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Sep 2020 - Edición 244

Tecnologías ¿De enemigas a aliadas?

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Evaluación docente: ¿Debe ser la prueba Inicia requisito para la acreditación?

Malos resultados en la prueba Inicia, acreditación de instituciones formadoras cuestionada y baja evaluación docente. Además, estudios cuestionan que alumnos egresados de carreras con más años de acreditación obtienen mejores resultados.

Será necesario, entonces, regular mejor el sistema? ¿Qué pasa con la prueba Inicia? ¿Qué se espera de la nueva carrera docente? ¿Es la acreditación un referente? Pareciera que la solución pasa por perfeccionar cada uno de los procesos.

Según los puntajes arrojados por la prueba Inicia -medición para egresados de pedagogía- cerca del 69% alcanzó nivel insuficiente en conocimientos, el 42% de ellos tuvo un desempeño insuficiente en el área pedagógica, mientras que en educación de párvulos, alcanzaron un 54% de respuestas correctas.

Hasta ahora, la prueba Inicia es una medición voluntaria, que ha sido cuestionada por evaluar nada más que “competencias profesionales generales (capacidad de expresarse por escrito en forma adecuada y manejar tecnologías de información y comunicación), conocimientos sobre las asignaturas o disciplinas que se enseñarán y sobre cómo enseñarlas. No se interrogan aptitudes pedagógicas como: demostrar que es capaz de “poner en acto” esos conocimientos y, manejar un curso adecuadamente, estructurar una clase, seleccionar los materiales o responder apropiadamente a la intervención de los alumnos”, asegura Lorena Meckes, investigadora del Centro de Estudios de Políticas y Prácticas en Educación de la Universidad Católica (CEPPE).

Existe otra forma de evaluar el trabajo que realizan las instituciones formadoras de los futuros docentes. Se trata de la acreditación o «certificado de calidad” obligatorio que se les entrega respecto de las carreras que imparten. En el caso de las Pedagogías, al igual que Medicina, ese mecanismo es obligatorio, como lo establece la Ley20.129 en su artículo 27.

¿Qué se mide en ese proceso? Supuestamente, el cumplimiento del proyecto y la existencia de procedimientos que resguarden la calidad de cada establecimiento con el objetivo velar por la excelencia académica. Ese trabajo, a su vez, será examinado a fines de este año por un grupo de expertos internacionales de la Organización para la Cooperación y el Desarrollo Económico (OCDE).

Resultados deficientes

No fueron buenos los puntajes de Inicia y se cuestionaron muchas de las instituciones que estaban acreditadas. Pero también, fue fuertemente reprochada la última medición docente realizada por el Ministerio de Educación (Mineduc). Quedó en evidencia la escasa o nula preparación de los profesores no sólo en Matemática, sino que a nivel general. Peor aún, en el último lugar se ubicó la interacción pedagógica y reflexión, lo que quiere decir que «los alumnos no aprenden», dijo el ministro de Educación, Harald Beyer, en esa oportunidad.

A esos antecedentes se suma el estudio realizado por el CEPPE -“¿Producen mejores resultados las carreras de pedagogía básica con más años de acreditación?”- que comparó los puntajes en de la Prueba Inicia de los estudiantes de las carreras de Pedagogía, con los años de acreditación que tienen sus respectivas universidades. Los resultados son más que claros: “Mientras los alumnos que estudiaban en universidades que no tenían acreditación obtuvieron en la prueba de conocimientos disciplinarios en 2009, un 49% de respuestas correctas, quienes cursaron la carrera en instituciones con dos años de certificación alcanzaron un 45% de aciertos”, asegura Lorena Meckes, investigadora a cargo del estudio.

Pareciera que no necesariamente egresan alumnos con resultados destacados en las pruebas finales de carreras con más años de acreditación. ¿Por qué? “Podría ser debido a que estos exámenes de egreso (Inicia) tienen una alta relación con los puntajes PSU de quienes los rinden, es decir, de los antecedentes y aptitudes académicas de los alumnos, más que de la calidad de la formación que ellos reciben. Y que debiera reflejarse en la “nota” que se les da en los procesos de acreditación”, explica Meckes.

Justamente por ello es que al CEPPE le interesó evaluar si existía una relación entre la calificación que tiene la institución formadora (años de acreditación) y el “diferencial” o “progreso” de sus estudiantes entre puntajes PSU e Inicia. “Si una institución formadora de profesores es efectiva y presenta procesos formativos de calidad, entonces sería esperable que haga progresar a sus estudiantes en conocimientos disciplinarios y pedagógicos, más allá de lo que sería predecible, dados los puntajes de ingreso de sus estudiantes al comienzo de la carrera”.

