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Jun 2026 - Edición 303

Convivencia escolar: Del conflicto a la formación

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Mario Stambuk: «Más que una ciencia, yo creo que la educación es un arte»

Esa es la convicción del profesor Mario Stambuk, docente de Historia del Colegio Cordillera, quien por más de 25 años ha estado en la sala de clases y ha conocido múltiples realidades, el arte está en saber seducir y atraer a los alumnos hacia el contenido que se está enseñando.

Por: Angélica Cabezas Torres

captura-de-pantalla-2016-11-30-a-las-16-05-18En cada una de sus palabras el profesor de Historia Mario Stambuk deja entrever su pasión por la educación. Este entusiasmo está presente en sus clases y es así como logra captar la atención de sus alumnos y transmitir conocimiento. Trabaja con estudiantes de enseñanza media y reconoce que si bien se ha desempeñado en la universidad, siempre vuelve al ámbito escolar, porque es aquí donde siente que realmente se vive una comunidad de aprendizaje.

En esta entrevista entrega algunas pautas sobre cómo cautivar a los estudiantes en el aula y lograr que aprendan. "A mí se me enseñó que todo depende de ti, el alumno es neutro. Yo tengo que ser capaz de conducirlo", asegura.

—¿Cómo logra captar la atención de los estudiantes a los que no les gusta su asignatura?

En cada una de sus palabras el profesor de Historia Mario Stambuk deja entrever su pasión por la educación. Este entusiasmo está presente en sus clases y es así como logra captar la atención de sus alumnos y trasmitir conocimiento. Trabaja con estudiantes de enseñanza media y reconoce que, si bien se ha desempeñado en la universidad, siempre vuelve al ámbito escolar, porque es aquí donde siente que realmente se vive una comunidad de aprendizaje.
En esta entrevista entrega algunas pautas sobre cómo cautivar a los estudiantes en el aula y lograr que aprendan. “A mí se me enseñó que todo depende de ti, el alumno es neutro. Yo tengo que ser capaz de conducirlo”, asegura.


—¿Cómo logra captar la atención de los estudiantes a los que no les gusta su asignatura?
—Historia debe ser el segundo ramo más “odiado”, porque a la gente no le gusta la historia o no le gusta leer. Es un ramo que puede ser difícil. Yo estoy muy claro que tengo que ingeniármelas para llamar la atención y, más que la atención, mi objetivo es que el alumno llegue a tener afecto por lo que a mí me apasiona, que es la historia.

Es muy común que, cuando me toca un curso por primera vez, pregunte a quién no le gusta la historia. Curiosamente, hay varios que se atreven a levantar la mano y decir “señor, a mí no me gusta”. Desde ese momento, esos niños, a los cuales vengo recién conociendo, se vuelven mis alumnos de mayor interés. Los tengo que tener muy presentes dentro de mi sala, no estoy hablando de los estudiantes “con problemas”, estoy hablando de una persona común y corriente a la que no le gusta la historia.


—¿Qué estrategias usa para captar su atención?

—Primero, tengo que identificarlos y lo último que tengo que hacer es entrar a mi asignatura, tengo muchos pasos antes. Hay una labor que uno realiza y el alumno no sabe, que es conversar con los profesores que antes le han hecho clases. Algunos colegios tienen incluso información disponible a la cual tú puedes acercarte. Yo necesito conocer a mi público, sea en la universidad o en el colegio. Tengo que saber cuál es la recepción que han tenido esos alumnos frente a otros profesores de Historia. Ahora, eso no me debe marcar. Hay realidades que cambian muchísimo de un año para otro, entonces es solo una referencia, no es un sello.


—¿Cuáles son las condiciones para ser buen profesor?

—Hay un episodio en mi vida como alumno de Pedagogía en Historia en la Universidad de Chile que me marcó muchísimo. Invitaron a un profesor con muchos años de experiencia para que nos diera una charla a los alumnos de pedagogía. Y un compañero le hizo esta misma pregunta y su respuesta fue tan absurda para mí en ese momento, que nunca se me olvidó, y el tiempo ha pasado y ese profesor tenía toda la razón del mundo. Así que, para responder, voy a enfocarme en lo que él me enseñó en esa charla.


