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Jul 2021 - Edición 253

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¿Es segura la tecnología?

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De que irrumpió en nuestra manera de pensar, de aprender y de vivir la vida, no cabe duda. Pero, ¿estamos realmente preparados para usarla de forma correcta? ¿Cuáles son los principales peligros a los que nos exponemos? ¿Qué consecuencias se advierten ya en los escolares? De todo esto conversamos con un panel de expertos en la materia.

Por Marcela Paz Muñoz Illanes

Los profesores saben que las Tecnologías de la Información y la Comunicación (TIC) se han convertido en parte importante de la educación de los estudiantes. Pero todavía no estamos totalmente claros sobre cómo usarlas y los peligros que conllevan. Particularmente, cuando los estudios internacionales están dando señales de alerta y advierten que los niños y adolescentes pasan más del doble de tiempo junto a los  medios digitales que en la escuela. Y las consecuencias de aquello no son menores.

Según el doctor alemán y experto en la materia Manfred Spitzer, esos alumnos estarían propensos a sufrir trastornos del lenguaje y del aprendizaje, déficits de atención, estrés, depresiones y una disposición creciente a la violencia. A la vista de este preocupante estado de cosas, el científico hace un llamado de atención y recuerda sus obligaciones a padres, profesores y políticos. Reclama una información objetiva sobre los riesgos y exige a los apoderados que establezcan límites al pasatiempo digital de sus hijos para que no se vean arrastrados a lo que él denomina la “demencia digital” (Ver p.32). 

El médico, quien también es psicólogo y filósofo, revela en su libro “Demencia digital” el hecho de que en países como Estados Unidos, los adolescentes pasan más tiempo usando los medios digitales que durmiendo. Es justamente ese peligro el que más ha llamado la atención de expertos, como Mónica Bulnes, psicóloga de la Universidad Anáhuac  (México) y magíster en Ciencias de la Familia, creadora del programa “Pregúntale a Mónica”, quien advierte que “la tecnología, al formar hace tiempo parte de la vida cotidiana de todos, requiere en estos momentos de lineamientos y criterios de uso que permitan a padres e hijos manejarla adecuadamente y aprovechar sus enormes ventajas”.

Según el doctor Otto Dörr, Profesor Titular de Psiquiatría de la Universidad de Chile y UDP, «innumerables estudios han venido demostrando en los últimos años la relación directa que existe entre el número de horas que los niños y los jóvenes dedican a algunos de estos aparatos (computador, teléfono celular, Ipad, Ipod, play station, televisión, etc.) y la disminución en la capacidad de concentración, de la calidad de los rendimientos escolares e incluso de la conducta social». 

Explica el doctor Dörr, que  el empleo de estos aparatos ha significado la disminución de las capacidades cognitivas. «las TIC no constituyen un estímulo para el desarrollo cerebral. Por el contrario, ellas favorecen la aparición precoz del deterioro cognitivo normal que acompaña a la edad». 

«Las autoridades se engañan al pensar que van a mejorar el rendimiento escolar con computadores o televisores. Es exactamente lo opuesto lo que deberían promover: alejar a los niños de este predominio arrollador de la imagen y abrirlos de nuevo al mundo de la palabra», advierte el doctor Dörr .

En esa misma línea, la psicóloga Mónica Bulnes advierte que cada avance tecnológico nuevo suele provocar visiones fatalistas de este tipo, y se dijo algo similar cuando la televisión hizo su aparición en nuestra vida. “Por supuesto que las TIC han modificado muchas de las maneras de hacer diferentes cosas, y para una porción de la población —que creo que permanecerá en una baja proporción—, el impacto de las mismas será muy negativo. Sin embargo, la gran mayoría de las personas irá  aprendiendo las ventajas de la tecnología, cuidando no perder nuestra esencia humana, con los beneficios de una interacción real contra una virtual”.