Pero lo anterior tampoco sucede: “Los alumnos con la misma PSU promedio de ingreso a carreras con más años de acreditación –enfatiza Lorena Meckes- no necesariamente obtienen mejores resultados que los que asistieron a carreras con menos años de acreditación”.

Inicia, un factor a considerar

Se trata de un elemento clave, porque de todas las carreras acreditadas, el 69% corresponde a pedagogía. Y entre ellas, la mayoría lo está por tres años o menos. Cuenta Lorena Meckes que “en estudios complementarios hemos encontrado serias debilidades en los procesos de acreditación, de modo que no resulta sorprendente que sus resultados no se correlacionen con otras medidas de calidad. En primer lugar, entre los criterios que se consideran a la hora de certificar una carrera, los resultados de la formación, entendidos como competencias (aquello que los egresados saben y pueden hacer al término de su formación) no son considerados en el proceso, ya que pesan más aspectos relacionados con la gestión.

En segundo lugar, la mayor parte de los procedimientos de acreditación no se encuentran normados o estandarizados (como debiera ser en el caso de una evaluación de altas consecuencias como esta) para asegurar de algún modo su objetividad e independencia, respecto de quién está evaluando. En este caso, de cuál es la agencia acreditadora”. Por ejemplo, “no está claro cómo debe capacitarse a los evaluadores o calcularse el número de años de acreditación cuando se analizan distintas sedes de la misma carrera (por ejemplo en distintas ciudades). ¿Se debe sacar un promedio de la calidad observada en ellas? ¿Se asigna el puntaje equivalente a la más débil? ¿A la mejor? Esta decisión queda al arbitrio de la agencia evaluadora, y podría perfectamente ser que se adopten criterios diferentes”, dice Meckes.

Por último, explica la investigadora, “también puede influir la escala de calificaciones utilizada, que va desde 0 a 7 años de acreditación, lo que implica para los evaluadores hacer distinciones muy finas entre ocho categorías de calidad. Es posible suponer que el sistema de calificaciones funcionaría mejor –y probablemente en forma más consistente con los resultados de los egresados- si el número de categorías para valorar la calidad fuese menor: No acreditadas, acreditadas y sobresalientes”.

En ese sentido coincide Raúl Figueroa, quien es abogado y coordinador del equipo de asesores del Mineduc en materias jurídicas y legislativas. “Nuestro actual sistema de acreditación no mide resultados, sino los procesos de la institución, razón por la cual es posible que se den ciertas inconsistencias entre los resultados de la prueba Inicia y la circunstancia de estar acreditada. Para fines del presente año el gobierno ha comprometido una propuesta de modificación al Sistema de Aseguramiento de la Calidad de la Educación Superior, en la que se debiese avanzar, entre otros aspectos, a considerar ciertos índices que den cuenta de los resultados obtenidos por cada institución”.

La nueva carrera docente ¿traerá consigo mejores resultados?

¿Es posible mejorar? Según Figueroa, “los egresados de pedagogía se encuentran dentro del 10% de profesionales con menores ingresos en el país (www.mifuturo.cl). Esta realidad se traduce en un evidente desincentivo para que jóvenes de mayores habilidades opten por la docencia, ya que dadas sus competencias les es posible y más atractivo estudiar otras profesiones cuyos ingresos y proyecciones son muy superiores”.

Por ello es que, a su parecer, la implementación de la Beca Vocación de Profesor sí es un estímulo para que jóvenes con bajos puntajes opten por pedagogía. “Los resultados de esa iniciativa -dice Figueroa- han permitido aumentar entre 30 y 40 por ciento la probabilidad de que un alumno sobre 600 puntos escoja esa profesión”.

A ello hay que sumar el nuevo proyecto de carrera docente, ingresado en febrero del presente año al Congreso Nacional. “De aprobarse, la remuneración promedio de un profesor se incrementará en un 30%, asimilándola al resto de las profesiones afines. Asimismo, los docentes cuyo desempeño en el aula sea destacado podrán ver incrementadas sus remuneraciones hasta en un 70% en relación a lo que hoy reciben. La antigüedad en el cargo se sigue considerando como un factor de incremento sostenido de la remuneración docente, pero pierde fuerza, siendo el desempeño el factor determinante para acceder a mayores ingresos”, cuenta Figueroa.

