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Sep 2020 - Edición 244

Tecnologías ¿De enemigas a aliadas?

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¿Qué revelaron los últimos resultados Simce?

Hasta 55 puntos más de Simce pueden llegar a tener alumnos de octavo básico y de segundo medio, en igualdad de condiciones socioeconómicas, respecto de un establecimiento con bajo clima de convivencia, señalan en la Agencia de Calidad de la Educación. Sin embargo, para otros expertos “lo único que podemos concluir es que los colegios a los que les va bien tienen un mejor clima escolar, lo que no implica que las variables encuestadas sean causa de los mejores rendimientos”. Sobre esta controversia conversamos con Carlos Henríquez, secretario de la Agencia de Calidad de la Educación, y José de la Cruz Garrido, académico de la UDD y docente del Magíster en Políticas Educativas del Centro de Políticas Públicas de esa casa de estudios. Asimismo, Francisco Javier Gil nos detalla el programa PACE de inclusión para alumnos vulnerables que ingresan a la educación superior.

Por: Marcela Paz Muñoz Illanes
¿Qué revelaron los últimos resultados Simce?

Por primera vez, los resultados Simce revelan que las escuelas que promueven el buen trato y valoran las diferencias individuales obtienen mejores resultados académicos. Si se comparan establecimientos de igual condición económica, hasta 42 puntos de diferencia puede llegar a generar un ambiente escolar protegido, particularmente cuando se trata de escuelas en las cuales los estudiantes declaran sentirse seguros y protegidos en el caso de 2°, 4° y 6° básico.

 

De acuerdo a los datos del último Simce, los establecimientos han pasado a convertirse en un factor clave para mejorar los aprendizajes. Particularmente, cuando se trata de establecimientos que promueven el buen trato y la valorización de las diferencias. Explica Carlos Henríquez, secretario de la Agencia de Calidad de la Educación, que la inclusión es uno de los factores que se miden dentro del Clima de Convivencia Escolar y sus análisis demuestran que, “en igualdad de condiciones socioeconómicas, los establecimientos que aumentan sus niveles de inclusión, necesariamente aumentan el clima de convivencia escolar”.

 

En esa línea, sostienen en la Agencia, “tanto la evidencia como nuestros estudios, demuestran que en igualdad de condiciones socioeconómicas, aquellas escuelas que cuentan con un mejor clima, tienen mejores resultados. Esto no significa que exista una relación causal. Es decir, una escuela que solo se preocupa del clima y deja otros factores de lado, no va a mejorar necesariamente sus resultados académicos, pero sí, aquellas escuelas que cuentan con buenos índices de convivencia escolar, generan mejores condiciones para que los estudiantes aprendan”.

 

Indica Carlos Henríquez que “un ambiente donde los estudiantes se sienten valorados en su particularidad, donde las diferencias y características de cada uno son relevadas, fomenta el desarrollo socioafectivo, en tanto permite el desarrollo adecuado de la autoestima y auto-concepto, el equilibrio emocional y la seguridad en sí mismo. A su vez, un ambiente inclusivo genera buenas relaciones entre pares, donde se sientan las bases para ambientes de respeto, contención y bienestar”.

 

Explica que esos ambientes generan espacios más adecuados para el aprendizaje, en tanto los estudiantes con mejor autoestima, auto-concepto académico, equilibrio emocional y seguridad en sí mismos, tienen los recursos para confiar en sus capacidades y estar más motivados frente a los nuevos desafíos, lo que se potencia aún más en ambientes sociales de respeto y contención.

 

Por el contrario, dice Carlos Henríquez, “en una escuela donde existe discriminación o donde sus estudiantes se sienten discriminados por aspectos como su género, características físicas, personalidad, orientación sexual, apariencia, religión, notas o discapacidad, entre otros, los alumnos se sienten menos valorados en su particularidad y su autoconcepto. A esto se suma que un ambiente de no inclusión o de discriminación, dificulta las buenas relaciones entre pares y las bases para generar ambientes de respeto, de contención o de bienestar, y al contrario de lo que ocurre en los ambientes inclusivos, los alumnos están menos motivados a aprender y a enfrentar nuevos desafíos”.

 

Discrepancias en los resultados

 

En esa misma línea, advierte José de la Cruz Garrido, docente del Magíster en Políticas Educativas del Centro de Políticas Públicas de la UDD, que “a partir de la información con la que contamos, lo único que podemos concluir es que los colegios a los que les va bien tienen un mejor clima escolar, lo que no implica que las variables encuestadas (como el respeto y la no discriminación) sean causa de los mejores rendimientos”.