En ese sentido, advierte Jorge Flores, director de PantallasAmigas, “de lo que tenemos certeza es que hay riesgos con consecuencias muy graves, y que el nivel de preparación para su afrontamiento en la población en general no es el deseable”.

Sucede, según Daniel Halpern, periodista y académico de la Universidad Católica de Chile, que la irrupción de las TIC ha significado que se está perdiendo proximidad con individuos más cercanos como es la familia. “Al final, es muy poca la relación íntima que se produce, se van erosionando las relaciones, quedando más en la forma que en el fondo”.  

Donde sí existe un peligro, según el  estudio realizado por Tren Digital de la UC, es “entre escolares y su relación con los padres. Se han creado relaciones más horizontales y cuando aquello se lleva al tema de familia, hemos podido observar cómo los adolescentes tratan a sus padres como si fuesen sus amigos, sin que exista una distancia de por medio. La tecnología ha llegado a romper esas diferencias. No es posible relacionarse familiarmente a través de la TIC”, advierte Daniel Halpern. 

Sobre el principal peligro de las TIC, Flores fue claro: “El primero es quedarse fuera, no ser capaz de aprovechar las ventajas que aportan, quedar en situación de exclusión. El segundo es que los daños superen a los beneficios, y para que esto no ocurra, es preciso que haya educación en valores y habilidades, así como una respuesta adecuada de la ley y los cuerpos de policía. Internet es una herramienta demasiado potente y por ello la sociedad en su conjunto debe estar lista para dar respuesta a quienes la utilicen para hacer daño”.

Para Mónica Bulnes, el mayor perjuicio asociado a las TIC, “es que su mal uso puede afectar las relaciones interpersonales, especialmente las familiares. Muchas parejas han llegado hasta terminar su relación por algún episodio desagradable en donde Facebook estuvo involucrado. Padres e hijos que dejan de conversar por estar todos conectados a una pantalla en los momentos de convivencia familiar. Este último punto impide que los niños sean formados apropiadamente, dejándolos indefensos ante los ‘depredadores’ que rondan en las redes sociales, o incapacitados para evitar que sigan existiendo víctimas y agresores en el ciberbullying”.

Sin embargo, el psiquiatra chileno y experto en el tema Sergio Canals es más cauto. A su modo de ver,  “respecto al término demencia digital, creo que solo refleja un nombre ‘marquetero’ de la posibilidad de daños por abuso del uso de las tecnologías digitales, especialmente cuando se inicia de forma demasiado precoz en el desarrollo del niño”.

Por ello, dice Canals, los estudios han recomendado limitar su uso favoreciendo en los niños el contacto con la realidad física natural y no con la realidad digital. “Un niño a los tres años ya maneja un celular, es capaz de sacar fotos con él, y se entretiene con los juegos a su alcance. Es cierto que las TIC, además de favorecer ciertas habilidades en relación al uso del espacio, imágenes, sonidos y colores, pueden ir creando un gusto exagerado por los ‘juegos digitales’ ya que estos provocan cierto placer y adicción y se transforman en muy placenteros para el niño. Sin embargo, creo que el cerebro-mente tiene las capacidades necesarias para interactuar con las nuevas tecnologías de
acuerdo a las etapas de desarrollo de los niños, dirigidos y conducidos por las relaciones con el padre y la madre”. 

Es necesaria, por tanto, cierta guía de parte de los padres, profesores y apoderados, lo que permitirá, en definitiva, que el niño vaya descubriendo nuevas funciones del celular y las tecnologías digitales, como el poder comunicarse por las redes sociales, pero también conocerá que el desarrollo de la identidad y del yo requieren relaciones con personas reales y su mirada rostro con rostro.

