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Mar 2021 - Edición 249

2021 La escuela que viene

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Más posibilidades para los técnicos profesionales

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Es un crimen social que muchos jóvenes vean sus vidas truncadas porque sus recursos no les permiten acceder a una educación de calidad, dice el profesor de la Facultad de Economía y Negocios (FEN) de la Universidad de Chile Joseph Ramos. Con la Escuela Desarrollo de Talentos lo que buscan es, justamente, brindar una oportunidad.

Por Angélica Cabezas Torres

Estamos acostumbrados a ver al profesor Joseph Ramos en los medios de comunicación hablando de economía, pero en esta ocasión el tema que nos convoca es la educación técnico profesional, la “hermana pobre de la educación”. Apenas le mencionamos que la entrevista sería sobre la Escuela Desarrollo de Talentos, accede fascinado. Nos revela que el tema le apasiona, “estos jóvenes son héroes” asegura, porque sabe que el talento es el mismo, sin importar la cuna, las que faltan son las oportunidades. 

La Escuela Desarrollo de Talentos les entrega la oportunidad a alumnos de liceos técnicos profesionales de acortar la brecha. Mediante un programa intenso durante tercero y cuarto medio, les permite a los jóvenes acceder a la Universidad de Chile o a otros prestigiosos planteles de educación superior. A los interesados solo se les pide a cambio compromiso y ganas, cuenta el ex decano de la FEN y fundador de esta iniciativa. 

Hasta aquí la experiencia ha demostrado con creces que la apuesta es factible. Con una inversión anual de un millón de pesos por alumno, los resultados han sido significativos. Este año entró a la universidad la primera generación de estudiantes. De un total de 40 jóvenes, 33 ingresaron a la Universidad de Chile y Católica, y los siete restantes se dividieron entre la Universidad de Santiago, de Talca, Valparaíso, Diego Portales y Andrés Bello.  Joseph Ramos tiene claro que la solución de fondo es mejorar la educación desde el nivel preescolar en adelante, pero mientras tanto;  es urgente hacer algo por las generaciones que están hoy en la sala de clases.

“Estamos al debe con la educación de calidad, y en la facultad estamos conscientes de eso, porque siendo una universidad pública, dos tercios de nuestros ingenieros comerciales provienen de colegios particulares pagados, y el tercio restante que viene de liceos municipales o subvencionados, lo hace de los establecimientos emblemáticos”, revela el economista.

La idea de la Escuela Desarrollo de Talentos se originó con las movilizaciones estudiantiles de 2011 y para llegar al modelo que hoy proponen, conocieron de cerca experiencias que ya existían, como el propedéutico de la Universidad de Santiago o el Penta UC, e incluso los preuniversitarios. Sin embargo, ninguno coincidía a cabalidad con lo que en la Facultad de Economía y Negocios querían lograr. 

Lo que buscamos, agrega el profesor, es “darles a los estudiantes los elementos, el conocimiento y el aprendizaje que no tuvieron para que puedan sortear exitosamente una vida universitaria en una casa de estudios de primera como la Universidad de Chile”.

La experiencia que resultó ser más cercana fue el propedéutico de la Usach. “Lo visitamos y nos impactó positivamente, pero nos pareció insuficiente, nuestro programa tenía que ser más intenso”, aunque sí rescataron un elemento primordial. “Ellos tenían matemática y lenguaje y algo que denominaban gestión personal, que es aprender a organizarte, autodisciplinarte, perseverar, tratar de desarrollar ese tipo de atributos”, añade.

Los alumnos asisten a la Escuela Desarrollo de Talentos 10 horas a la semana: los martes en la tarde cuatro horas y los sábados seis. La distribución es de dos horas para lenguaje, seis para matemática y dos para gestión personal, “lo que yo llamo desarrollo de garras”, asegura Joseph. “El desempeño de tu vida no depende solo de tu cabeza sino de cuánto ñeque, autodisciplina y perseverancia tienes, y la buena noticia es que eso se puede desarrollar”.

Optaron por una duración de dos años, porque “nos permite profundizar los conocimientos más allá de un preuniversitario y no queríamos que fuera más de dos o tres años porque, si no, ya estamos llegando a una reforma educacional”, explica Ramos. 

¿Quiénes participan?

Querían demostrar que hay una gran cantidad de jóvenes en enseñanza media que, si recibieran una buena educación, serían capaces de entrar a universidades de primera, así que apostaron por la educación técnico profesional. “Hay muchos jóvenes que están en la enseñanza técnica porque no tuvieron otra opción, y además, un tercio de ellos postulan a la universidad”, revela Joseph.

Comenzaron a trabajar con ocho establecimientos de Santiago, siete municipales y uno subvencionado. Para la primera generación convocaron al 10% mejor de cada curso, es así como llegaron 65 alumnos; luego de una “campaña del terror”, dice Joseph, 62 alumnos accedieron a entrar. “Nos reunimos con ellos y les dijimos: Esto te puede cambiar la vida, pero es sangre, sudor y lágrimas. Aquí vamos a ser duros, vamos a ser rigurosos en asistencia y atrasos, les vamos a dar tareas. Va ser duro porque te tienes que mantener en el liceo y al mismo tiempo acá”. 

De la primera generación, 42 jóvenes egresaron, así que para la siguiente se fijaron como meta minimizar el abandono. Bajaron el requisito de notas del 10% mejor al 15% para tener más aspirantes. Eso aumentó el número de postulantes a 140 alumnos, nuevamente aplicaron la “campaña del terror”, pero esta vez les dieron una serie de tareas que debían desarrollar entre el 15 de diciembre y el 15 de enero. 

“Queríamos ver si su entusiasmo era suficiente para que se organizaran y tuvieran las garras mínimas. De los 140 seleccionados, quedaron 60”, recuerda Joseph. Esta vez no primaron solo los conocimientos y estaban en el camino correcto, de esa segunda generación apenas abandonaron seis. Hoy están en su último año de la Escuela Desarrollo de Talentos y se aprontan a rendir la PSU. 

Si bien el avance que logró la primera generación es muy destacable, el profesor está convencido de que esta segunda tendrá mejores resultados, porque han ido aprendiendo de los errores y, además, la elección de los alumnos también se basó en el espíritu de superación y compromiso.

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