 

Explica el académico de la UDD que “al controlar por otros factores relevantes, por ejemplo, comparar los puntajes de matemática de un niño en un colegio con mal ambiente escolar con otro ‘igual’ (de similar nivel socioeconómico) de un colegio con buen ambiente, existen diferencias significativas observables, entonces es esperable que dicha relación no sea trivial. Es en este punto que se afirman mejoras de ‘hasta 42 puntos’ en matemática y lenguaje, comparando entre establecimientos de alto y bajo clima de convivencia, con iguales condiciones socioeconómicas”, en que existen ciertas “dudas respecto al sesgo: ¿qué entienden los niños, por ejemplo, por ‘vida saludable’, ‘discriminación’ o ‘respeto’?, conceptos quizá ambiguos para un niño de 4º básico (según Microdatos de 2013, un 44% de los chilenos tiene analfabetismo funcional). Además, por ejemplo, el hecho de que el 89% de los niños de 6º básico perciben un nivel alto de vida saludable, lo que contrasta con estudios del Minsal (2013) que concluyen que el 24% de los niños menores de 6 años sufre sobrepeso”.

Respecto al concepto de inclusión, José de la Cruz cree que también es ambiguo, “ya que si al menos el Simce de convivencia mide solo la percepción de discriminación y respeto. Pero, si la inclusión es definida como abolir la selección académica, ¿qué relación hay entre una y otra forma de discriminación?”.

Relevancia de la inclusión

Carlos Henríquez indica que “estudiantes con niveles más altos de autoestima escolar, se sienten más libres para participar activamente de su proceso de aprendizaje, haciendo preguntas, cuestionando las ideas que encuentra en su profesor y en los libros, generando conexiones entre las distintas áreas de aprendizaje. Si se combina con una buena retroalimentación docente y con altos niveles de respeto (para evitar descalificaciones desde cualquiera de las partes, que puedan anular el proceso inquisitivo y/o de retroalimentación), este proceso inquisitivo activo por parte del alumno puede tener una relación importante con sus resultados académicos y con su desarrollo integral. Esto, porque el ambiente inclusivo que pueda fomentar el establecimiento, como un aspecto de la formación integral, no solo forma estudiantes más respetuosos de la diversidad sociocultural y económica del establecimiento, y más allá de éste, sino que genera un ambiente más propicio para los aprendizajes”.

 

A su parecer, un establecimiento inclusivo es aquel que incluye a todos los estudiantes y donde estos no son discriminados por sus capacidades diferentes, pero tampoco por su etnia, religión, apariencia, nivel socioeconómico, orientación sexual o por su pensamiento político, entre otros. De hecho, el desarrollo general de los estudiantes es importante pues origina mejores ciudadanos: más saludables, más participativos de la vida en democracia, más emprendedores, y más tolerantes a las diferencias sociales, culturales y económicas presentes en cualquier sociedad. Un establecimiento educacional no puede ni debe desatender estos aspectos tan relevantes del desarrollo personal y social de los estudiantes para enfocarse únicamente en el aprendizaje académico. Sin embargo, reconoce que existe una gran sinergia entre los aspectos académicos y no académicos del desarrollo de los estudiantes.

 

En ese contexto, dice el académico de la UDD, el ambiente escolar y la promoción de una buena convivencia escolar es una norma que regula a todo el sistema escolar, incluyendo a los colegios privados pagados, los que son excluyentes por definición.

“A mi juicio, el desarrollo socioafectivo de un estudiante es una tarea que está muy condicionada al rol de los padres y del entorno familiar, en la formación desde una edad temprana preescolar; de esta etapa se gestan los valores familiares, que no están directamente al alcance de la política de Estado. Sin embargo, en el contexto descentralizado del aula, y de la comunidad escolar en la que está inserta, es que se socializa la heterogeneidad valórica de las distintas familias. Es aquí donde hay puntos críticos donde no es trivial la definición de inclusión que se adopta”, señala José de la Cruz.

Desde esa perspectiva, explica el académico de la UDD, “un ambiente escolar inclusivo se define principalmente por fortalecer los criterios éticos y cívicos que deben prevalecer en las evaluaciones entre pares (alumno-alumno, profesor-padre, profesor-profesor, etc.) y dispares (profesor-alumno, directivo-profesor). La envidia, los niveles de cooperación y competencia, la tolerancia al engaño o la naturalización de la violencia, entre muchos otros, expresan juicios y sanciones de nuestros estándares morales, los que, en mi opinión, se pueden educar y reglamentar. Por ejemplo, fortaleciendo el autocontrol y la responsabilidad desde nuestra capacidad de empatizar y autoevaluarnos como evaluamos al otro. Es en este contexto que me hace sentido que mejores ambientes, no discriminatorios y tolerantes, se relacionan con los resultados académicos. Basta apreciar las mejores universidades del mundo en las cuales imperan estos climas de diversidad, respeto y tolerancia”.