—Muy bien, ¿y cuáles son esas características?
—Él dijo que lo primero era ser simpático. Entonces, yo me sentí casi desilusionado, pero la respuesta es profunda porque al hacer clases juegas con la empatía. No se trata de ser chistoso, ni ser amigo del alumno, esto es tener empatía. Si tú no abres primero un puente de empatía, todo lo que venga a continuación no sirve, porque ese puente inicia una relación.


—¿Cómo se inicia esa empatía conel curso?
—Puede ser con un comentario de fútbol, del clima, de tu estado de ánimo. Por ejemplo, en mi primer día después de vacaciones yo les digo a mis alumnos: “Tengo un sueño espantoso”, entonces ellos dicen “Nosotros también”. Tenemos que tener presente que nos vamos a reunir dos personas normales a hablar de historia y yo sé un poco más que ellos, nada más. Yo necesito ese factor empático y mientras no lo logre, la clase no empieza. Y no son dos horas de empatía, es solo un minuto. Esto crea el ambiente para comenzar a hablar de historia.


—¿Y cuál es el siguiente factor?
—Después, el profesor dijo que había que ser actor, entonces yo en ese momento casi me paro y me voy, porque pensé que este señor se había equivocado, pero él tenía razón. Yo tengo que recrear un mundo que sea atractivo para mis alumnos y para eso tengo menos de 60 minutos, porque la atención pedagógica en el aula a lo mejor son 30 minutos. Yo tengo que pensar esa media hora y llevar mi planificación de cómo sorprenderlos y captar su atención.

Lo más probable es que primero voy a escribir en la pizarra una pauta de lo que voy a decir, debe ser algo concreto, no llenar la pizarra de contenido. Luego, tengo que recrear ese mundo y tengo que actuarlo. Si voy a hablar de algo importante me pondré serio, me podré hasta emocionar. Cuando te gusta lo que estás enseñando, no es tan difícil actuarlo. Tú te das cuenta cuando captas la atención, es casi como dirigir un orquesta. Te das cuenta que incluso el alumno más inquieto te mira.

—¿Y luego, qué viene?
—El tercer paso que dijo este profesor es “saber un poco de historia”. Yo no soy un historiador enseñando historia, yo soy un profesor que quiere motivar a un grupo de alumnos para que se den cuenta lo importante que es y va a ser la historia en sus vidas, entonces voy a necesitar no ahogarlos con veinte mil fechas, cincuenta mil personas… porque además he aprendido con los años, que esto de la educación es como el vino, mientras más tiempo, mejor. Más que una ciencia, yo creo que la educación es un arte y hay requisitos para ejercerlo bien. Tú puedes saber un poquito y enseñar un poquitito, pero de alta calidad. Es decir, al principio de profesor uno enseña lo que no sabe, con el tiempo uno enseña lo que ya sabe, pero cuando pasa el tiempo enseñas lo realmente importante.

—De acuerdo a su trayectoria, ¿cuáles cree que son las diferencias entre los niños de hace 25 años y los de ahora?
—Es difícil responder, porque es en función de los niños a los cuales yo les he hecho clase. Existen muchos Chile y muchos Santiago. Por ejemplo yo creo que el nivel socioeconómico del alumno hace una diferencia, no es igual trabajar con alumnos socialmente vulnerables, o con estudiantes de clase media o de clase alta.
Pero yo diría que los medios tecnológicos, han sido una diferencia enorme en estos años. Sorprender a un alumno con información no deja de ser una hazaña, porque cualquier cosa que tú digas o pidas, el alumno en 5 segundos lo va a encontrar en internet. Ahora pedir un trabajo de investigación requiere de más creatividad, pero es lo que nos tocó. La tecnología ha complejizado el saber.

3 características de un buen profesor según Mario Stambuk:
1. Ser simpático.
2. Ser actor.
3. Saber un poco de la materia.

 

 

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