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"Un sistema educativo vale lo que valen sus profesores"

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En pleno debate sobre la importancia de los profesores, rescatamos una entrevista a Inger Enkvist realizada por Aceprensa en febrero del año pasado. Inger Enkvist es catedrática de español en Suecia, su país de origen, y ha ejercido la docencia en las etapas primaria y secundaria durante muchos años. Sus ensayos sobre educación se han convertido en un referente internacional sobre los peligros de la “nueva pedagogía”. Con motivo de la presentación de su último libro: Educación: guía para perplejos (Ed. Encuentro), Inger Enkvist ha respondido unas preguntas sobre los retos que afronta hoy en día la escuela.

En “La educación en peligro” o “La buena y la mala educación”, Inger Enkvist criticaba las teorías rousseaunianas de la enseñanza que proponen respetar la “autonomía creativa” del alumno en el proceso de aprendizaje, dando más importancia a los métodos que a los contenidos. En su lugar, propone redescubrir el papel del esfuerzo, la disciplina y la cultura general, especialmente la capacidad lingüística.

La clave es el profesor

Cada vez más se reconoce que la formación del profesor es la clave para mejorar la educación. ¿Cuáles son las actividades de desarrollo profesional más eficaces?

Efectivamente, un sistema educativo vale lo que valen sus profesores. Me parece muy interesante el concepto de “clase ideal” (study class) que se ha desarrollado en Japón: varios profesores se reúnen para diseñar —tanto en los contenidos como en los métodos— una clase sobre un tema determinado; uno de ellos la imparte en el aula mientras el resto observa y toma notas; después, los profesores se reúnen de nuevo para discutir sobre posibles mejoras.

También es muy útil crear un plan de lectura para los profesores. Esto aumenta el conocimiento sobre su materia específica, y además enriquece su vocabulario, cosa muy importante. Si el profesor está motivado y es culto, eso se notará en el aula.

En cuanto a la formación del profesorado, ¿qué puede aprenderse de países exitosos como Finlandia?

El secreto está en la selección. En Finlandia, los que estudian para ser profesores han sido escogidos entre los alumnos con expedientes brillantes. Tienen una muy buena base ya desde bachillerato. Son lectores y acumulan una buena cultura general. En las entrevistas de trabajo se suele valorar mucho su capacidad de expresión, su vocabulario. Además, que los futuros maestros pasen tres o cuatro años rodeados de otros alumnos inteligentes y motivados produce un efecto positivo de refuerzo; aporta un gran dinamismo al proceso de aprendizaje. Esto es tan importante como el programa de estudios, que también es bueno y está impartido por profesores muy cualificados.

Otro aspecto es el ambiente en las aulas. En España, a pesar de que el salario de los profesores es alto en comparación con el de otras profesiones con igual cualificación, el ambiente es de poca autoridad en el aula y disuade a muchos que podrían ser buenos maestros. Además, la formación académica de los estudiantes es pobre.

Actuar en los primeros años

¿Cómo se puede luchar eficazmente contra la desigualdad educativa?

En primer lugar, hay que reconocer que gran parte de esta desigualdad tiene que ver con la capacidad lingüística de los estudiantes, algo que puede mejorarse mucho también fuera del colegio; por ejemplo, conversando más en casa en lugar de dedicar tiempo a ver la televisión.

Ya en el ámbito de la escuela, señalaría dos cosas. Por un lado, hay que actuar en los primeros años. En Finlandia, los alumnos que no van bien en las materias instrumentales durante los dos primeros años, reciben un apoyo intensivo. Está probado que esto es lo más eficaz; no elimina totalmente las desigualdades pero evita gran parte del fracaso escolar.

Lo segundo es elevar la calidad de los profesores. Si las clases normales son muy buenas, el nivel de todos los alumnos mejora, también el de los desaventajados. Entonces, no hacen falta tantos programas extraescolares de refuerzo, que suponen un costo extra. Como siempre, habrá estudiantes que quieran aprovechar las clases y otros que no, por lo que persistirá una cierta desigualdad.

La idea de que el alumno debe estar motivado para aprender ha llevado frecuentemente a relativizar la importancia de los contenidos. 

¿Qué criterios deben seguirse para evaluar las innovaciones pedagógicas?

Es importante evaluar los métodos pedagógicos según los resultados académicos que producen, y no según meras sensaciones. En Suecia se ha publicado recientemente un estudio sobre cómo influye el uso del computador en el aula. Un grupo de estudiantes de español lo utilizaba de forma ocasional y otro de forma constante. Los resultados muestran que este no era un factor especialmente influyente. Lo determinante era el esfuerzo del alumno y sus conocimientos previos. La pregunta entonces es cuánto se debe invertir en un factor que no es relevante.

Los estímulos intelectuales de una buena conversación

 Muchos pedagogos apuntan a la clase magistral como ejemplo de metodología pasiva, y por tanto negativa. ¿No supone esto minusvalorar la actividad de escuchar?

Es una tontería decir que escuchar (por ejemplo, una clase magistral) es una actividad pasiva. Se puede escuchar pasivamente, pero también de forma muy activa. Si hay poca actividad mental en el estudiante es, o porque el que habla no dice nada interesante o porque el que escucha no tiene interés en aprender. El profesor debe proponer ejemplos, argumentos y contraargumentos en su explicación; así se fomenta el espíritu crítico del alumno. Hay que volver a valorar la explicación larga y pausada porque, si se hace bien, es un método muy activo.

Por otra parte, es importante que los estudiantes se familiaricen con los estímulos intelectuales que produce una buena conversación, y no solo con los audiovisuales. Los primeros son los específicamente humanos.

Las nuevas corrientes pedagógicas señalan que lo principal que un alumno debería aprender en las aulas es a convivir, respetar y ser un buen ciudadano.

¿En qué debería consistir la función socializadora de la educación?

El ambiente escolar ofrece oportunidades únicas: un estudiante puede recibir de forma intensiva, sin que tenga que moverse, una formación muy variada y diseñada de forma que la pueda entender. Siempre se ha creído que esto era lo más importante para que un alumno se desarrollara. Ahora se ha cargado sobre el colegio la responsabilidad de “civilizar” al estudiante. Esto es importante, pero no debe anular el propósito original.

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