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Nov 2020 - Edición 246

Deserción escolar, todavía estamos a tiempo

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La sala de clases en conflicto

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¿Por qué siguen aumentando las denuncias de bullying? ¿Por qué crece el número de jóvenes que ingiere alcohol? ¿Es posible resolver estos problemas? ¿Cómo se afecta el rendimiento escolar? Son algunas de las preguntas que buscamos responder en este reportaje.

Por Marcela Paz Muñoz Illanes

Pedro llegó ese día a su escuela con un arma cortante y punzante, que traía escondida al interior de su bolsillo. Sólo quería jugar con ella y hacer pasar un mal rato a Juan, el compañero que se reía a diario por su apariencia física. Su madre le había dicho que no importaba, pero él la regañaba diciendo: “Me tengo que vengar sí o sí”. En todo caso, no era la primera vez que un niño se burlaba de Pedro.

Afortunadamente, nada le sucedió a Juan, porque pudo intervenir una de las profesoras encargadas de cuidar el recreo. No ocurrió ni ese día ni en los meses siguientes. Ni menos ahora, porque casos como ésos en la Escuela Araucarias de Conchalí son “un recuerdo del pasado”, cuenta su directora, Isabel Carmona.

Lograron erradicar el bullying en la escuela con una novedosa estrategia: los “recreos entretenidos”. Con recursos de la Ley Sep, se las ingeniaron para armar canchas de fútbol, mesas de ping pong, quioscos de revistas, huertos botánicos y disminuyeron casi al 100% los casos de acoso escolar en la escuela. “No sólo eso, además conseguimos aumentar la asistencia a clases, porque era tan alto el interés de los alumnos por participar en cada una de las actividades, que estaban apostados en la escuela antes que se abrieran las puertas del establecimiento”.

Una buena noticia para la comunidad escolar, porque el acoso escolar sigue siendo una importante preocupación. Según las cifras de la Superintendencia de Educación, el año pasado las denuncias por bullying aumentaron en un 28%.

Es que, desgraciadamente, explica la psicóloga de Valoras UC, Isidora Mena, “existen establecimientos en que no ocurren episodios de bullying, y otros que ¡los fomentan! Si hay un sistema de formación del colegio, que enseña a respetar a los demás, a empatizar con sus dolores y a defender el ambiente de paz, los conflictos con violencia no pasarán de ser pequeños actos, propios de niños y jóvenes ‘en proceso’ formativo, que se abordarán de inmediato. Y por el contrario, una institución que de alguna manera hace sentir mucho miedo y rabia a los estudiantes, ya sea por su exceso de exigencia y métodos punitivos, fomentará los fenómenos violentos, como el bullying”.

Atendiendo a la necesidad de prevenir casos de violencia escolar es que hace unos años se creó el “Plan Escuela Segura”, para fortalecer un ambiente seguro y protector en todos los establecimientos educacionales del país. No obstante, actualmente esa instancia está en evaluación. Según Pamela Yáñez, profesional de la Unidad de Transversalidad Educativa de la División de Educación General del Ministerio de Educación, “se encuentra en revisión, precisamente, porque se intenta determinar si incide o no en mejorar la convivencia escolar. Nuestra impresión es que no, que se necesita un esfuerzo formativo mucho más amplio. Estamos evaluando su efectividad”.

El alcohol también irrumpe

Además de casos como el de Pedro, el alcohol llegó también a la sala de clases. Actualmente, Chile se ubica entre los cuatro países con mayor abuso de alcohol entre adolescentes, luego de Inglaterra, Dinamarca y Finlandia. De hecho, según las cifras de Senda (Servicio Nacional de Prevención y Rehabilitación del Consumo de Drogas y Alcohol), “un 33% de los jóvenes de entre 13 y 15 años ha estado borracho por lo menos dos veces”.

Justamente, el director de Centro de Políticas Comparadas en Educación, Ernesto Treviño, señala que el incremento en el consumo de alcohol se debe “a la falta de sentido de vida que permea nuestra sociedad. Estudiamos, trabajamos, ganamos dinero, formamos familia, nos separamos, y eventualmente morimos. Nuestros esfuerzos se centran mucho en lo económico y muchas veces no tenemos una misión sustantiva que cumplir. La desazón que genera este horizonte futuro es una de las causas del mayor consumo de estimulantes, y pasa por los padres de los niños que hoy forman parte del sistema educativo”.

