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Regístrate y accede a la revistaGran parte de las mejoras que promete la ley de carrera docente necesariamente significa trabajar en forma mancomunada con las facultades de Educación chilenas, justamente porque uno de los factores más influyentes en la deserción de los docentes al 5° año de ejercicio de la profesión es la falta de un horizonte de desarrollo profesional e intelectual. De ello conversamos con Lorena Medina, decana de Educación de la Pontificia Universidad Católica de Chile.
—¿Qué beneficios le ves al proyecto de carrera docente recientemente aprobado?
—En términos globales, es contar con una mirada sistémica de la formación de profesores, tanto en su etapa inicial como en la continua, trazando un camino organizado y con oportunidades de desarrollo profesional, a las que todas y todos los profesores podrían tener acceso. La remuneración por tramos y niveles de desempeño, si bien es un mecanismo perfectible, establece un piso mínimo sobre el que todo profesor podrá percibir distintos niveles de remuneración a partir de los años de servicio y de los resultados académicos que obtengan. También sería positivo que los incentivos dependieran de, o apuntaran a, la colaboración y el trabajo en equipo, y no solo de desempeños individuales.
—¿Qué cambios se vienen respecto de la formación inicial de los profesores?
—Lamentablemente, la mayor parte de las veces, la profesión docente ha sido blanco de innumerables críticas, respecto de la responsabilidad que les cabe en los procesos educativos como actores clave. Creemos que es necesaria una revisión y mayor atención a la Educación Inicial, de la que tanto se habla como momento fundamental en el desarrollo y aprendizajes de nuestros niños, pero que en comparación con los otros niveles, en este proyecto se encuentra en clara desventaja. Sin embargo, estos desafíos no opacan los avances objetivos y significativos que contempla el nuevo marco docente: horas no lectivas, perfeccionamiento y acompañamiento a través de sistemas de mentorías, aumento en un 30% de las remuneraciones, reconocimiento del trabajo en zonas vulnerables y una prórroga de 8 años para el bono de incentivo al retiro, que hasta ahora solo había sido conquistado año a año.
—¿Qué medidas trae consigo el nuevo proyecto sobre la formación inicial de los docentes? ¿Cuál será el aporte de facultades de Educación como la de ustedes?
—Un avance fundamental dentro del nuevo proyecto de carrera docente está dado por la acreditación obligatoria de los programas universitarios de Pedagogía y de las universidades que imparten estas carreras. Esto permitirá elevar el estándar de exigencia y capacidades de los profesores que se desempeñarán en el sistema escolar.
La iniciativa indica que “la formación de los profesionales de la educación corresponderá a las universidades acreditadas, cuyas carreras y programas de pedagogía también cuenten con acreditación, de conformidad a la ley”.
La exigencia en puntajes y ranking de notas creemos que tiene la inspiración de lograr que cada vez mejores estudiantes entren a estudiar Pedagogía. Sin embargo, crea una serie de incertidumbres en sectores del país —fundamentalmente en regiones— donde los promedios de puntaje están muy por debajo de lo que indica el proyecto, aun siendo instituciones que forman profesores que cumplen un rol fundamental en los contextos donde se desempeñan. Sería importante revisar los modos en que las sensibilidades de las diferentes regiones y sus necesidades sean consideradas en estas propuestas, sin desmejorar las oportunidades de aprendizaje y de formación de estudiantes y profesores.
—¿Qué cambios han impulsado ustedes en la facultad?
—Como Facultad de Educación de la UC, nuestro aporte consiste en la formación de profesionales de excelencia en el ámbito de la educación, capaces de liderar procesos formativos como procesos de cambio en actores e instituciones. Para ello, trabajamos conscientes de la Educación como campo interdisciplinario, que dialoga con las ciencias humanas, sociales y naturales, y quiere fortalecer el trabajo interfacultades para potenciar una educación más comprensiva de las disciplinas, como conocimiento construido para comprender mejor la vida y el mundo que nos rodea; con un vínculo importante entre investigación y docencia.
Esta visión y misión se plasma en nuestra actual formación inicial que evidencia un cambio profundo, trabajado desde hace ya unos cuatro años, con una orientación clara hacia la práctica y a la reflexión sobre ella, y a la atención a la formación continua, de modo que la formación desde la universidad sea vista también como sistémica y a lo largo de toda la vida docente.
—¿Podremos contar, entonces, con mejores docentes?
—Hablar de la calidad de los profesores supone básicamente lograr aprendizajes de calidad en sus estudiantes, y por tanto a los buenos docentes como aquellos que ofrecen reales oportunidades de aprendizaje a todas y todos sus estudiantes. Para ello, se requiere justamente que los docentes accedan a un desarrollo profesional durante toda su vida como profesores activos, y parecería una consecuencia natural del proceso de normalización, descompresión y revaloración de la carrera docente a través de este proyecto.
Cabe recordar que de acuerdo con cifras entregadas por investigaciones realizadas en Chile y reportadas por el CPEIP el año pasado, uno de los factores más influyentes en la deserción de los docentes al quinto año de ejercicio de la profesión —grave problema en Chile, y más aún en contextos desaventajados— corresponde a la falta de visualizar un horizonte de desarrollo profesional e intelectual futuro. Por esta razón, ver con cierta claridad los posibles desarrollos a los que se puede acceder, de acuerdo con lo propuesto en la nueva ley, podría ser un gran aporte en este sentido.
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