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Sep 2022 - Edicion 266

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Estar alertas: Cuando la realidad virtual se transforma en un problema

¿Tu hijo pasa mucho tiempo en Facebook, Whatsapp, Instagram o TikTok? Es importante tomar medidas antes de que la situación se vaya de las manos. Aunque lo más probable es que ese comportamiento sea un síntoma de que algo más profundo le esté sucediendo.

Por: Ximena Greene
Estar alertas: Cuando la realidad virtual se transforma en un problema

Al igual que en el resto del mundo, en Chile las redes sociales proliferan a pasos agigantados. Según el Digital 2021 Global Overview, elaborado por We Are Social y Hootsuite, en nuestro país hay 15,78 millones de usuarios de Internet y 16 millones de perfiles activos en redes sociales. En principio, eso no tendría por qué ser un inconveniente. Aplicaciones como Facebook e Instagram permiten saber en qué están los amigos o conocidos, mientras que Whatsapp es una herramienta que ayuda en labores de coordinación y a comunicarse más directamente con otros. Por supuesto, tanto estas como otras redes sociales pueden ser mal utilizadas, mostrando o diciendo cosas inapropiadas o siendo usadas excesivamente como, por ejemplo, en medio de reuniones familiares o sociales.

Pero una cosa es el mal uso y otra, el abuso. “Se puede hablar de adicción cuando su utilización supone una pérdida de control, una absorción a nivel mental y una alteración grave en el funcionamiento diario de la persona afectada. El adicto disfruta de los beneficios de la gratificación inmediata, pero no repara en las posibles consecuencias negativas a largo plazo”, explica en una columna en el Diario El País de España, el psicólogo Enrique Echeburúa, catedrático emérito de Psicología Clínica de la Universidad del País Vasco. 

Tal como ocurre con otras adicciones, si bien esta no se encuentra todavía tipificada como tal por la Organización Mundial de la Salud (OMS), la adicción a las redes sociales se puede manifestar en un abuso en el tiempo de uso de ellas, ansiedad al no estar conectados, aislamiento, trastornos del sueño por estar conectados hasta tarde, pérdida de amistades y de rendimiento en la escuela o el trabajo.

Señales de alerta
Si bien esto le puede pasar a cualquiera, los padres deben prestar especial atención a sus hijos. Los adolescentes son los más vulnerables a esta aflicción, según los expertos, por tres motivos fundamentales: 
1. Su tendencia a la impulsividad.
2. La necesidad de tener una influencia social amplia y expansiva.
3. La necesidad de reafirmar la identidad de grupo.

“Los adolescentes constituyen un grupo de riesgo, porque tienden a buscar sensaciones nuevas y son los que más se conectan a Internet, además de estar más familiarizados con las nuevas tecnologías”, dice el doctor Echeburúa.

A ello hay que agregarle otras circunstancias como la búsqueda de un mundo alternativo o imaginario que reemplace su insatisfacción con la realidad. “Cuando hay conflictos dentro de la familia, los adolescentes pueden sentir falta de afecto o atención, y por ello buscan ‘escapar’ de la realidad que los rodea. Comienzan a realizar de forma excesiva actividades que pasan a convertirse en adicciones, como el uso de las redes sociales”, escribe en TecSalud Carolina Numata, psicóloga clínica de la Universidad de Anáhuac de México.

Según documentos como el “Manual Diagnóstico y Estadístico de los Trastornos Mentales de México”, este tipo de adicciones son más proclives a ser desarrolladas por personas con baja autoestima, insatisfechas por su vida, aisladas y con pocos amigos, tímidas y vulnerables.

Es por eso que, ante estas situaciones, pueden querer crear o acercarse a una realidad paralela más atractiva. A su vez, obtener un like o un comentario en una red social puede significar una pequeña satisfacción en un mundo conflictuado. El problema es que es efímera. Con todo, los padres deben estar atentos a si sus hijos utilizan las redes sociales en demasía, ya que su uso excesivo puede significar que está sucediendo algo más allá de un mal manejo. “El abuso de Internet es como el humo que revela la existencia de un fuego más o menos próximo (un problema de personalidad o un trastorno mental), que es lo que realmente hay que abordar”, sostiene Enrique Echeburúa.

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