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Ago 2026 - Edición 305

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Educación Ciudadana: aprender a dialogar, argumentar y convivir

Formar ciudadanos no consiste únicamente en enseñar derechos, instituciones o leyes. Paulina Campos, profesora de Educación Ciudadana de los colegios Astoreca, explica la propuesta que desarrollaron para III y IV medio, basada en contenidos, lectura previa, diálogo y pensamiento crítico, con el objetivo de que los jóvenes aprendan a fundamentar sus opiniones, respetar miradas diferentes y participar responsablemente en la sociedad.

Por: Marcela Paz Muñoz I.
Educación Ciudadana: aprender a dialogar, argumentar y convivir

¿Cómo formar jóvenes capaces de participar de la democracia, comprender lo que ocurre en su entorno y construir opiniones fundamentadas? Esa es una de las preguntas que está detrás de Educación Ciudadana, propuesta desarrollada por Astoreca para estudiantes de III y IV medio y que fue lanzada en enero de 2025, luego de comenzar a implementarse previamente en sus colegios.

Paulina Campos, profesora de Educación Ciudadana de los colegios Astoreca, explica que el proyecto nació de la preocupación por la formación ciudadana y democrática de los jóvenes. En una sociedad donde las instituciones son cada vez más complejas, sostiene, participar con verdadera libertad requiere también conocimiento.

“Los jóvenes no solo adquieren conocimiento, sino también cómo nos comportamos en sociedad, cómo respetamos a los demás, cómo tenemos tolerancia frente a las opiniones de los demás y cómo entendemos nuestros derechos y nuestras obligaciones desde un conocimiento más profundo”, señala.

Conocer para poder opinar

Los dos tomos abordan contenidos vinculados con democracia, libertad de expresión, economía, derechos laborales e institucionalidad, entre otros. Pero la propuesta busca que esos conocimientos se conviertan en una base desde la cual los estudiantes puedan comprender la realidad y construir sus propias opiniones.

Así, los jóvenes se acercan a materias como la separación de poderes, el funcionamiento del Banco Central o el Tribunal Constitucional, pero también a asuntos presentes en las noticias y en la discusión pública.

Uno de los objetivos centrales es que puedan distinguir entre una opinión y un argumento fundamentado. Para ello, el contenido del libro se combina con una metodología que pone la conversación en el centro de la clase.

“Se va formando bastante la actitud y las habilidades democráticas”, explica Campos. A medida que avanza el curso, agrega, los estudiantes logran desarrollar opiniones más fundamentadas, escuchar otras perspectivas y comprender por qué otra persona puede pensar de manera diferente.

Llegar a clases preparados para conversar

La metodología utilizada es la clase inversa o invertida. Los alumnos llegan con una lectura realizada previamente y la sala de clases se transforma en un espacio para profundizar, preguntar, debatir y relacionar esos conocimientos con diferentes situaciones.

No se trata, advierte Campos, de improvisar una conversación. Las clases requieren planificación y utilizan distintas técnicas para promover la participación y el diálogo entre los propios estudiantes.

“Cuando la clase es bien planificada y la conversación es bien guiada, se conversa el contenido de una manera profunda y eso va motivando a los mismos estudiantes a cada vez leer más para poder opinar y conversar”, explica.

El libro permanece abierto durante la clase. Los alumnos pueden revisar aquello que subrayaron, consultar conceptos o volver sobre un argumento. De esta manera, la lectura no funciona como un mecanismo para “pillar” al estudiante que no sabe, sino como un apoyo para construir una conversación con mayor contenido.

La propuesta, explica la profesora, permite promover simultáneamente el hábito lector, la argumentación y el respeto por las opiniones de los demás.

El profesor como mediador

En una asignatura donde se discuten asuntos políticos, sociales y económicos, el papel del docente adquiere especial relevancia.

Para Campos, el profesor debe actuar principalmente como mediador del diálogo y favorecer que aparezcan distintas perspectivas. Puede expresar su propia opinión, pero esta debe incorporarse como una mirada más dentro de la conversación y no como una posición definitiva que los estudiantes deban adoptar.

“Nosotros, los seres humanos, nos nutrimos de los distintos puntos de vista, y eso es lo esencial de nuestra clase”, afirma.

Astoreca cuenta con instancias de capacitación para profesores, donde parte del trabajo consiste precisamente en entregar herramientas para conducir estas conversaciones y formular preguntas que permitan profundizar el diálogo.

Una propuesta que desafía a estudiantes y docentes

El material contempla los contenidos curriculares de III y IV medio y suma información, actividades, síntesis y preguntas para apoyar el trabajo docente. Al final de las unidades también incorpora recomendaciones de lecturas y películas que permiten complementar los contenidos.

Las clases, además, se vinculan permanentemente con la actualidad. Noticias, recortes de prensa y podcasts pueden incorporarse para mostrar a los estudiantes que aquello que aprenden tiene una expresión concreta en la realidad.

Campos reconoce que el trabajo requiere esfuerzo. Los textos tienen un nivel de contenido que desafía tanto a estudiantes como a profesores, por lo que al comienzo se utiliza mayor acompañamiento para facilitar la comprensión. En cada clase se busca trabajar un número acotado de conceptos y monitorear no solo si el estudiante leyó, sino también si participa y fundamenta sus opiniones.

El material está disponible a través de Astoreca y ya está siendo utilizado por otros establecimientos. Además, se realizan capacitaciones presenciales para profesores y se proyecta una modalidad online que facilite la participación de docentes de otras regiones.

Una formación que comienza mucho antes

Para Campos, sin embargo, la formación ciudadana no comienza en III medio ni puede quedar restringida a una asignatura. Se construye desde los primeros años a través de hábitos cotidianos, del respeto por los demás y de experiencias de participación como las directivas de curso y los centros de alumnos.

En III y IV medio, la asignatura permite profundizar esa formación y preparar a los jóvenes para una vida más adulta, incluida su futura experiencia universitaria.

Un ejemplo es el trabajo sobre libertad de expresión. Junto con conocer este derecho, los estudiantes conversan sobre sus límites y lo relacionan con situaciones cercanas, como la cancelación o el bullying. De esta forma, conceptos como tolerancia, derechos y responsabilidades dejan de ser únicamente contenidos teóricos.

“Es fácil a veces decir las cosas, pero ¿cómo es la práctica vivirlas?”, plantea Campos.

La apuesta es que el conocimiento permita avanzar hacia una participación más responsable. No basta con tener una opinión: el desafío es contar con elementos para fundamentarla, escuchar al otro y comprender que la convivencia democrática supone tanto derechos como deberes.

Campos concluye con una invitación a los profesores a probar nuevas formas de enseñar: “Que se animen, que se atrevan a desafiarse por esta clase distinta, por esta clase basada en conocimientos que los alumnos adquieren antes, esta conversación, estas técnicas de diálogo y de conversación más adulta y tan entretenida que al final motiva a todos los alumnos”.

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