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Sep 2020 - Edición 244

Tecnologías ¿De enemigas a aliadas?

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Las siete claves en educación

Desde hace 20 años que venimos trabajando por mejorar la educación de los niños y jóvenes, entregando herramientas que permitan un mejor aprendizaje de nuestros alumnos. Quisimos contrastar el esfuerzo realizado por décadas con el pensamiento de actuales expertos en educación. Les preguntamos a 12 académicos ¿cuáles son los siete factores clave que permiten asegurar una educación de calidad?

Por: Marcela Paz Muñoz Illanes

Ignacio Sánchez, rector de la pontificia Universidad Católica de Chile

Pese a las continuas discusiones e indicaciones, pareciera aún no existir consenso sobre el hecho que el término del llamado “lucro” y la eliminación del copago –como pretende la reforma educacional– aseguren poder entregar una educación de mejor calidad. Por ello, les pedimos a expertos que enumeraran los siete elementos cruciales para mejorar la educación.

 

Reflexionaron, entregaron sus ideas, e interesantes propuestas. En conclusión: valorar la carrera docente, reforzar la formación y el perfeccionamiento de los actuales y futuros docentes, trabajar por la inclusión e integrar a las familias de los alumnos en el aprendizaje, permitir el acceso a los estudiantes más vulnerables y con necesidades educativas especiales a una educación de calidad.

 

Lo que más llamó la atención, sin embargo, es que ninguno de los entrevistados señaló la selección, ni acabar con el copago o el lucro, como parte de los elementos esenciales que permitirían mejorar el aprendizaje de nuestros alumnos.

 

El rector de la Pontificia Universidad Católica de Chile, Ignacio Sánchez, señala como número uno revalorar la profesión docente: “Amar y tener pasión por educar y atraer a los mejores alumnos a estudiar pedagogía, aquello será una señal muy importante para demostrar la relevancia de la educación”.

 

Asegura que es clave reforzar la formación docente, implementar una educación continua que realmente acompañe a los docentes en su vida profesional porque es “la única manera de mantener conocimientos actualizados”. Junto a desarrollar investigación e innovación en educación ya que, a su juicio, como en todas las ciencias, “el conocimiento se renueva y actualiza de manera permanente”.

 

Erika Himmel, Premio nacional de Ciencias de la Educación 2011.

Esta visión la comparte Erika Himmel, profesora de matemática por la Universidad de Chile, magíster en Educación por la Universidad de Columbia y premio nacional de Ciencias de la Educación 2011, para quien es crucial “la calidad de los docentes, ya que en ellos descansa la implementación o mediación de las políticas educacionales. Este rol demanda que sean profesionales comprometidos con su quehacer; formados con los recursos conceptuales y pedagógicos indispensables para atender a la diversidad”.

 

Una vez en funciones, explica Himmel, “debieran disponer de suficiente tiempo laboral para diseñar, evaluar y reflexionar sobre su ejercicio profesional y, asimismo, tener acceso a una educación continua relevante para su desempeño. Por ello, es clave que exista una propuesta de políticas educacionales que otorguen una atención prioritaria a la formación de profesores, a su desarrollo profesional y a las condiciones laborales en las que sirven”.

 

Con esa idea coincide el director de la Escuela Agrícola San Vicente de Paúl, Samuel Hudson, quien es categórico en señalar como factores clave, “contar con profesores bien capacitados y comprometidos con el proyecto educativo del establecimiento, docentes y asistentes con remuneraciones acordes a su condición de profesionales, además de directivos empoderados y líderes de los procesos educativos”.

 

También es clave, según el rector de la UC, “desarrollar un liderazgo escolar de relevancia. Los establecimientos educacionales deben ser liderados por personas que convoquen, entusiasmen y guíen a su comunidad. Pero, además, invertir los recursos necesarios para poder tener estándares internacionales. La remuneración de los profesores, el material educativo de primer nivel y una adecuada infraestructura son factores clave”.

 

En la misma dirección, Hernán Hochschild, director ejecutivo de Elige Educar, señala: “Aumentar el tiempo no lectivo, reducir el currículum y la cantidad de horas de aula. Ello significa, además, construir programas de capacitación internacional con este foco específico y enseñar a los docentes a usar bien el tiempo de aula”.

 

Parte del mismo plan, explica el director ejecutivo de Elige Educar, es buscar una fórmula que permita hacer más atractiva y selectiva la profesión docente, generar requisitos de entrada a las pedagogías y mejorar la remuneración, las condiciones de enseñanza y de desarrollo profesional de los profesores.

