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Sep 2020 - Edición 244

Tecnologías ¿De enemigas a aliadas?

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Las mediciones son buenas herramientas si son bien usadas

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La validación entre los profesores de los mecanismos de evaluación que les son aplicados, fue una de las discusiones que entramparon la Ley de Carrera Docente en el Congreso. El  gremio de los profesores plantea que las pruebas disciplinarias que se les han hecho hasta hoy, se han estigmatizado. Al respecto, conversamos con Jorge Manzi, director de Mide UC, entidad encargada de implementar anualmente la Evaluación Docente, desde sus inicios en 2003.

Por Angélica Cabezas Torres

Jorge Manzi concuerda con el estigma que ha marcado a las pruebas de evaluación, pues asegura que efectivamente existe una “cierta tendencia en los últimos años, en distintos países, de aprovechar las mediciones educacionales para asociarles consecuencias, tanto positivas como negativas. Todo eso ha creado un ambiente de alta sensibilidad y de tensión, de amenaza, que muchos experimentan con las mediciones”.  El académico asegura que el desafío está en lograr el equilibrio entre exigencias y consecuencias, además de brindar el apoyo adecuado a los profesores para mejorar.  

—¿Cómo  se  deben abordar las mediciones para que tengan un real impacto en los aprendizajes? 

—Tenemos que preguntarnos primero qué rol deben cumplir y cómo queremos usarlas para que cumplan ese rol. Todos querríamos que las mediciones fueran herramientas de apoyo al proceso de mejoramiento educativo, es como una declaración de principios inicial, pero lo que es menos claro es cómo eso se traduce en la práctica. Algunos han creído que la forma de asegurar esa conexión entre pruebas y mejoramiento es justamente ponerles consecuencias a las evaluaciones.   

—Entonces, ¿son útiles las  mediciones? 

—Son buenas herramientas para el proceso de mejora educativa cuando se ocupan de manera prudente; es decir, no se les asocian consecuencias exageradas, y cuando se acompañan de apoyo para que su uso sea efectivo, y esto tiene que ver con aprender a interpretar adecuadamente las mediciones. Se requiere de planes para saber qué significa el puntaje, entender cómo se puede mejorar aquello que el puntaje indica que no está funcionando bien y tener recursos para que esos planes de mejoramiento se puedan implementar.    

—En relación a otros países,  ¿cómo estamos en cuanto a cantidad de mediciones? 

—Suponer que somos el país más extremo, me parece aventurado. Hay naciones con estructuras federales, como EE.UU. por ejemplo, donde la combinación de mediciones que reciben las escuelas, entre las nacionales y las mediciones de cada estado y a veces de distrito, es muy superior a las que nosotros tenemos. 

Entre quienes lo hacen bien en educación, existen algunos que miden bastante y otros, muy poco. No hay un patrón claro, de hecho la OCDE, que tiene la prueba PISA, en general encuentra que la existencia de mediciones no es en sí misma un elemento que esté claramente correlacionado con que le vaya bien o mal a un país. Lo que debemos tener claro es que si tenemos mediciones, hay que saber aprovecharlas y transformarlas en herramientas de mejoramiento real, como lo hace Nueva Zelandia.  

Existen naciones donde las mediciones son más necesarias y en otras no, como por ejemplo en Finlandia.  Es un país que está estructurado de una manera diferente y allí las evaluaciones son apenas un pequeño ingrediente en las diferencias que tenemos; si nos vamos por ese lado, nos vamos a equivocar drásticamente.  

—¿En Chile son necesarias? 

—Para el estado de desarrollo que tiene la educación en Chile, yo diría que las mediciones tienen un valor, para visibilizar situaciones, identificar problemas que tienen que ser abordados, y orientar acciones, pero lo que necesitamos son profesionales que puedan aprovechar esas señales. 

Carrera Docente  

—En la nueva Ley de Carrera Docente, los avances profesionales y de remuneración van ligados a evaluaciones y antigüedad.  

—En numerosos países, incluido el nuestro, el progreso en la carrera docente y en las remuneraciones ha estado históricamente asociado al paso del tiempo. Es un proceso totalmente ciego con respecto a si esa persona durante ese periodo se ha perfeccionado y ha mejorado sus habilidades profesionales. Premia por igual a todos, por decirlo así.  Al final, también castiga por igual a todos, porque es una profesión desgastada, que no ha sido bien reconocida y, por lo tanto, los incrementos con el paso del tiempo siempre fueron bajos y eso ha sido insatisfactorio. En ninguna parte del mundo se considera que esto funcione bien. 

La nueva carrera docente reconoce el paso del tiempo, no lo ignora. Pero dice “queremos que los profesores sean profesionales que vayan demostrando al menos cada cierto tiempo, cómo han progresado en aspectos fundamentales de su quehacer, en su preparación”. Para eso se estableció una prueba de la disciplina, y en términos de su capacidad para plasmar esa preparación en su acción pedagógica, eso se va a reflejar en un portafolio enriquecido. 

—¿Cuáles son los desafíos de la evaluación docente? 

—La OCDE hizo una revisión bien sistemática de la evaluación docente chilena y sus conclusiones han sido muy positivas respecto de la calidad técnica del sistema, cómo está funcionando, sin perjuicio que también identificó un problema que es que la evaluación docente chilena tiene un mayor uso con fines de responsabilizar que con fines de apoyo, y eso es un dilema con el que yo concuerdo. 

La evaluación docente ha servido para muchos aspectos positivos. Desde un comienzo se usaba para identificar dónde estaban las verdaderas necesidades de mejoramiento de los profesores. Previo a la evaluación docente había un juicio muy categórico, se pensaba que los profesores estaban mal preparados en todo. Con la evaluación docente pudimos saber que había aspectos donde los profesores estaban mejor preparados y otros en que tenían más dificultades.  Con el tiempo se han mejorado en varios indicadores.  

Con la aprobación de la Ley de Carrera Docente se abre un nuevo escenario que nos va a hacer discutir cuál es el sentido que debiera tener una evaluación docente adicional.  Ya no es tema si vamos a tenerla o no, ahora la pregunta es qué tipo de medición queremos para ayudar a los profesores a mejorar. 

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