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Sep 2020 - Edición 244

Tecnologías ¿De enemigas a aliadas?

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¡A mí SÍ me incluyeron!

Cuando se conocen de cerca historias de inclusión verdaderas, la emoción salta de inmediato. En el Colegio San Luis Beltrán estudia Álvaro Manríquez, un alumno de 18 años que cursa segundo año de enseñanza media y que fue diagnosticado de síndrome de Asperger, una condición especial dentro del espectro autista.

Por: Marcela Paz Muñoz Illanes
¡A mí SÍ me incluyeron!

 

Se integró al establecimiento cuando tenía 14 años de edad, pero no fue un camino fácil. Antes estaba en sistema de educación especial ya que por la naturaleza de su diagnóstico, tiene dificultades para establecer relaciones sociales. En el colegio anterior fue víctima de bullying, y como consecuencia de aquello, ahora normalmente actúa a la defensiva con sus compañeros y adultos. “Él se encuentra en conocimiento de sus potencialidades y debilidades, por ello constantemente intenta ir superando nuevas etapas”, cuenta con admiración su profesora Pamela Becerra.

 

Emocionado nos respondió Álvaro cada una de nuestras preguntas. “Para mí es un honor dirigirme a ustedes y contarles cómo ha sido mi experiencia de inclusión y las agresiones de bullying que he sufrido”.

 

¿Cómo ha sido tu proceso en el Colegio San Luis Beltrán?

—Mejor, imposible. He sido muy bien recibido en esta maravillosa escuela de la “red escolar ignaciana”. El apoyo sicológico que me han dado lo calificaría con nota siete. Igual situación ha ocurrido con mi curso, quienes me han apoyado en todo momento y aceptado tal cual soy, ya que el síndrome de Asperger no es una enfermedad mental como todos creen, sino que un conjunto de condiciones particulares que conforman mi persona.

 

¿Cuáles han sido las mayores dificultades que has debido enfrentar?

—Desde que era pequeño, he sido un blanco de discriminaciones y he sufrido el bullying en carne propia. El no haber sido aceptado tal cual soy ha provocado que estudie en distintas escuelas especiales gran parte de mi vida, muchas veces con compañeros diez años mayores que yo, quienes llegaron a abusar física y sicológicamente de mí. Una vez llegaron incluso a quebrarme mi nariz. Fue muy doloroso.

 

Y ahora, ¿cómo es tu relación con tus compañeros?

—Muy buena y también con mis profesores. Se han percatado de mis ganas de salir adelante y de mi esfuerzo. A mis compañeros los apoyo en las asignaturas en que yo tengo más aptitudes: en química, historia y biología. Juntos hemos creado grandes y fuertes lazos de amistad.

 

¿En quiénes te apoyas para salir adelante?

—En mi mamá. Sin ella no podría haberme convertido en la persona que soy. Muy importante también ha sido mi hermano mayor, un gran apoyo.

 

Recuerda con cariño a su profesora Pamela Becerra, quien —cuenta— “ha trabajado para que aprenda a tomar bien el lápiz y ser una persona responsable y perseverante. Ha sido una verdadera amiga para mí”.

Álvaro reconoce que se ha esforzado mucho para salir adelante y agradece emocionado a cada uno de sus profesores, “quienes laboran hasta fuera de horario para seguir apoyándome”.

 

Ha trabajado mucho y se nota. Está muy contento, se siente seguro y optimista de su futuro. Le encanta la historia y en el último ensayo Simce fue el puntaje más alto en esta asignatura en su curso. Pero, además, este año 2015 ya se ha ganado tres medallas: mejor rendimiento, mejor calificación en historia y un reconocimiento a su esfuerzo.

 

 

 

 

 

 

 

 

 

 

 

 

 

 

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