Es que para Tomás Recart, director ejecutivo de Enseña Chile, es crucial “contar con una visión que implique tener claro qué estudiante y profesor queremos, y que tipo de interacción queremos ver de estos en la sala de clases. Hoy muchos creen que si hay un profesor hablando 45 minutos en una sala de clases en silencio hay aprendizaje. ¡Yo creo que eso está muy lejos de lo que queremos!”.

La estrategia, dice Recart, es “comprender que para lograr lo anterior, es fundamental concentrar los esfuerzos para atraer, seleccionar, formar y desarrollar personas a todo nivel del sistema (profesores, equipos directivos, sostenedores, formadores), en especial todo lo relacionado a establecimientos con mayor índice de vulnerabilidad”.

 

Porque si no “buscamos la manera que la escuelas de pedagogía seleccionen a jóvenes altamente interesados por la tarea docente, y contamos con profesores motivados y bien preparados académicamente, difícilmente mejoraremos la calidad de la educación”, explica también el director de Liceo Padre Nicolás en Vilcún, Alenjandro Roa Reyes.

Roa cree que es fundamental que los profesores cuenten “con remuneraciones más acordes a las exigencias y trabajo docente. Es clave homologar los sueldos con otras carreras con los mismos años de formación. A ello se debe sumar una carrera docente en constante desarrollo profesional con el ofrecimiento de cursos, diplomados, magísteres que permita el perfeccionamiento continuo de los maestros”.

 

Desmunicipalización gradual: Beatrice Ávalos

 

La académica del Centro de Investigación Avanzada en Educación de la Universidad de Chile (CIAE), premio nacional de Ciencias de la Educación 2013, Beatrice Ávalos, menciona como factor importante para mejorar la educación pública, “impulsar una política nacional para el desarrollo y efectividad de la docencia, bien articulada respecto a sus componentes, con un plan de implementación razonable y con fechas establecidas para cada uno de sus avances”.

 

La experta cree que es clave implementar un plan de mejoramiento de la educación pública que contemple la modificación del sistema administrativo actual (desmunicipalización gradual) “y que reestructure, también en forma paulatina, el modo de operar de los establecimientos municipales según los modelos que ofrecen los establecimientos municipales que lo han hecho bien, y que no seleccionan a sus alumnos, y tienen buenos resultados”.

 

Lo anterior, dice Ávalos, “incluye establecer en la nueva administración descentralizada de los establecimientos públicos, formas de apoyo administrativo y pedagógico eficientes que liberen a los equipos directivos de las tareas administrativas que interfieren con sus responsabilidades de liderazgo al demandarles mucha dedicación en tiempo a ellas”.

 

A su juicio, es fundamental realizar un monitoreo eficaz y formativo por parte de las autoridades escolares respecto de las actividades docentes del establecimiento escolar y crear códigos disciplinarios eficaces y control respecto a su cumplimiento por parte de las autoridades del establecimiento.

 

Un currículo escolar bien determinado

 

Erika Himmel explica que si bien el concepto de currículo escolar alude a un factor con diversas interpretaciones, “uno de sus sentidos centrales es el de proveer un marco de referencia consensuado respecto al desarrollo de las competencias para el aprendizaje cognitivo, social y afectivo de los niños y jóvenes, desde la educación parvularia hasta el término de la educación media, tomando en cuenta el contexto natural, social, cultural y económico del país y, a la vez, los avances de la ciencia y tecnología”.

 

La experta cree que esencial que el currículo debiese “estar formulado en una progresión acorde al desarrollo infantil y juvenil y poseer la suficiente flexibilidad para ser adaptado a las necesidades diferentes tanto de los educandos, como también a los cambios producidos en el entorno. Esto plantea un desafío permanente que invita a un proceso ampliamente participativo”.

 

Formación continua y acceso a la educación

 

Ernesto Treviño, director del Centro de Políticas Comparadas en Educación (CPCE) de la Universidad Diego Portales, señala que es crucial focalizarse “en los niños y su desarrollo en vez de los contenidos curriculares, solo así se pueden mejorar los aprendizajes a lo largo de toda la vida”. Dice que “la equidad es fundamental para lograr calidad, porque matemáticamente es imposible subir el nivel de desempeño promedio sin que se mejore la situación de la mayoría de los alumnos y se acorten las brechas”.

 

Nada de lo anterior surte efecto, dice, “sin transformar la formación inicial y continua de los profesores para mejorar las estrategias de enseñanza y el monitoreo en sala de los aprendizajes a través de la evaluación continua y, al mismo tiempo, fortalecer las capacidades de todas las escuelas y docentes, y eso no se logra a través de fomentar la competencia sino la colaboración”.

