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Abr 2021 - Edición 250

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La irrupción de las habilidades blandas

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Ser flexibles, proactivos y saber trabajar en equipo son algunas de las destrezas socioemocionales que los empresarios están demandando. La educación científico-humanista parece seguir al debe en esa materia, a diferencia de la Formación Técnica Profesional. La clave pasa por implementar buenas prácticas pedagógicas, más que realizar cambios en el currículo.

Por Marcela Paz Muñoz Illanes

“Imagínense una sala de operaciones donde hay un cirujano, un anestesista y una enfermera. Cada uno conoce su rol, por eso tienen que ser capaces de coordinarse entre ellos y comunicarse. Claramente, hay una interdependencia, porque si uno falla, el otro también”. Así definía Chi Kii Looit, especialista del Instituto Nacional de Educación de Singapur en su última visita a Chile, el “trabajo colaborativo”, una habilidad blanda no cognitiva que será incorporada en la prueba PISA de 2015.

Existe plena coincidencia “de que el siglo XXI requiere del uso de información y resolución colaborativa de problemas. Actualmente es abundante y de fácil acceso. Por ello es indispensable desarrollar la capacidad de comprender, discernir, buscar y contextualizar en los alumnos”, explica Luz María Budge, presidenta del Consejo de la Agencia de la Calidad de la Educación.

Se trata de aptitudes que junto al trabajo en equipo, la autonomía, la proactividad, la capacidad de identificar y resolver problemas, el liderazgo y la flexibilidad son propias de la sociedad moderna. “Los objetivos educacionales no debiesen estar solamente restringidos a los contenidos curriculares, sino que también a las habilidades blandas. Además, estas últimas son hoy las más requeridas por las empresas al momento de contratar profesionales”, explica Álvaro Vargas, gerente general de Trabajando.com Chile.

Aquellas destrezas determinan la manera cómo se va a desempeñar esa persona en el futuro. “Viéndolo de una forma simple, los conocimientos duros y tradicionales de la academia (Matemática, Lenguaje, Física, Química, Economía) son herramientas, pero las habilidades sistémicas o también llamadas blandas, determinan cómo las utilizamos”, asegura el experto de Trabajando.com Chile.

Carencias actuales

«El problema es que en la región estamos mal en las habilidades cognitivas, de dominio de conocimientos básicos. A eso se agrega el hecho que los empresarios y el mercado laboral demandan destrezas blandas que hoy el sistema educativo tampoco está desarrollando», señala Marina Bassi, especialista en educación del Banco Interamericano de Desarrollo (BID).

«El 90% de los empresarios que encuestamos en Argentina, Brasil y Chile nos dijeron que en los últimos cinco años la demanda de estas habilidades había cambiado o aumentado. Esta es una transformación que se da muy rápido y el sistema educativo debe ir reinventándose para responder a aquellas. Eso ocurre en todo el mundo», explica Marina Bassi.

A diferencia de la educación Científico-Humanista, los Centros de Formación Técnica han logrado formar en sus alumnos ese tipo de destrezas. “Desconocemos si ello se debe a la malla curricular o al perfil del estudiante que desde sus inicios está enfocado al mundo del trabajo”, explica la experta del BID.

Cuenta que en el año 1993, Estados Unidos creó una comisión para determinar los requerimientos del mundo de las escuelas. Luego se generó el informe “SCANS”. “En él se destacaba la importancia de trabajar en la formación de competencias sociales e instrumentales fundamentales. Lo que hoy conocemos como habilidades blandas es una combinación entre desarrollo ético y moral, capacidad de interacción, de reflexión, de empatía y comunicación”, explica Budge.

“Es absolutamente cierto que las habilidades blandas son sin duda el gran factor diferenciador que eventualmente podría dejar dentro o fuera de una terna laboral a un candidato. Por lo tanto, las casas de estudio – tanto las universidades como las escuelas- tienen como deber despertar en los alumnos habilidades sistémicas, descubrirlas, desarrollarlas y potenciarlas”, señala Álvaro Vargas.

Sin embargo, a la hora de evaluar las habilidades socioemocionales en los alumnos también existe una dificultad. Cuenta Marina Bassi que hasta ahora las mediciones eran hechas por sociólogos. “Pero hoy están cada vez más incorporados métodos de monitoreo en el sistema educativo, de forma sistemática. Por ejemplo, el PIAAC (Programa para la Evaluación Internacional de las Competencias de los Adultos), que mide competencias y uso de habilidades en el trabajo, y que se aplica a jóvenes de 16 hasta adultos de 65 años, lo que incluye a toda la fuerza laboral”.

Los resultados de la segunda ronda de encuestas PIAAC se publicarán el 2016. “Chile será el único país latinoamericano incluido en la medición”, dice Marina Bassi.

“Hoy en día, además de que los estudiantes cuenten con amplios conocimientos técnicos en una materia específica, es necesario que posean pensamiento analítico y aptitudes blandas desarrolladas que les permitan desempeñarse de mejor manera en un puesto de trabajo”, explica Beatriz Fernández, senior consultant de Randstad Chile, empresa que realizó un estudio sobre el desempeño de los estudiantes chilenos y la forma cómo se enfrentan a su vida profesional.

Innovaciones en el currículo

A juicio de Vargas, el sistema educacional no está abordando lo que se denominan habilidades sistémicas o blandas. “Si bien muchas destrezas vienen con el ADN, la mayoría se pueden desarrollar, pero requieren de trabajo”. Lo que sucede es que los profesionales egresan de sus carreras profesionales y/o técnicas con conocimientos duros propios de cada profesión, pero son las habilidades sistémicas las que marcan la diferencia entre un profesional y otro. “Es allí donde la formación superior debe hacer hincapié, crear planes, programas, talleres y actividades que ayuden a los alumnos a encontrarlas, formarlas y desarrollarlas. Debería ser obligación de estos establecimientos fomentarlas y potenciarlas”, explica Vargas.

Sin embargo, para dar en el clavo lo que se requiere es realizar cambios en las prácticas pedagógicas, más que modificaciones en el currículo. Para Marina Bassi, “no se necesita contar con una asignatura para enseñar autoestima, sino hay que inducirla por medio de las prácticas de otras materias como en Matemática, en Lenguaje, etc.” Similar opinión tiene Luz María Budge quien agrega que los establecimientos son la base de la educación para la sociedad y por lo tanto les compete directamente la formación integral de cada individuo. «No es necesario hacer adecuaciones ni ajustes curriculares de ningún tipo ya que las bases consideran esta formación. Es clave que cada institución, en su proyecto educativo, trabaje con los alumnos todo aquello que les permita el máximo desarrollo de sus potenciales”, explica.

En tercer lugar se necesita una mayor coordinación entre las casas de estudio y las empresas, ya que numerosas instituciones desconocen la realidad laboral, como también las necesidades de hoy en día en las industrias. “Si los establecimientos educacionales supiesen qué buscan las empresas y cómo se está moviendo el mundo laboral, estarían cambiando su malla, formando profesionales integrales, con competencias sistémicas que les permitan adaptarse a los tiempos, a distintos grupos de personas y necesidades de las mismas”, concluye Álvaro Vargas.

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