Advierte Canals que las imágenes digitales son “pobres en la mirada y en lo espiritual. Es cierto que en la adolescencia, por ser placentero su uso —y además asociado su mal uso a riesgos psicosociales— pueden generar daños y aun adicción, que se manifiesta como cualquier adicción, ya que se altera el funcionamiento del circuito placer-recompensa.
Habitualmente, quienes se vuelven adictos o sufren efectos perjudiciales (como conductas violentas asociadas), es porque tienen factores de riesgo biológicos o psicosociales. Las tecnologías son parte del desarrollo del ser humano y su utilización humanizadora y personal dependerá del sentido de su uso”.

Por ello, hay que ser muy cuidadosos con el uso de las TIC.  De hecho, recientemente el Instituto Nacional de Seguridad y Salud Ocupacional (NIOSH, por su sigla en inglés) de Estados Unidos, advirtió que bastan dos horas de trabajo diarias ante una computadora para padecer lo que se conoce como Síndrome de Visión de Computadora (SVC). El SVC puede significar síntomas: como irritación o fatiga ocular y sensibilidad a la luz después del uso prolongado de la computadora. “Ahora sabemos el efecto que tiene en el ciclo de sueño de las personas la luz que emiten las pantallas de celulares y tabletas, provocando insomnio y mal dormir para quienes las usan en la cama durante la noche, sufriendo al día siguiente el esperado cansancio, disminución en la atención y afectaciones en el estado de ánimo, entre otras consecuencias”, apunta Mónica Bulnes. 

¿Se ha modificado nuestra manera de aprender?

Para nadie es un misterio que la forma en que se accede a la información (velocidad, canal, cualidad) modula nuestro cerebro y este se adapta, explica Jorge Flores. “Desde luego,  la irrupción de las tecnologías ha creado un escenario diferente, pero no tiene que ser peor. Lo importante es ser consciente de qué cambia, de qué estamos perdiendo con esta nueva forma de adquirir conocimientos y experiencias, para compensarlo con actividades complementarias”.

Algunos investigadores advierten, sin embargo, que en el futuro,  por las tecnologías, los cerebros no poseerán la capacidad de reflexión básica, ni tampoco la habilidad de la comunidad real, cara a cara.  Más bien, serán dependientes de un modo insano de internet y de los terminales móviles para poder funcionar. En total, las transformaciones de la conducta y del pensamiento tendrán efectos negativos de manera muy generalizada. ¿Es real ese peligro?

Según la investigación longitudinal realizada por Tren Digital, cuenta Daniel Halpern, existe una correlación negativa entre tiempo de estudio con tecnología y promedio de notas, respecto del estudio con textos académicos. “Los alumnos que estudian principalmente a través de la tecnología tienen casi 0.5 puntos menos de promedio, que quienes lo hacen con textos impresos. Ello no prueba que la tecnología tiene un efecto negativo, pero sí que al momento de estudiar, las TIC significan variadas distracciones debido a la cantidad de estímulos”.

Respecto de otros efectos, Halpern señala que la indagación reveló que aquellos estudiantes que pasan más horas conectados en las redes sociales, padecen grados de soledad mayores que los demás. “Asimismo, los alumnos que comparten más imágenes son quienes presentan una autoestima menor”.

Otro elemento clave, según el académico de la UC, es el hecho “que los alumnos y niños no  distinguen muy bien entre la realidad y la fantasía. El contacto que se produce en las relaciones, por ejemplo, de Facebook, les deja poco tiempo para relaciones no digitales, que son en las cuales se puede profundizar mucho más”.

Es un hecho que los niños y los adolescentes pasan más del doble de tiempo con medios digitales que en la escuela, ¿qué peligros acarreará esto?  “El dato en sí mismo no es negativo. Depende de qué hagan en ese tiempo que pasan delante de las pantallas y con quién lo sufran o disfruten. Existen experiencias digitales altamente enriquecedoras. Es evidente que el mundo escolar notará cada vez más la presión de un entorno que ha cambiado más rápidamente y, en consecuencia, se agrandarán las diferencias entre la escuela y el alumnado, con lo que perderá eficiencia sobre todo por falta de sintonía y de motivación”, asegura el director de PantallasAmigas.

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