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Sep 2020 - Edición 244

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La música y las artes en el currículum escolar

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En una entrevista del diario El Mercurio realizada hace algunos meses, el Premio Nobel de Economía 2000 James Heckman señalaba que “el propósito de la educación va más allá que solo aprender a multiplicar o aprender español”. Heckman es crítico respecto de la reforma educacional en Chile, que busca dar más preponderancia al lenguaje y a las matemáticas, reduciendo las horas destinadas a otras materias, como la música. Conversamos con Alejandra Falabella, investigadora del CIDE (Centro de Investigación y Desarrollo de la Educación) de la Universidad Alberto Hurtado, sobre la urgente necesidad de incluir la música en el currículum.

Por Marcela Paz Muñoz Illanes 

En opinión de los expertos, los test capturan solo una parte de lo que producen las escuelas y, de hecho, enfocándose en eso, las pruebas desestiman las actividades de los colegios en otras dimensiones. ¿Crees que el sistema educacional chileno está enfocado en lo cognitivo y en la habilidad de resolver pensamientos abstractos, pero deja de lado otras habilidades de los alumnos?

Toda prueba estandarizada, como el Simce, evalúa algunas áreas del currículum. Las pruebas siempre son una selección parcial de lo que interesa evaluar; es imposible que un test pueda captar toda la complejidad de los procesos de enseñanza-aprendizaje que ocurren en la escuela. 

¿Dónde está lo problemático? El problema se da cuando se utilizan los resultados de dichas pruebas como si efectivamente ellos definieran la calidad de una escuela, dándoles un estatus de juicio absoluto, que además se ligan a premios y a sanciones. 

Podemos utilizar pruebas nacionales, junto a otro tipo de evaluaciones, que nos aporten información respecto a los avances y debilidades de los aprendizajes de los alumnos. Pero no se deben utilizar esos resultados para ser publicados en los medios, clasificar a las escuelas, ni vincularlos a incentivos y castigos. Ello implica tergiversar el sentido y la finalidad de la educación escolar. 

El Premio Nobel de Economía en la entrevista realizada por El Mercurio llama a ser muy cuidadosos “cuando se está lidiando con el sistema de conocimiento porque —enfatiza— el propósito de la educación es mucho más amplio que aprender a multiplicar o aprender español. Hay otros aspectos como la música, las ciencias sociales, la educación física, la ciencia, que abren la mente a nociones más amplias que estimulan la curiosidad”.

¿Coincides con el hecho que se le da menos importancia dentro del currículum a la música?

Las escuelas deben evidenciar sus logros y su valor por medio de indicadores medibles y verificables en un corto plazo. Sin embargo, sabemos que la calidad de los procesos educativos no se puede reducir a ello. Lamentablemente, las políticas de rendición de cuentas por resultados (como Simce, entre otros) promueven que las escuelas focalicen sus mayores esfuerzos y recursos en aquello que es evaluado, publicado en los medios y que contempla consecuencias para los equipos escolares. Lo medido y lo demostrable en un corto plazo adquiere una gran preponderancia, en contraposición de aquello que no se mide en las pruebas, como es la música, entre otros ámbitos del currículum. 

De hecho, todas las escuelas que reciben Subvención Escolar Preferencial (SEP) deben cumplir metas Simce anuales, lo que es un error desde mi perspectiva. El Simce sirve para evaluar algunos logros del sistema escolar en su conjunto, pero no puede utilizarse como un instrumento para definir los objetivos de la escuela. Estamos llevando la cola por delante.

En la misma entrevista de ese diario, el premio nobel señalaba su preocupación por la política educacional que acaba de ser anunciada en Chile, sobre todo a la luz de la experiencia del programa “No Child Left Behind” (Que ningún niño se quede atrás), ley que entró en vigencia en 2002 en Estados Unidos, bajo la presidencia de George Bush, y que asocia el financiamiento escolar a mejoras en las notas de los test.

Dicho programa está enfocado a dos tipos de actividades: el idioma inglés y la destreza en matemáticas, reduciendo aspectos como la educación musical y la educación física, entre otras.

¿De qué manera es posible incrementar las horas  de música en el actual currículo escolar?

Aumentar las horas de música es factible, pero para ello se requiere un cambio de paradigma del modo que concebimos la educación escolar. Las políticas de rendición de cuentas por resultados han empobrecido la promoción de una educación integral en nuestras escuelas. Se requiere no solamente un cambio en el horario escolar, sino un cambio de enfoque consistente con ello, en que nuestra carta de navegación sea el currículum y no el Simce. 

La música y el arte permiten desarrollar en los alumnos habilidades blandas, una aptitud que está siendo evaluada por la prueba PISA. ¿Es factible que pueda ser incorporada también a las evaluaciones chilenas? Si es así, ¿a través de cuál metodología?

Es un error utilizar la evaluación estandarizada como mecanismo para que las escuelas le den mayor importancia a una asignatura. Justamente esa ha sido la política hasta ahora, y nos hemos llenado de pruebas Simce. Agregar más pruebas no mejora la calidad de la educación. Por el contrario, ello ha generado equipos escolares sobrecargados, estresados, trabajando en función de cumplir y demostrarle a un externo el cumplimiento de indicadores, lo que he llamado “la gestión de la demostración”.

Si queremos promover una educación integral y mejorar su calidad se requiere pasar de un enfoque que pone el énfasis en las mediciones y sanciones, a poner el foco en la formación docente inicial y continua, la promoción de proyectos de innovación, la participación de las comunidades escolares y la mejora sustancial de las condiciones de los docentes para preparar y desempeñarse de mejor manera en su trabajo educativo. 

De hecho, según Heckman, hoy existe una obsesión con estas pruebas debido a que la política educacional pierde una dimensión importante del desempeño humano.

En su opinión, los test capturan solo una parte de lo que producen las escuelas y enfocándose en eso, las pruebas desestiman las actividades de los colegios en otras dimensiones. “Estamos enfocados en lo cognitivo y en la habilidad de resolver pensamientos abstractos, pero por experiencia personal mucha gente sabe que hay más cosas aparte de pura inteligencia y cognición que son requeridas, pero no las medimos. 

 

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