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Ene 2021 - Edición 248

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Senadores entregan 7 medidas para mejorar la Educación

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A tres días de nuestro gran evento de celebración de los 20 años de Revista Educar, los invitamos a conocer de cerca las visiones y propuestas acerca de la reforma Educacional en curso, de los senadores y participantes de nuestro foro, Andrés Allamand y Carlos Montes.

Si deseas participar en el evento, puedes inscribirte aquí.

Allamand Senador Santiago Poniente 

Confianza en los municipios para tener un sistema efectivamente descentralizado, en los directores de los colegios para que los administren con autonomía, en los profesores para no ahogarlos con contenidos “mínimos” que son “máximos” y que no se alcanzan a pasar; en las familias para que siempre se involucren en el aprendizaje de sus hijos. Acá ocurre todo lo contrario. Opera en vez de la confianza la sospecha y el conjunto del sistema está en tela de juicio. Para algunos, los municipios son incapaces, los directores arbitrarios, los profesores ineptos y los padres “arribistas”. Un sistema educacional bajo sospecha solo puede fracasar.

El verdadero eje de cualquier reforma son los profesores. ¿Qué se necesita? Formación exigente, carrera profesional estimulante, remuneraciones en el nivel más alto del sistema público, previsión empalmada con el esfuerzo de toda una vida. Y libertad académica: Que tengan márgenes para resolver qué y cómo enseñar. Sin esta última, nunca atraeremos a los mejores.

Asumir que la autonomía de los colegios y la diversidad de los proyectos educativos son la clave del éxito. Más que pensar en colegios como edificios hay que pensar en comunidades escolares con alma. Los colegios no son supermercados ni la educación es un producto “intercambiable”. La uniformidad es solo la utopía de un falso igualitarismo.

Volver el foco a lo que pasa en la sala de clases. ¿Cuánto tiempo más resiste —frente al embate informativo que reciben los alumnos del mundo digital— la educación frontal? ¿Queremos alumnos pensando o repitiendo? ¿Aprendiendo o simplemente escuchando?

El sentido de la reforma tributaria fue aportar más recursos a la educación. Hoy, el aporte del Estado simplemente no permite ni acercarse a una educación de calidad. La subvención general apenas supera los $60.000. ¡Necesitamos a lo menos el triple! Es cierto que, sin adecuados mecanismos de gestión, los recursos no bastan. Pero la fórmula inversa es también verdad: Sin recursos ninguna gestión puede hacer milagros.

Incorporar resueltamente a las familias en las comunidades escolares. ¿Qué hace hoy la reforma? No aporta nada positivo en este sentido y, al contrario, parece empeñada en que los padres no puedan aportar al financiamiento de los colegios para que estos sean mejores. Otro absurdo: Si un padre quiere gastar recursos en clases particulares, puede hacerlo; si quiere aportar esos mismos recursos al colegio, le estará prohibido.

Usar todas las energías de la sociedad para mejorar globalmente los resultados de la educación. El telón de fondo de la reforma al sistema chileno debiera ser apoyar la provisión mixta y entender que para mejorar la educación pública no es necesario quitarle “patines” a la particular subvencionada ni empezar a estigmatizar a la particular pagada. Al revés: aquí se necesita alinear y apoyar todos los esfuerzos, vengan de donde vengan.

 

Montes  Senador Santiago Oriente

 

El SIMCE se transformó en centro y fin de la labor de muchos establecimientos, que lo vieron como un elemento de diferenciación en el mercado. Ello empobreció nuestra educación. Debemos recuperar la visión de esta como la formación de seres humanos para vivir en sociedad y poner en el centro a los niños y definir a partir de ello los objetivos y metodologías que respondan a sus necesidades en cada etapa de su desarrollo. Posteriormente, establecer una forma de medir, pero ciertamente con carácter pedagógico y no de competencia.

Fortalecer la educación pública. Ella resguarda el derecho de todos a una educación laica y democrática y promueve la integración social. Necesitamos  iniciar una transformación en escuelas y liceos para recuperar la mística de esas comunidades y desplegar sus enormes potencialidades. 2015 y 2016 deben marcar un hito hacia una nueva educación pública de calidad que implique, evidentemente, un nuevo modelo de gestión.

Reorientar el rol de la educación particular subvencionada. Nuestro país generó, desde su independencia, un sistema de provisión mixta, complementando los esfuerzos públicos y los particulares, como colaboradores de la función del Estado. Ello cambió radicalmente en los ’80. Debemos desmontar esta visión, terminando con el lucro, la selección y el copago y reorientar el rol de los colegios particulares subvencionados, volviendo a aquel derrotero característico del país. Ello debe hacerse bien, con suficiente gradualidad y flexibilidad. Queremos proyectos educativos diversos y fuertes, pero enfocados en la enseñanza y no en el afán mercantil. 

Trabajo docente y de aula. Nuestro país cuenta con muchos buenos maestros, hombres y mujeres con vocación y preparación. Es muy relevante potenciar esas capacidades, a través de actualización y perfeccionamiento y mejorando sus condiciones de trabajo, desde luego en lo remunerativo, pero también aumentando las horas no lectivas, disminuyendo los alumnos por curso, incorporando docentes de refuerzo, fortaleciendo equipos técnicos multidisciplinarios de apoyo y normalizando el orden y disciplina en los planteles. 

Liderazgo directivo. Otro aspecto relevante es mejorar las competencias de los directores. Requerimos reforzar la preparación de estos líderes y, también, los procedimientos de selección, seguimiento y evaluación de quienes desempeñen estas funciones. Es relevante dotarlos de atribuciones y condiciones adecuadas, separando  las tareas administrativas de modo de enfocarlos en su misión principal.

Educación preescolar. Como país hemos hecho un enorme esfuerzo para ampliar la cobertura y mejorar el acceso. Debemos perseverar en ello y complementarlo con un sostenido impulso por la calidad, a través de fortalecer los programas de formación y mejoramiento continuo de las educadoras de párvulos y también de favorecer el rol de los padres y las familias en el proceso formativo.

Educación técnico profesional y superior. Por último, debemos ocuparnos de la formación de técnicos y profesionales. Necesitamos una profunda transformación en la educación técnico profesional escolar, hoy marcadamente segregadora, con un agresivo plan de fortalecimiento que parta por reevaluar las carreras y mallas curriculares, renovar la infraestructura y equipamiento, actualizar las habilidades y metodologías de los equipos docentes y crear una vía expedita de continuidad con la educación superior.

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