Reflexiona el académico sobre ¿qué tan beneficioso es un sistema educativo que nos hace competir a tan temprana edad?, “sin antes promover el respeto mutuo, la colaboración y cultivar en la diversidad el reconocimiento de nuestros propios talentos y necesidades educativas especiales. Sin suprimir, por cierto, las herramientas de evaluación que informen el aprendizaje de los estudiantes”.

Termina José de la Cruz: “Entonces, si esto es lo que llamamos educación integral, quisiera mencionar dos anécdotas. La primera, donde a unos emprendedores singapurenses que participaban de un start-up en Chile les pregunté cómo fue haber estudiado en el sistema educacional que tiene los mejores rendimientos PISA del mundo. Su respuesta: en mi país no existe la creatividad. La segunda, un destacado egresado coreano del doctorado del MIT que afirmaba: En mi país hay dos tipos de niños, los que duermen 6 horas y los que duermen 5 horas. Los primeros terminan en una fábrica; los segundos en el MIT. Ambas anécdotas nos hablan de modelos altamente competitivos”.
 

"Pace" hacia la educación superior

 

Existen alumnos con muy buenos puntajes de ranking, pero con malos resultados PSU. Estudiantes de condiciones muy vulnerables, que no recibieron en su educación la totalidad de los contenidos mínimos obligatorios de enseñanza media. De hecho, este año más de 900 jóvenes que alcanzaron el máximo puntaje ranking —850 puntos— no alcanzaron esos 475 puntos PSU que les permiten ingresar a las universidades del Consejo de Rectores.

 

La buena noticia es que podemos remediar esta realidad, en el corto y mediano plazo, mediante buenos programas de inclusión. “Es en ese contexto que existe el Programa de Acceso Efectivo a la educación superior (PACE), un proceso educacional de varios años –que cuenta con financiamiento público– en los que ciertas instituciones de educación superior y establecimientos de educación secundaria cooperan con el objetivo principal de restituir el derecho de los estudiantes a continuar estudios superiores”, nos cuenta Francisco Javier Gil, Director de la Cátedra Unesco sobre inclusión en Educación Universitaria. 

¿Por qué es clave la inclusión en materia de educación superior?

Desde mi punto de vista, es clave porque si dejáramos las cosas como están, Chile continuaría perdiendo buena parte de miles de excelentes potenciales profesionales que hoy se educan en establecimientos que no entregan la totalidad de los “contenidos mínimos obligatorios”. En estos establecimientos ningún estudiante, aun aquellos que aprovechan al máximo las oportunidades de estudio que tuvieron, alcanza el puntaje mínimo PSU que se exige para postular a las universidades del Consejo de Rectores: 475 puntos PSU.

¿Cómo funciona el programa Pace?

Los alumnos que hayan estudiado tercero y cuarto medio en un establecimiento que esté adherido al programa Pace; tengan una asistencia igual o superior al 85% y un rendimiento creciente en lo que resta del año escolar, pueden postular a los "Cupos Pace" siempre y cuando finalicen la educación media con un puntaje ranking en el 15% superior del establecimiento o del país (que este año equivale a 710 puntos ranking). Se les exime del resultado de la PSU aunque formalmente deben rendirla. Existen más cupos Pace que postulantes, de modo que el programa les garantiza un espacio a todos quienes se inscriban. En las carreras en que haya más postulantes que vacantes los alumnos serán admitidos en estricto orden, según sus puntajes de postulación. Estos puntajes se calculan sobre la base del puntaje ranking más tres bonificaciones de hasta un 3% cada una; la primera es por la asistencia, otra por postular a la universidad de la misma región donde estudió cuarto medio y finalmente por postular a una carrera del área del conocimiento más afín a sus intereses vocacionales.

¿Por qué la UC está ocupada del tema y quiere promover la inclusión?

Como lo ha dicho su Rector, la comunidad de la UC comprende que la diversidad del estudiantado mejora su calidad. Entiende también que la inclusión con excelencia es posible porque los talentos están igualmente distribuidos entre ricos y pobres, en todas las etnias y las culturas. Sabe, por tanto, que en todos los colegios se educan jóvenes con una motivación, facilidad y gusto excepcional por el estudio –que además tienen hábitos de lectura por interés propio superiores a la media– y que mantienen viva la esperanza de que la UC amplíe la cobertura de sus tradicionales programas de inclusión y se sume a otros.

 

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