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Regístrate y accede a la revistaAl igual que a los adultos nos afecta el clima laboral en nuestra salud física y mental, los adolescentes se ven impactados por los ambientes en los que viven. El psicólogo social Borja Cabo explica, desde España, por qué hoy es más importante que nunca priorizar en la calidad de las relaciones de acogida, afectuosas y profundamente humanas, para sacar adelante a hijos y alumnos.
Hace más de 20 años que trabaja con familias y menores de edad en centros vinculados a los Servicios Sociales Municipales en Madrid. Por ello, el psicólogo social Borja Cabo sabe cómo la convivencia escolar y la salud mental de los estudiantes son campos que interaccionan. “Si la escuela se convierte en un espacio de seguridad y confianza, será un lugar donde asirse para un alumno o alumna que tiene algún problema en su casa o dentro del propio centro. Saberse acogido le permitirá transitar por sus dificultades con menos sufrimiento”, explica desde España el profesional.
Borja Cabo observa que hoy existe conciencia de la importancia del desarrollo personal en los centros educativos, pero que los docentes –y también los apoderados– todavía destinan más tiempo y energía al área netamente académica. En su visión es urgente priorizar lo relacional, sobre todo tomando en cuenta que niños y adolescentes están procesando los efectos de la pandemia en ellos: inseguridad, miedo, interrupción repentina de una etapa crucial en su desarrollo y cientos de aspectos que varían caso a caso.
Conversamos con el experto y, a partir de sus palabras, seleccionamos cuatro ideas que nos motivan a invertir en una convivencia que acoja las necesidades de nuestros hijos y alumnos.
Muchas de las dificultades, patologías o trastornos que padecemos los adultos se deben a un mal desarrollo del vínculo infantil con las figuras de apego. Para los profesores, construir un vínculo cuando se tiene 30 o más alumnos por clase y objetivos académicos férreos es, obviamente, muy difícil. Pero es fundamental tenerlo como ideal o meta para poder ir consiguiendo una comunidad humana fuerte y colaborativa, donde el profesor sea una figura que proporcione seguridad a los alumnos y donde todas las personas relacionadas, desde las familias hasta los auxiliares de aseo del colegio, sean una red que aporta amabilidad y no presión al ambiente.
El entorno escolar debe proporcionar una sensación de seguridad, protección y confianza para asegurar a los estudiantes que serán escuchados, comprendidos y apoyados; y lo mismo debiera suceder en las familias. Si el alumno puede imaginar una acogida responsiva de lo que plantea, respetuosa y de apoyo, tendrá muchas más posibilidades de gestionar sus problemas con menos angustia o sufrimiento.
Según un estudio reciente de Save The Children, los trastornos mentales entre menores de 4 a 14 años se han triplicado en España. La pandemia fue causa o desencadenante de vulnerabilidades previas en niños y adolescentes que vieron drásticamente interrumpido un periodo crucial en su desarrollo cerebral y social.
También se han reportado más situaciones de violencia en las aulas y el absentismo se ha disparado en relación con los valores previos a la pandemia, de acuerdo con los Programas de Absentismo Escolar españoles. También se ven situaciones nuevas como adolescentes que se niegan a sacarse la mascarilla, pues les era útil para esconder su rostro.
La neurobiología muestra que cuando tenemos miedo, el sistema límbico o primitivo del cerebro toma el mando para proteger al individuo. Esto se relaciona con la facultad de la memoria inmediata o de la concentración, interfiriendo claramente en la capacidad de aprendizaje. La teoría del apego, por otro lado, nos enseña que cuando el sistema de miedo se activa, se hiperactiva la búsqueda de apego para obtener seguridad y protección en detrimento de la motivación exploratoria o de aprendizaje.
En la misión de restituir las cosas luego de la crisis es importante que el énfasis no esté solo en los contenidos curriculares, pues es momento de sanar heridas. Es muy recomendable que los profesores puedan tener tiempo y energía para convertirse en las figuras de apego que podrían ser y entregar consuelo y seguridad a los alumnos en este período difícil.
Una misión fundamental de padres y madres es lograr que cada hijo se sienta mirado, apoyado y escuchado, para que pueda desarrollar su identidad y tenga la confianza de pedirnos ayuda cuando lo necesite.
¿Quién es?Borja Cobo es psicólogo social, trabaja en centros de atención a la infancia municipales de Madrid. Es académico de la Universidad Complutense de Madrid donde dicta, entre otros, el diploma online “Experto en intervención socioeducativa con infancia y familias en dificultad social”.
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