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Jun 2021 - Edición 252

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Pasión y educación

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Por Sebastián Errázuriz, Founder & CEO Actitud Lab.

Según un estudio del semanario británico The Economist, Chile se encuentra dentro de los países peor evaluados en materias educativas, ocupando el puesto número 33 de entre 40 países. El estudio, que mide habilidades cognitivas (PISA) y logros educativos, nos demuestra que es necesario centrar el debate en la calidad de la educación.

Hay un factor que da luces de las razones que hacen que el modelo educativo chileno sea deficiente y de poco y nulo desarrollo. Sabemos que en nuestro país existen personas con grandes capacidades y valores, pero podríamos formar a muchos más talentos, sobre todo en lo referido a liderazgo, adaptabilidad, pasión y empatía.

Hay una errónea comprensión de lo que el término liderazgo implica en la educación. Existe una idea arraigada de que todo profesor debiera ser una figura de autoridad por el hecho de ostentar dicho cargo, sin embargo, lo lógico sería que los docentes se ganasen esta autoridad, haciendo que su clase sea consultiva, persuasiva y participativa. No podemos aspirar a tener docentes autoritarios, pues, por distintas razones que podrían considerarse en un análisis sociológico, los alumnos no son sumisos y la estructura piramidal no funciona tan bien como hace unas décadas. Es preciso que el docente se adapte a lo que los tiempos, y los propios estudiantes, piden.

Mi experiencia, tanto en liceos como universidades, me ha hecho ver la necesidad de concebir la educación como una constante entrega de valores, de pasión y de empatía. Necesitamos educadores apasionados, motivantes y que desarrollen un genuino interés de aprender de sus pupilos, independiente de un SIMCE, o de una PSU. Los educadores tienen la responsabilidad y el deber de generar inquietudes en sus alumnos, de hacer que se interesen en aprender, de que se cuestionen a sí mismos y sobre su entorno.

Es necesario que en esta forma de concebir la educación, los profesores que impartan clases sean apasionados, líderes, adaptativos y empáticos. Que estos maestros transmitan y traspasen cada una de esas características a los diferentes establecimientos. Así veremos salas y entornos llenos de “hambre por aprender”, de motivación por conocer.

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