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Nov 2020 - Edición 246

Deserción escolar, todavía estamos a tiempo

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El desafío de la formación inicial de los profesores

La calidad de la formación inicial de los docentes en nuestro país está cuestionada. Es urgente mejorar, necesitamos que los estudiantes en su paso por las diferentes casas de estudio, realmente se apropien de los conocimientos disciplinarios necesarios para ejercer con éxito. Con este foco, la nueva ley de carrera docente establece una serie de nuevas exigencias a estudiantes y universidades (ver recuadro) con el fin de repuntar en calidad.

Por: Angélica Cabezas Torres

Gloria Carranza

Sobre el tema conversamos con Gloria Carranza, decana de la Facultad de Educación de la Universidad Santo Tomás (UST). “Cada una de estas ideas va en la dirección correcta, sin duda; y todas o algunas bien implementadas, podrán influir positivamente en la calidad de la formación de los estudiantes de pedagogía”, asegura la decana. Además, quisimos conocer cuáles son las características de un aspirante a profesor que predicen un exitoso desempeño laboral.

—¿Cree que la medida de aumentar las exigencias a los estudiantes va en la línea correcta? ¿Puede ella asegurar mejores profesionales?

—La experiencia de más de 10 años que lleva la UST formando profesores, demuestra que estudiantes que ingresaron con 500 puntos obtienen durante su desempeño resultados superiores a aquellos estudiantes que tuvieron puntajes de más de 600 puntos en la PSU; y más que eso, en su desempeño profesional demuestran un dominio pedagógico de nivel superior.

Los resultados de la prueba Inicia (a pesar de todas sus limitaciones), dan cuenta de ello, y también disponemos de evidencias a través de los testimonios de egresados y empleadores. Estos talentos pedagógicos eran imposibles de detectar mediante los instrumentos PSU, los que con el tiempo se van desarrollando y fortaleciendo.

—¿Es partidaria de incluir una prueba especial para ingresar a estudiar pedagogía, además de la PSU?

—No me inclino por una prueba especial y, si bien hay algunas experiencias, no me consta que sea lo que corresponde incluir. En todo caso, no sería una prueba de conocimientos ni preguntas que se responden desde el “deber ser”. Más bien, adhiero a sostener con los postulantes una entrevista en profundidad que indague acerca de sus proyectos de vida, motivaciones, intereses, habilidades comunicativas y de relaciones interpersonales. Explorar en los postulantes –que a veces no son aquellos que vienen directamente de la educación media a la universidad— algunos indicadores acerca de su vocación docente, sus propias razones e interés por la enseñanza.

Las universidades tendrán que aplicar evaluaciones diagnósticas fijadas por el Mineduc y, de acuerdo a los resultados, los alumnos más descendidos deberán pasar por un proceso de acompañamiento. ¿De qué manera se establecerán esos programas?

—Hasta ahora, no sabemos sino lo que indica la ley. Pero, directamente relacionado con esta pregunta, me interesa mencionar que de acuerdo a la experiencia formativa en la UST, hemos diseñado que nuestros planes de estudio desarrollen una línea de transversalidad que aborda el desarrollo de habilidades de comprensión lectora y escritura académica, de razonamiento lógico- matemático y de habilidades comunicativas, a partir del primer semestre, mediante seminarios de investigación, en primer y segundo año. Esta línea de acción se profundiza en el quinto semestre, cuando los estudiantes comienzan a vincularse de modo directo con las actividades prácticas y las sucesivas aproximaciones a la realidad en los campos pedagógicos. En esta segunda parte del proceso formativo, nos hemos preocupado por disminuir el número de estudiantes por profesor con el fin de asignarle más tiempo a la reflexión personal y grupal, y atender las demandas y requerimientos cognitivos y socio-afectivos de nuestros estudiantes. Lo que quiero decir es que nos hemos anticipado a generar un programa de acompañamiento permanente, el que naturalmente tendrá que remirarse a la luz de lo que se espera de las universidades formadoras.

—De acuerdo a su experiencia, ¿cuáles son las características de un estudiante que se transformará en un profesor de calidad?

—Esta es “la” pregunta. Aquellos jóvenes apasionados por enseñar y por producir conversaciones entre aprendices y maestros; interesados por abordar de modo analítico, profundo y sistemático la multiplicidad de variables que se cruzan cuando reflexionamos de enseñanza y aprendizaje. En este sentido, quienes se identifican con la tarea de articular varios aprendizajes simultáneamente, y tengan la capacidad de anticiparse a diferentes estilos de aprendizaje y disposición para diseñar las acciones educativas pertinentes.

Otro rasgo que hay que explorar es la disposición para trabajar colaborativamente con otros. Quienes gusten de este tipo de oficio pero con otros, son poseedores de un talento pedagógico esencial. El fenómeno educativo no se produce en solitario, o en la relación exclusiva de un docente con sus alumnos. Resulta de interacciones múltiples entre el grupo curso y los docentes, entre docentes y docentes, entre profesores y apoderados, y en fin, incluye el complejo entramado de interacciones que se suceden en las situaciones socio-educativas, que ocurren dentro y fuera de la escuela.

—¿Qué cualidades debe tener el profesor que necesitamos?

—En otras palabras, el docente que requerimos no puede ser un súper hombre o mujer excepcional, un héroe o heroína en solitario, sino personas que además de amor y pasión por el trabajo, también gusten de trabajar con otros, porque reconocen que sus habilidades son distintas a las que otros poseen y que unas y otras ayudan a un resultado mejor. De aquí la importancia de desarrollar estrategias de trabajo orientadas a formar equipos de alto desempeño, y de preferir instalar el concepto de comunidades de aprendizaje por doquier.

En esta misma línea, aquellos estudiantes que disfrutan del estudio y están dispuestos a reflexionar sobre los aprendizajes de sus estudiantes, a reconocer errores y recibir retroalimentación de aspectos perfectibles de su docencia, aquellos que se preguntan por qué los contenidos que enseña no están siendo aprendidos por sus alumnos y quienes estén dispuestos a tener la humildad por mantener una constante actualización de sus saberes disciplinarios y pedagógicos; personas que reconocen que, dado el vertiginoso avance del conocimiento, se sienten desafiadas a seguir profundizando en lo que todavía les falta por aprender por necesidad de renovación y no porque el ministerio o su director se lo indiquen.

 

Nuevas exigencias

Estudiantes:

 

Universidades

Obtener al menos 550 puntos en la PSU, estar dentro del 30% mejor de su promoción o haber realizado un programa de preparación y acceso a la educación superior (como el PACE).

Las carreras de pedagogía deben estar acreditadas ante la Comisión Nacional de Acreditación (CNA).

 

Aplicar evaluaciones diagnósticas a los estudiantes sobre formación inicial en pedagogía. La evaluación será determinada por el Mineduc.

 

Establecer programas de acompañamiento a los estudiantes que tengan malos resultados.

 

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