Consistente con los beneficios que ofrece el proyecto, éste también impone mayores exigencias a los profesores, tanto al ingreso como durante su permanencia. “Inicia será obligatoria y medirá conocimientos y habilidades docentes que permitan el cumplimiento de los objetivos de aprendizaje definidos en las bases curriculares que se estiman necesarios para asegurar el mínimo de conocimientos que han de cumplir los nuevos docentes. Este examen constituye además un valioso instrumento de retroalimentación para las escuelas de pedagogía, permitiéndoles tomar medidas oportunas en orden a corregir aquellas debilidades que la prueba va dejando en evidencia”, señala el asesor jurídico.

Pese a que pareciera ser un avance, para Lorena Meckes “esa propuesta no alcanza a dar el salto que se necesita. Si solo se pone el énfasis en las barreras y no en la atracción y retención, podríamos estar en un escenario de escasez de profesores, una vez aplicadas todas estas evaluaciones en las distintas etapas”.

Cambios y ajustes

En paralelo, ya se vienen realizando modificaciones a la prueba Inicia. “Los cambios más importantes y visibles son la inclusión de una prueba de conocimientos pedagógicos (al comienzo solo se evaluaban conocimientos disciplinarios), la expansión a integrar egresados de pedagogías en Educación Media (a partir de la generación de 2012), la publicación de sus resultados por institución desde la medición de 2010, y su referencia a Estándares para Egresados (publicados en 2011) que hacen explícito lo que debe saber y ser capaz de hacer un profesor al término de su formación inicial”, cuenta la investigadora del CEPPE.

Lo que se desconoce es que Inicia fue encargada por el Mineduc a MIDE-UC los primeros dos años, debido a su trayectoria y experiencia en mediciones de gran escala. Pero a partir de 2011 en adelante, el ministerio licita el desarrollo, aplicación y análisis de la prueba. “En la licitación de 2012 hubo distintas entidades proponentes y aun cuando la adjudicación final aun no se hace, es altamente probable que el desarrollo de las pruebas sea realizado por diferentes instituciones”, dice Lorena Meckes.

Consciente de todo aquello, Jaime Espinosa, rector de la Universidad Metropolitana de Ciencias de la Educación (UMCE) señala que “es necesario emprender un proceso de doble vía. Por una parte, la más importante tiene que ver con el esfuerzo que deben hacer las propias instituciones formadoras de profesores, para fortalecer sus mecanismos de aseguramiento de la calidad de la formación, perseverando en sus procesos de autoevaluación, no necesariamente asociados a la acreditación, e implementando planes de mejoramiento permanente. Y, por el otro, diversificar los instrumentos de evaluación del desempeño docente, perfeccionando Inicia, como entiendo se piensa hacer, pero también, complementándola con otras pruebas que den cuenta de la calidad de los profesores”.

Los nuevos estándares orientadores

Además de esas mejoras, el Mineduc, por medio del Centro de Perfeccionamiento, Experimentación e Investigaciones Pedagógicas (CPEIP)entregó los estándares mínimos a los que se le debía pedir a un profesor recién formado. Según Lorena Meckes, “esos estándares orientadores para egresados de carreras de Pedagogía (MINEDUC 2011 y 2012) establecen exigencias no solo en el plano del conocimiento, sino del saber hacer. Pero también definen exigencias en el ámbito de las actitudes, describiendo el compromiso que debiera demostrar un profesor con su profesión y con el desarrollo de sus estudiantes. Sin embargo, los exámenes de egreso aun no abarcan estas dimensiones, todas necesarias pensando en las generaciones de alumnos que podrían ser influidos por un profesor”.

En ese sentido, para la investigadora del CEPPE, pareciera que la actual evaluación de desempeño docente de los profesores municipales es más completa. “Se le pide al profesor ser capaz de planificar una unidad de aprendizaje, proponer una evaluación de ella, analizar los resultados de dicha evaluación y reflexionar sobre lo que hizo bien o mal, e incluso, filmar una de sus clases”. De hecho, los exámenes de habilitación profesional en otros países en que deben rendirse (PRAXIS en varios estados de Estados Unidos), sí contemplan esos distintos aspectos.

Pese a todos esos esfuerzos, igualmente Chile está clasificado dentro del grupo de países con más baja regulación de la formación docente. De hecho, los modelos educativos de naciones donde la educación es de alta calidad los profesores son evaluados en cinco etapas: selección al ingreso de pedagogía, proceso de formación, egreso de pedagogía, inducción a la profesión y contratación.

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