñanza-aprendizaje: elementos del núcleo pedagógico, pensamiento del estudiante, interacción y diálogo. Este debe ser un trabajo de retroalimentación entre pares para darle significado.
—Crear comunidades profesionales de aprendizajes, generando para ello tiempo y espacios de reflexión y discusiones productivas, sistemáticas y continuas. Se debe capacitar y motivar a los maestros para que, entre ellos mismos, establezcan comunidades de aprendices.
—Implementar prácticas de observación y retroalimentación efectiva, con foco en el aprendizaje, protagonizadas por docentes pares. A partir del registro y análisis de las evidencias descriptivas del proceso de enseñanza-aprendizaje que ocurre al interior de la sala de clases, establecer programas de mejoras pedagógicas.
—Establecer metas específicas y un lenguaje común de aprendizaje a través de la colaboración, centrado en los aspectos significativos del proceso de enseñanza-aprendizaje, según cada área y cada nivel.
—Seleccionar capacitaciones pertinentes, específicas y de formación continua, para cada área y nivel del currículum escolar, previo diagnóstico interno de cada escuela.
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