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Regístrate y accede a la revistaEn tiempos de cansancio, conflictos y tensiones comunicacionales, vuelve a aparecer una pregunta esencial: ¿quién educa la convivencia? La familia no puede sola. La escuela tampoco. Pero cuando ambas caminan en una misma dirección, se multiplican las posibilidades de formar niños y jóvenes con responsabilidad, empatía, fortaleza y sentido comunitario.
Orientar a las familias no significa darles lecciones desde un lugar de superioridad. Significa ayudarlas a mirar con serenidad aquello que muchas veces no logran ver. Un docente puede ayudar mucho cuando pregunta con prudencia: ¿cómo se están hablando en casa?, ¿qué acuerdos familiares se sostienen?, ¿qué límites necesitan ser más claros?, ¿qué virtud sería importante fortalecer?
Un caso positivo: cuando una virtud cambia el clima
En un colegio técnico-profesional del sur de Chile, un profesor jefe notó que en su curso los conflictos cotidianos crecían con facilidad: bromas hirientes, interrupciones, grupos que no querían trabajar entre sí y estudiantes que respondían con ironía ante cualquier corrección.
La primera tentación fue responder solo desde la sanción. Pero el equipo decidió intentar algo más formativo. Durante un mes, el curso trabajó una “virtud semanal”: respeto, responsabilidad, fortaleza y gratitud. Cada lunes, el profesor presentaba la virtud con un ejemplo concreto. Luego, los estudiantes elegían una acción sencilla para practicar durante la semana: saludar mejor, no interrumpir, cuidar el lenguaje, pedir disculpas o agradecer a alguien de la casa.
Al mismo tiempo, las familias recibían dos preguntas para conversar en el hogar: “¿Dónde vimos esta virtud esta semana?” y “¿qué podríamos mejorar como familia?”. Era una invitación sencilla a mirar la vida cotidiana.
Después de algunas semanas, los conflictos no desaparecieron por completo. Pero ocurrió algo valioso: los estudiantes comenzaron a ponerle nombre a lo que vivían. Empezaron a aparecer palabras como respeto, reparación, paciencia, responsabilidad y esfuerzo. La convivencia dejó de ser solo un problema disciplinario y empezó a convertirse en una oportunidad educativa.
Claves para trabajar juntos
Para que la convivencia trabajada en la escuela también ilumine la vida familiar, es necesario cuidar algunas prácticas concretas: hablar antes de que explote el conflicto; traducir las normas en virtudes; orientar con preguntas, no solo con reclamos; evitar etiquetas; enseñar la reparación; cuidar la coherencia adulta; y celebrar los pequeños avances.
Una tarea de esperanza
Una escuela que educa la convivencia no solo busca evitar conflictos. Busca formar personas capaces de vivir con otros, cuidar la palabra, reconocer límites, reparar daños, sostener compromisos y construir comunidad. Y una familia que acompaña este proceso no necesita hacerlo todo perfecto. Necesita estar presente, sostener criterios, abrir espacios de diálogo y animarse a educar con amor y firmeza.
En tiempos en los que muchas veces se habla de crisis, violencia, cansancio y fragmentación, la educación tiene todavía una enorme tarea de esperanza: enseñar que siempre se puede convivir mejor. La convivencia se aprende. Y cuando familia y escuela trabajan juntas, cada gesto cotidiano puede convertirse en una pequeña lección de carácter.
6 orientaciones para docentes al trabajar con familias
1. Hablar de hábitos concretos, no de etiquetas.
2. Construir acuerdos simples y medibles.
3. Reconocer avances antes de señalar errores.
4. Explicar el sentido de los límites escolares.
5. Escuchar la realidad familiar sin juicio previo.
6. Promover coherencia, no perfección.
Bibliografía
• La educación de las virtudes humanas, David Isaacs.
• Inteligencia emocional, Daniel Goleman.
• Educar el carácter, Thomas Lickona.
• Mindset: la actitud del éxito, Carol S. Dweck.
• Los 7 hábitos de la gente altamente efectiva, Stephen R. Covey.
• Disciplina positiva, Jane Nelsen.
• Política Nacional de Convivencia Educativa 2024-2030, Ministerio de Educación de Chile.
• Integrar el aprendizaje social y emocional en los sistemas educativos: guía de políticas, UNESCO.
• Survey on Social and Emotional Skills, OCDE.
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