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Oct 2020 - Edición 245

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¿Por qué preguntar es un arte?

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Por M. Solange Favereau, Académica de la Facultad de Educación de la Universidad de los Andes

¿Cuál es el sueño de un profesor en su hora de clases?

Todos los que transcurrimos gran parte del día en una sala de clases diríamos: que haya dinamismo, que participen reflexivamente, que salgan agotados de tanto pensar, que gocen con el saber, es más que los sintamos con “hambre” de conocer. Pero por el contrario, vivimos luchando contra la pereza intelectual y la voluntad de que quieran estudiar.

Es difícil, pero tenemos una herramienta que puede dar un giro a nuestra dinámica pedagógica: el arte de preguntar, pero no solo las preguntas que genera el profesor sino las que deben brotar de las mente inquieta de los estudiantes. Los tenemos tan acostumbrados solo a contestar, pero, ¿les damos la posibilidad de profundizar en su pensamiento mediante buenas preguntas? Al arte de contestar lo debe proceder el arte del buen preguntar.

Recomendaciones para que las preguntas sean motor del pensamiento:

  • Fomentar la observación. El afán de novedades nos juega en contra, hacerlos cuestionarse desde lo cotidiano: ¿Qué sucedería si todos los dedos de la mano tuvieran el mismo largo? La sorpresa parece haber sido devorada por la costumbre. Brown construyó el primer puente colgante sostenido por cables inspirándose en cómo estaba tejida una telaraña que observó en su jardín, tendida de un arbusto a otro.
  • Enseñar a los alumnos a escuchar atentamente y por un buen lapso de tiempo, invitarlos a que intenten contestarse sus preguntas, y sólo después, ayudarlos. Cuando hagan una pregunta, contar 10 segundos antes de dar la palabra, esto fomenta la calidad de la respuesta, surgen respuestas más elaboradas, más especulativas, aumenta la participación en la discusión, damos la posibilidad a niños que son más reflexivos versus los que son más “impulsivos”.
  • Estimular el pensamiento a través de la generación de preguntas: ¿qué sé respecto del tema?, ¿qué me gustaría saber?
  • Es más efectivo a nivel de aprendizaje preguntar, ¿qué entendieron? y no, ¿quién no entendió? La mala estima no hará responder y decir que no entendí.
  • Lo que tú preguntas influye en lo que haces pensar. Hay que preparase con buenas preguntas para cada clase. No improvisarlas. La pregunta habla de ti, de lo que te importa en su aprendizaje.

Lo más triste de una clase es el silencio indiferente, con alumnos pasivos, donde depositamos nuestros conocimientos; muy por el contrario, no son  almacenes, sino fábricas vivas de pensamientos originales.

 

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