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Abr 2021 - Edición 250

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Elementos clave para evitar el abandono escolar

Los estudiantes de enseñanza básica que dejan el colegio para siempre, ( 2% , Encuesta Casen 2013) no vuelven a retomar sus estudios, a diferencia de los desertores de enseñanza media que, por lo general, sí lo hacen . ¿Cómo impedirlo? A continuación entregamos algunos elementos en los cuales es necesario poner atención.

Por: Angélica Cabezas Torres
Elementos clave para evitar el abandono escolar

 

Sobre cómo advertir a tiempo que un estudiante está en riesgo de dejar el sistema escolar hablamos con Dante Castillo, director ejecutivo del Programa Interdisciplinario de Investigaciones en Educación (PIIE), quien desde hace años está enfocado en indagar este tema en nuestro país. En 2012, junto a otros investigadores, concluyó un estudio de casos sobre los factores que inciden en la deserción escolar y sus implicancias en los sectores vulnerables.

Esa investigación tuvo la particularidad de enfocarse en la deserción escolar durante la formación básica, que si bien, de acuerdo con estadísticas oficiales, se presenta en un mínimo porcentaje, es categórica. “Los desertores escolares de enseñanza básica no vuelven a la escuela una vez que han dejado de asistir”, asegura Castillo. Además, el estudio se realizó en una comuna representativa de la zona urbana de Chile (Cerro Navia); por lo tanto, es extrapolable a la realidad de una parte importante del país.

Los investigadores, durante tres años, siguieron de cerca las experiencias de estudiantes desertores y de niños de idéntico perfil, pero que aún permanecían en el sistema escolar. Aquí constataron que la escuela es prácticamente la única institución social que puede predecir y prevenir el fracaso escolar y la deserción.

A partir del monitoreo de los itinerarios educativos y de las trayectorias sociales de los niños investigados, los académicos identificaron los principales factores relacionados con el abandono de la educación formal, y que a su juicio, una política educativa preventiva debiera considerar:

  • El primer factor predictivo está relacionado con el perfil de la familia. Se comprobó que todos los niños que se mantenían estudiando compartían el rasgo común de contar con una familia o adultos significativos, que acompañaban su proceso de escolarización. Contaban con ritos escolares y con recursos socioeconómicos, socioculturales y valóricos que impedían la deserción definitiva.
  • También existe un sinnúmero de indicadores cuantitativos que se activan cuando se está en presencia de un proceso de abandono; por ejemplo: frecuentes inasistencias, bajas calificaciones, cambios permanentes de colegio, anotaciones de los docentes en los libros de clases, repitencias, entre otros datos registrados por el establecimiento educacional.
  • Otro punto tiene relación con el poder de decisión que posee el estudiante para asistir o dejar de asistir al colegio. La deserción escolar se presenta en casos donde la familia y los adultos cercanos al alumno no tienen o han dejado de tener el control sobre él. De esta manera, son los propios niños y jóvenes quienes toman las decisiones académicas, incluso el acto de matricularse.
  • Asimismo, los estudiantes que están en riesgo de dejar el colegio presentan un distanciamiento paulatino con la cultura escolar. Prácticamente todos los casos analizados dan cuenta de un estudiante que dejó de valorar o que fue excluido de las rutinas y ritmos que diferencian a una escuela de una guardería. De esta forma, se va constituyendo un tipo de “estudiante-desertor”, es decir, son aceptados por la escuela, pero se eximen de los deberes y derechos de los estudiantes. Son alumnos aislados y abandonados por la rutina escolar.
  • Un quinto factor está asociado a la capacidad de los establecimientos educacionales para determinar a priori los atributos y rasgos que configuran al estudiante en situación de riesgo escolar. Para ello se deben considerar las trayectorias y los factores que condicionan la deserción escolar y que finalmente precipitan el abandono. Está caracterización debe considerar la forma en que interactúan tanto los factores internos como los externos a la escuela.

Si las escuelas pueden incluir dentro de sus proyectos educativos la elaboración de estas tipologías, las acciones preventivas pueden ser más efectivas.

  • Finalmente, muy ligada con el punto anterior, está la capacidad que debe tener la institución escolar para “ponerse” en el lugar del desertor. Es necesario que los diagnósticos sobre estudiantes en riesgo de deserción incluyan la perspectiva y representaciones de los propios afectados. De lo contrario, una acción bien intencionada, pero que no ha considerado la forma en que los alumnos construyen su realidad, puede terminar acelerando el abandono.

En la actualidad, la respuesta de los establecimientos suele corresponder a llamados telefónicos, solicitudes para que el menor vuelva al colegio y, en algunas ocasiones, la visita al hogar. No obstante, el estudio mostró que en la mayoría de los casos, acciones de ese tipo no son efectivas.

“Con este trabajo, concluimos que la escuela es la única institución que puede frenar el abandono escolar. Sin embargo, los establecimientos no cuentan con mecanismos establecidos para prevenir la deserción. En definitiva, hoy la política pública no responde a las necesidades y requerimientos de estos estudiantes”, asegura Dante Castillo.

 

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