En segundo lugar, el uso de estimulantes es parte de la experimentación de los jóvenes en las sociedades modernas. “No todos serán alcohólicos o drogadictos en el largo plazo, sino que es parte de la búsqueda de identidad. Además, la gran mayoría de nuestros niños y jóvenes proviene de familias de clase baja o media baja (70%), donde ven con frustración que sus oportunidades están marcadas por su origen”.

Se suma a esa apreciación el sicólogo y director del Centro de Estudios Evolutivos e Intervención en el Niño (CEEIN) y director del Magíster Salud y Mental infantil, Felipe Lecannelier, para quien el incremento está también marcado porque el alcohol (se cree) aumentaría la popularidad entre los jóvenes. “Los adolescentes buscan ser aceptados y valorados por sus pares, y el consumo permite aquello porque esa droga desinhibe al joven y le da más herramientas sociales. Pero, además, es socialmente aceptado y se relaciona con quien es más popular”.

No hay que olvidar la existencia de factores personales en el consumo de alcohol, que “puede volverse habitual debido a experiencias personales estresantes, dificultades familiares, relacionadas con situaciones de negligencia emocional y/o violencia y estrés en la familia”, advierte Lecannelier.

¿Cómo afecta el rendimiento?

Para Ernesto Treviño, “la relación entre rendimiento académico y clima escolar pareciera capturar un conjunto de procesos pedagógicos y escolares que se agrupa en este índice de clima escolar. Uno de los elementos clave son las buenas relaciones entre toda la comunidad en general, es decir, alumnos, docentes y directivos».

Respecto del bullying, asegura Treviño, “es muy difícil para los colegios atacar ese flagelo por varios motivos. En primer lugar, por razones culturales, a veces creemos que las ‘bromas’ entre alumnos son normales, y no detectamos cuando los episodios suben de tono y se convierten en un acoso consistente a lo largo del tiempo. En segundo lugar, la regulación actual hace que las escuelas compitan entre sí por estudiantes, y los casos de bullying son pésima publicidad. Por ello existen incentivos perversos para ocultarlos y salvar la imagen de los establecimientos antes de resolver los problemas”.

Según la psicóloga de la UC, el que sigan existiendo situaciones de bullying en el país se debe a muchas variables. “Desde las más simples, como que un grupo de estudiantes estaba aburrido, jugando en Internet y de pronto se les ocurre subir al Facebook del curso una foto que ridiculiza a un compañero cualquiera, y el curso reacciona burlón, y el compañero se pone a llorar, y de ahí para adelante queda como el llorón. A veces se trata de estudiantes que han sido alguna vez víctimas en cursos o colegios anteriores. Otras, de alumnos que por una razón u otra tienen mucha rabia: desde abusos sexuales, hasta negligencia (que es también un abuso hacia los niños), o sensación de marginalidad de sí mismos o sus familias, o bien por conflictos familiares”.

Tolerancia cero al alcohol

Sobre el alcohol, “lo importante –que se ha demostrado que funciona– es implementar un programa de prevención que opere en los diversos niveles, actores y sistemas del colegio, donde se utilicen un número de horas a la semana para ir trabajando esta temática”, opina Lecannelier. Es decir, un programa ordenado, continuo, con etapas y estrategias claramente definidas, donde no sólo se informe sobre el consumo del alcohol y sus consecuencias, sino que se enseñen estrategias alternativas (y más sanas) para enfrentar y lidiar con los problemas.

Por el contrario, advierte el psicólogo, “implementar acciones aisladas, esporádicas e interrumpidas (por ejemplo, charlas), no parece tener un impacto positivo. Es clave, en todo caso, remarcar que gran parte del éxito de este tipo de programas reside en el nivel de motivación e involucramiento de los profesores, ya que ellos son el contacto y vínculo inmediato y presente con los alumnos”.

Respecto de los padres, el psicólogo recomienda, “actualmente se suele hablar del concepto de ‘monitoreo parental’. Es decir, que aquellos padres que saben dónde están sus hijos, qué es lo que hacen en su vida cotidiana, a qué se dedican, etcétera, suelen presentar menos consumo. En concreto, se trata de apoderados que ‘mentalizan’ a sus hijos; en consecuencia, que son capaces de conocerlos a nivel psicológico y emocional, que pueden empatizar con ellos, que se preocupan de quiénes son y qué les pasa, que buscan comprenderlos y ayudarlos, y que por sobre todo, expresan directamente todas estas capacidades, suele estar asociado también a un menor consumo por parte de los jóvenes”.

En todo caso, advierte Lecannelier, “la idea de monitoreo no quiere decir control parental y autoritarismo, sino más bien implica una actitud emocional y mental del padre al que le interesa conocer a su hijo, y esta actitud empieza desde los primeros años de vida del niño”.

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