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Sep 2026 - Edición 306

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Enseñar un oficio para cuidar el patrimonio de Chiloé

El ganador del Reconocimiento ProfeTP 2026 lleva 32 años formando estudiantes en la especialidad de Construcción del Liceo Bicentenario Politécnico de Castro, el mismo establecimiento donde estudió. Fundación Irarrázaval participó como jurado en esta edición del certamen.

Por: Marcela Paz Muñoz I.
Enseñar un oficio para cuidar el patrimonio de Chiloé

Hay historias docentes en las que resulta difícil separar la profesión de la propia vida. La de Nelson Calisto Hernández es una de ellas. Nació y creció en la zona rural de Castro, aprendió desde niño a valorar el trabajo manual y se formó en el entonces Liceo Politécnico de Castro. Años más tarde regresó al mismo establecimiento para enseñar Construcción.

Hoy, después de 32 años de trayectoria, continúa allí formando a nuevas generaciones y utilizando el oficio como una manera de mantener viva la identidad de Chiloé.

Su trabajo fue reconocido este 2026 con la máxima distinción nacional del premio Reconocimiento ProfeTP. Entre 900 postulaciones, Nelson destacó por su compromiso con la preservación del patrimonio arquitectónico y la identidad cultural chilota. 

Inicios desde la casa

Mucho antes de entrar a una sala de clases como profesor, Nelson tuvo a su primer maestro en casa. Su padre, Aníbal Calisto, era carpintero, artesano, mueblista y agricultor. De niño lo observaba trabajar con madera nativa de Chiloé e incluso fabricar sus propias herramientas. “Yo crecí viendo trabajar a mi papá la madera, la madera nativa de Chiloé”, recuerda. El olor de la madera recién trabajada y la transformación que conseguía su padre con las herramientas quedaron asociados desde muy temprano a su propia historia.

Cuando su padre viajaba a trabajar a la Patagonia, como ocurría con muchos hombres de Chiloé, su madre, Filomena Hernández, quedaba a cargo de la familia. Nelson recuerda una infancia de esfuerzo en un hogar campesino con escasos recursos económicos. Aquella experiencia, asegura, no solo moldeó su personalidad, sino que terminó influyendo en su manera de enseñar. “Uno fue aprendiendo también a sobrevivir y a encontrar en su entorno la oportunidad para hacer cosas potentes. Y eso creo que me formó: mi carácter, mi personalidad y también la metodología que yo utilizo con mis alumnos hoy día”, explica.

Su camino profesional también estuvo marcado por otros maestros. Después de egresar del Politécnico realizó su práctica y trabajó durante seis años con el arquitecto Edward Rojas. También compartió con el pintor Germán Estizábal y durante tres décadas participó en un grupo vinculado al folclor chilote junto al cultor Sixto Cuyul. Esas experiencias, cuenta, fueron enriqueciendo su comprensión del patrimonio y del territorio.

El patrimonio en la sala de clases

Cuando tuvo la oportunidad de trabajar en educación, apareció una pregunta que terminaría marcando buena parte de su trayectoria: cómo conseguir que sus estudiantes aprendieran construcción y, al mismo tiempo, conocieran y valoraran el patrimonio arquitectónico que los rodeaba.

A fines de los años noventa comenzó a desarrollar talleres extracurriculares de maquetería tradicional. Uno de los primeros grandes proyectos fue reproducir las 16 iglesias de Chiloé que posteriormente serían declaradas Patrimonio de la Humanidad por la UNESCO. Las maquetas fueron realizadas en 1998, dos años antes de esa declaración.

La exigencia siempre fue alta. “Calidad museo”, recuerda que les decía a sus estudiantes. No se trataba simplemente de completar una actividad, sino de aprender a desarrollar un trabajo riguroso y bien ejecutado.

Con los años, el proyecto fue creciendo. A las maquetas se sumaron trabajos sobre puertas y ventanas tradicionales, recorridos por edificaciones y nuevas experiencias vinculadas directamente con la arquitectura local. En 2017 comenzaron a trabajar en restauraciones de viviendas.

Actualmente, durante el primer semestre los estudiantes se concentran en la maquetería tradicional y, en el segundo, trabajan en restauración de viviendas del casco histórico de Castro. Además, el establecimiento incorporó cuatro horas obligatorias de un módulo de Restauración y Conservación del Patrimonio Arquitectónico para tercero y cuarto medio. De esta manera, aquello que comenzó como una actividad extracurricular terminó incorporándose formalmente a la formación de los estudiantes de la especialidad.

"(La educación TP) es una tremenda posibilidad que tienen los alumnos de crear su propia movilidad social e ingresar directamente al mundo del trabajo”. Nelson Calisto Hernández.

Educación TP, una oportunidad

Para Calisto, este trabajo también demuestra las posibilidades que ofrece la EMTP. Él mismo fue alumno de esta modalidad y hoy observa cómo sus estudiantes pueden utilizarla tanto para incorporarse al mundo laboral como para continuar estudios superiores. “Es una tremenda posibilidad que tienen los alumnos de crear su propia movilidad social, de ingresar al mundo del trabajo directamente”, sostiene.

Pero las trayectorias ya no terminan necesariamente con la entrada inmediata al empleo. El profesor cuenta que un número importante de egresados continúa estudios universitarios, muchas veces en áreas relacionadas con la especialidad cursada en el liceo. Incluso los exalumnos que ingresan a la educación superior vuelven a entregar información sobre los contenidos que están estudiando, lo que permite al equipo docente revisar y actualizar su propia enseñanza.

La formación, explica, busca ser además integral. La especialidad de Construcción recibe a estudiantes con distintas necesidades y procura generar oportunidades para todos. Para el profesor, esa diversidad también demuestra la amplitud de caminos que puede abrir la educación TP. “Somos un país carente de técnicos y nosotros estamos aportando a eso”, afirma.

Aprender a mirar el territorio

Su mensaje a los jóvenes no se limita a dominar una técnica. Nelson destaca especialmente la incorporación de mujeres a Construcción, una especialidad históricamente asociada a los hombres. “Aceptar a todos por igual es la clave, porque no sabemos cuáles son los límites de los alumnos. Un joven motivado puede, por ejemplo, tener un futuro insospechado muchas veces”, señala.

También invita a los estudiantes a levantar la mirada de las pantallas y observar aquello que tienen alrededor: conversar con sus abuelos, tíos y vecinos, conocer su territorio y participar en organizaciones de la comunidad. “No somos personas aisladas. Crear comunidad y participar de ella. Ojalá, trabajar para la comunidad, siempre en búsqueda del crecimiento”, plantea.

Esa mirada permite comprender por qué el patrimonio ocupa un lugar tan importante en su manera de enseñar. Las construcciones tradicionales dejan de ser solamente objetos que deben conservarse: se convierten en una oportunidad para que los estudiantes aprendan un oficio, comprendan de dónde vienen y descubran que sus conocimientos pueden ser útiles para otros.

Otro elemento central de su trabajo es la relación con las familias. Calisto mantiene una comunicación frecuente con los apoderados y les informa sobre asistencia, desempeño y proyectos desarrollados por sus hijos. También utiliza fotografías para mostrarles el trabajo que realizan los estudiantes en los talleres.

Aunque reconoce que mantener esta comunicación significa más trabajo, considera que es fundamental para vincular a las familias con el proceso educativo. “Ellos forman parte importante, tanto como los alumnos, porque sin ellos nosotros estamos totalmente desconectados”, sostiene.

Ceremonia de premiación del Reconocimiento Profe TP 2026.

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