 

Cree que es necesario “garantizar un financiamiento suficiente para prestar un servicio de calidad, el modelo de subvención basado en asistencia no lo logra, y dejar de evaluar para premiar y castigar y hacerlo para saber lo que nos falta aprender, justamente referido al valor que se entrega en Chile a las mediciones y pruebas estandarizadas”.

 

Sergio Urzúa, profesor de la Universidad de Maryland e investigador del Centro de Estudios Públicos (CEP), en cambio, menciona de manera categórica que existe solo un factor clave para mejorar la educación chilena: “Asegurar calidad a los alumnos más vulnerables”, justamente uno de los temas recurrentes de la actual discusión sobre la reforma educacional.

 

Con esa idea coincide también Hernán Hochschild, quien señala como un elemento vital “aumentar el gasto por alumno en un 100%, diversificando las condiciones de financiamiento de la escuela y priorizando en niños en contextos sociales complejos”.

 

Para Gonzalo Vargas, rector de Inacap y presidente de Vertebral Chile, la clave para garantizar una educación superior de excelencia pasa por situar el foco en la calidad, “mejorando el acceso, la pertinencia de las carreras y programas que se imparten, superando la desarticulación del sistema de educación superior, promoviendo un estrecho vínculo con el sector productivo empresarial, generando una arquitectura del sistema de educación superior acorde con las necesidades actuales del país, que incluya el diseño e implementación de un marco de cualificaciones. Todo lo anterior permitirá contribuir a la valoración social de la educación técnico profesional en Chile”.

 

Coordinación con las familias y la comunidad

 

Parte de una buena educación debe significar también trabajar en forma conjunta con la familia y la comunidad. Así lo visualiza Mauricio Echeverría, quien es director del Instituto Berit de la Familia de la Universidad Santo Tomás, ya que a su juicio “debe ser entendida como primera responsable en la educación de sus hijos. Lo que involucra contar con un proyecto educativo que esté en conjunción con el resto de los educadores, en una propuesta de sentido coherente para el niño”.

 

En esa misma línea, Erika Himmel cuenta que “no puede ignorarse que la familia conserva la responsabilidad de educar hasta la adultez”. Señala que, según investigaciones, la participación del grupo familiar tiene efectos positivos sobre los resultados académicos y, paralelamente, sobre el desarrollo personal y social de los educandos. “Para que dichos impactos efectivamente tengan lugar, es indispensable el desarrollo de confianzas en la vinculación entre escuela y familia, sustentadas por un esfuerzo permanente y bien organizado, con el compromiso de la escuela y los apoderados de llegar a construir una verdadera comunidad de aprendizaje. En otros términos, la inclusión de la familia en el proceso educativo reclama un lugar predominante, formalmente establecido”.

 

Lo anterior lo ha plasmado en su trabajo de años como directora de la escuela Araucarias de Chile en la comuna de Conchalí, la profesora Isabel Carmona, para quien la clave pasa más bien por formar docentes preparados para trabajar con la comunidad, que cuenten con herramientas que les permitan manejar y resolver conflictos, reducir las jornadas extensas de horas lectivas y contar con más tiempo para planificar las clases. “Terminar con el sistema de cursos y trabajar en base a módulos de aprendizaje, para que el alumno avance de acuerdo a su ritmo de aprendizaje, permitiendo un mayor apoyo a los que les cuesta más y, quizás lo más relevante, apoyar el perfeccionamiento docente”.

 

Las siete claves en educación

 

-Revalorizar la profesión docente, reducir las horas de clases frente al curso y mejorar las remuneraciones de los docentes.

-Reforzar la formación y el perfeccionamiento continuo de los profesores.

-Desarrollar innovación e investigación en educación.

-Asegurar una gestión escolar exitosa y construir capacidades directivas. Fortalecer la formación de directores en terreno y generar un plan de transferencia de capacidades con formación de directores al alero de estos directores destacados.

-Trabajar por la inclusión y apoyar a aquellos alumnos con necesidades educativas especiales. Aumentar el gasto por alumno en un 100%, diversificando las condiciones de financiamiento de la escuela y priorizando alumnos en contextos sociales complejos.
-Integrar a las familias y trabajar con ellas en forma conjunta.

-Vincular la formación universitaria a la escuela y construir centros clínicos docentes, escuelas asociadas a la realidad del aula que permitan acelerar la necesidad de cambio y mejora en la formación docente.

 

 

 

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