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Abr 2018 - Edición 219

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El Papa Francisco en sus propias palabras

En una amplia entrevista concedida al semanario alemán Die Zeit en marzo pasado, el Santo Padre se refiere a temas como la fe, la crisis vocacional de la Iglesia, la bondad herida del hombre y los populismos que se viven en Europa. A continuación les entregamos una síntesis con los aspectos más relevantes de dicha conversación.

Por: Marcela Paz Muñoz Illanes
El Papa Francisco en sus propias palabras

Cuenta el Papa Francisco que todos los días reza con la oración de Santo Tomás Moro para pedir el sentido del humor y dice: “El Señor me da bastante sentido del humor”.

Pero también expresa en esa entrevista su inquietud por lo que considera, “la tercera guerra mundial”. Señala con preocupación: “Basta pensar en África, en Ucrania, en Asia, en el drama en Irak, en la pobre gente que ha sido expulsada. Es una guerra que se hace con las armas modernas, y hay toda una estructura de fabricantes de armas que ayuda en esto”. Los invitamos a conocer al Papa Francisco en sus propias palabras.

Idealizar a las personas es una forma de agresión

“No me considero un hombre excepcional”, afirma el Papa Bergoglio al responder a la pregunta acerca de si se siente apabullado ante las expectativas que tantas personas han puesto en él. “Soy un pecador”, “un hombre que hace lo que puede”, “común”. Siento que “no me hacen justicia con las expectativas”, “exageran”. “No se olvide –precisa– que la idealización de una persona es una forma sutil de agresión” y “cuando me idealizan, me siento agredido”.

Comprendo si a alguien no le gusta como actúo

El periodista le pregunta si le afectan los ataques que provienen del Vaticano. “No”, responde Francisco: “Desde el momento en que he sido elegido Papa no he perdido la paz. Comprendo que a alguien no le guste mi modo de actuar, pero lo justifico; hay tantos modos de pensar, es legítimo y también es humano, es una riqueza”.

 

“La crisis es para crecer en la fe. No se puede crecer sin crisis. La crisis es parte de la vida y una fe que no entra en crisis para crecer, generalmente permanece infantil”.

 

Crisis vocacional: problema grande

Con respecto a la crisis de vocaciones, el Pontífice observa que “es un problema grande” y “grave”. Donde no hay sacerdotes, falta la Eucaristía y “una Iglesia sin la Eucaristía no tiene fuerza. La Iglesia hace la Eucaristía, pero la Eucaristía hace la Iglesia”. Si faltan las vocaciones sacerdotales –dice– es porque falta la oración. También está el problema de la baja natalidad. Además, es importante el trabajo con los jóvenes, pero no hay que caer en el proselitismo. En efecto, también es importante hacer una selección, porque si no hay una vocación verdadera, después el pueblo sufrirá. De todos modos –añade–, el “celibato opcional no es la solución”. 

La crisis es para crecer en la fe

Ante la pregunta sobre sus momentos de dificultad, Francisco reafirma que ha tenido “momentos oscuros” y también “momentos vacíos”, que no comprendía. “Incluso situaciones feas” por su culpa, de pecado, que han hecho que se enojara con Dios. “Yo me enojo… y ahora –afirma riendo– me he acostumbrado”; pero el Señor –añade– “quiere más a los pecadores”. Y después, “la crisis es para crecer en la fe. No se puede crecer sin crisis”. “La crisis es parte de la vida y una fe que no entra en crisis para crecer, generalmente permanece infantil”. También Pedro “tuvo una fea crisis”; renegó a Jesús… “¡y lo hicieron Papa!”.

El periodista le pregunta: ¿Cómo se vuelve a la fe? “La fe –responde el Santo Padre– es un don: te la dan. La pido, y Él responde. ¡Antes o después, eh! Pero, a veces, debes esperar en una crisis”. Y en cuanto al miedo, dice: “Los miedos cierran las puertas. En cambio, la libertad abre las puertas”.

El hombre es una bondad herida, pero la maldad mata

El hombre ¿es bueno o malo por su naturaleza? “El hombre es imagen de Dios” –responde Francisco– “es bueno”, pero “ha sido tentado y se ha herido: es una bondad herida”, por tanto, “es débil”. “La maldad es otra cosa, más fea”. Por ejemplo: “Adán no fue malo. Fue débil, fue tentado por el diablo. En cambio, la primera maldad es la del hijo, la de Caín”, que mata no por debilidad, sino “por celos, por envidia, por deseo de poder… es la maldad de las guerras. Es la maldad que hoy encontramos en la gente que mata, mata al otro, la maldad” de quien fabrica armas.

Me hace mal la Iglesia que no es fiel

Se habla de los mafiosos que se hacen el signo de la cruz antes de matar: “Es una enfermedad religiosa”, afirma el Papa, y dice que esto lo enfada. Pero se enfada más –añade– cuando la Iglesia no da testimonio de fidelidad al Evangelio: “Eso me hace mal”.

Preocupado por los populismos en Europa

Ante la pregunta sobre los populismos de hoy, el Pontífice responde que se siente preocupado, al menos por los que se ven en Europa. Y subraya que detrás del populismo siempre hay “un mesianismo. Siempre. Y también una justificación”, la de preservar la identidad de un pueblo.

En cambio, los grandes políticos de la posguerra en el Viejo Continente “se han imaginado la unidad europea”, “una cosa no populista”, sino “una hermandad de toda Europa, desde el Atlántico hasta los Urales. Y estos son los grandes líderes que son capaces de llevar adelante el bien del país sin ser ellos el centro. Sin ser un mesías: el populismo es malo, y al final termina mal, como nos lo demuestra el siglo pasado”.

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