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May 2019 - Edición 230

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La neurociencia en la primera infancia

Conoce Conversemos Mamá, el programa que utiliza la neurociencia para fortalecer el cerebro durante la primera infancia.

Por: María Salazar
La neurociencia en la primera infancia

Todo partió en una conversación entre amigos el 2014, en la que uno le pregunta al otro cuál será la mejor manera de atacar el problema del lenguaje en sectores de escasos recursos. Su oyente no sólo coincide con él, sino que también argumenta que los chilenos entienden poco de lo que leen y que urge hacer algo al respecto.

Uno de ellos era Pablo Rosenblatt, actual director ejecutivo de Conversemos Mamá, el programa privado que busca mejorar la capacidad lingüística de los niños desde su gestación, a través del conocimiento científico otorgado por la neurociencia sobre la protección y desarrollo neurocognitivo del cerebro.

Esta iniciativa, además cuenta con un plan de estimulación temprana aplicado a un grupo de madres gestantes y lactantes en condiciones de vulnerabilidad socioeconómica, buscando empoderarlas en su papel protagónico en la estimulación del cerebro del feto y el lactante.

“Las investigaciones sobre aprendizaje demuestran deficiencias cognitivas en la población más vulnerable del país, originándose condiciones de desigualdad desde la gestación y la primera infancia. Durante los primeros mil días de vida hasta los dos años, se conforma gran parte de la arquitectura cerebral, y de las capacidades de aprendizaje y lenguaje”, explica Pablo, quien es biólogo, médico y cineasta.

Para este profesional, también existen factores que pueden estimular o inhibir tempranamente la arquitectura cerebral óptima del feto o bebé, como la influencia de las interacciones sociales y del entorno. “Tanto el estrés de la madre como la falta de estimulación lingüística temprana, afectan seriamente el desarrollo de conexiones cerebrales robustas, desencadenando a corto y mediano plazo, un déficit en la capacidad lingüística, problemas de conducta, aprendizaje y atención en los niños”, dice.

En este sentido, el programa Conversemos Mamá permite la detección y disminución del estrés y la ansiedad de las madres en condiciones de vulnerabilidad social, ya que promueve un espacio de conversación, contención y aprendizaje, acompañado de yoga y meditación. Asimismo, pone a disposición de estas narrativas científicas, videos, registros audiovisuales y los principios activos clave de la neurociencia, con los que pueden apoyar el desarrollo saludable de niños y niñas.

“Este trabajo conlleva beneficios sólidos y positivos que permiten un desarrollo más saludable del cerebro de los niños y niñas en sus aspectos emocionales y funcionales. Al contar con esta nueva realidad y un entorno más nutritivo, los niños crecerán más sanos”, concluye Pablo.

Una pequeña y sólida experiencia

El programa Conversemos Mamá se ha implementado gradualmente en tres municipios de la Región Metropolitana: Recoleta, Santiago y Huechuraba, con lo que se pudo levantar una investigación publicada tanto en Estados Unidos y Chile, así como también participar en una publicación inserta en el periódico del Centro de Estudios Públicos (CEP) el 2016.

En la actualidad y gracias a la alianza que tiene con el Comité para la Infancia y la Familia (CIF), está llevando a cabo diversos talleres en la comuna de Santiago, como “Mamá-gestante”, dirigidos a mujeres embarazadas del primer ciclo del programa; y el “Taller Lenguaje y Crianza”, enfocado a entregar herramientas de la neurociencia a madres y padres con hijos entre 13 y 24 meses de vida.

Asimismo, el programa ha implementado el “Taller de Educadoras” en seis jardines infantiles de Santiago, los cuales se ejecutan tanto en los Centros de Salud Familiar (CESFAM), como centros comunitarios y los mismos jardines infantiles, privilegiando lugares cercanos a los hogares de cada participante para facilitar su asistencia.

Cuando se le pregunta a su director ejecutivo, de qué manera los educadores o técnicos en párvulos, pueden contribuir al desarrollo temprano y estimulación lingüística de niños y niñas hasta los 3 o 4 años, este comenta lo positivo que sería que este tipo de profesionales contara con conocimiento en neurociencia.

“Para que la comunidad educativa del tramo etario de los 0 a 4 años replique la metodología del programa, es fundamental que se capacite en los conocimientos teóricos y estrategias que fomenten hábitos neuroprotectores en los niños y niñas de salas cuna y jardines infantiles”, dice Pablo Rosenblatt.

Para esto, los interesados podrán inscribirse en los distintos Talleres de Mediadores disponibles en el sitio web www.conversemosmama.com a partir de agosto de 2018.

 

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