Suscríbete a nuestra revista y podrás leer el contenido exclusivo online
Regístrate y accede a la revistaEl descanso, la familia y el sentido profundo de la vocación se revelan como pilares esenciales para preservar la salud emocional de quienes sostienen el día a día en la sala de clases. Desde Fundación Kiri, Valoras UC y Fundación Juan Piamarta, surge una convicción compartida: la vida personal del docente no es un ámbito separado de la escuela, sino la base que sostiene su labor.
En un sistema educativo cada vez más desafiante, donde las tareas se multiplican y las exigencias emocionales crecen, hablar del bienestar docente ya no es accesorio: es indispensable. Por ello, Antonia Echeñique, coordinadora de Formación en Fundación Kiri, explica que la labor docente no solo implica planificación, gestión y evaluación, sino una intensa demanda emocional: motivar, contener, regular conflictos y acompañar a estudiantes muy diversos. Desde la neurociencia se entiende que la calidad del descanso no depende únicamente de “parar”, sino de conectarse con “vínculos seguros” capaces de regular el sistema de estrés. La familia, señala, cumple allí un rol crucial: opera como un verdadero “sistema de protección” que permite al profesor sentirse sostenido después de jornadas exigentes.
Ese apoyo se vuelve esencial frente al riesgo de burnout (síndrome de desgaste profesional). “No es solo ‘estar cansado’, es sentir que ya no queda energía emocional ni mental para seguir entregando”, afirma. «El simple hecho de llegar a casa y encontrarse con personas que te quieren produce un efecto regulador real. No se requieren grandes actividades: conversar sin apuro, cocinar en conjunto, compartir un hobbie o salir al aire libre suelen ser gestos más reparadores que cualquier panorama elaborado. La familia no debe resolver los problemas del profesor», subraya Echeñique, «sino acompañarlo, escucharlo sin juicio y recordarle la importancia de los límites saludables».
Antonia Echeñique, coordinadora de Formación en
Fundación KiriNo es solo ‘estar cansado’ (burnout o síndrome de desgaste profesional), es sentir que ya no queda energía emocional ni mental para seguir entregando. El simple hecho de llegar a casa y encontrarse con personas que te quieren produce un efecto regulador real. No se requieren grandes actividades: conversar sin apuro, cocinar en conjunto, compartir un hobbie o salir al aire libre suelen ser gestos más reparadores que cualquier panorama elaborado».
Hablar del día vivido en la escuela también cumple una función protectora. “Contar lo que nos pasó, sentirse escuchado y acompañado, baja la tensión interna”, explica Antonia. Poner en palabras lo ocurrido ayuda a cerrar emocionalmente la jornada. Cuando ese espacio no existe, la tensión se acumula como una “carga invisible” que puede desgastar más que las tareas concretas: la frustración, la preocupación y la sensación de no ser comprendido se van instalando silenciosamente.
Por su parte, Viviana Hojman, directora ejecutiva de Valoras UC, complementa esta mirada desde la psicología del bienestar. Basándose en la teoría de Paul Gilbert, explica que los seres humanos operan a partir de tres sistemas emocionales: amenaza, incentivo y calma. En el mundo escolar, los dos primeros suelen estar sobreactivados: la alerta constante frente a tensiones y la necesidad permanente de responder, planificar o resolver. Cuando estos sistemas funcionan por largo tiempo sin descanso ni equilibrio, el cuerpo entra en un modo defensivo que puede tornarse crónico. De allí la relevancia de activar el sistema de calma, asociado al autocuidado, la seguridad y la conexión emocional. Actividades simples –estar en la naturaleza, practicar hobbies, reconectar con vínculos significativos– son clave para restaurarlo.
Hojman advierte que las señales de desgaste aparecen primero en lo emocional: irritabilidad, desánimo, aislamiento. Con frecuencia son los demás quienes lo notan antes: compañeros que perciben menor paciencia, estudiantes que sienten menos disponibilidad afectiva o familiares que observan cambios en el ánimo. Cuando el cansancio altera el sueño o deteriora las relaciones, se vuelve claro que el profesor necesita detenerse antes de que el agotamiento avance.
Viviana Hojman, directora ejecutiva de Valoras UC
“El descanso es fundamental para el bienestar socioemocional de los docentes porque permite que el cuerpo y la mente vuelvan a un punto de equilibrio. No se trata únicamente de ‘hacer una pausa’ o ‘tomarse vacaciones’, sino de recuperar espacios de conexión con aquello que hace sentido: los vínculos significativos, los momentos al aire libre, la posibilidad de desacelerar el pensamiento y respirar sin la presión constante de la demanda escolar”.
El impacto, agrega, no queda allí: el agotamiento docente repercute directamente en el clima del aula. Las emociones influyen en la enseñanza y en el aprendizaje. Un profesor cansado tiene menos flexibilidad y menor capacidad de conexión, y los estudiantes –especialmente los más sensibles– perciben rápidamente estas variaciones. En esos casos puede generarse una “tormenta perfecta”: aumentan los conflictos, disminuye la regulación emocional y surgen respuestas impulsivas. El bienestar docente no es solo un asunto personal, sino un elemento esencial para la convivencia y el aprendizaje.
La desconexión real durante las vacaciones también es central. Hojman enfatiza que no basta con “no ir al colegio”: se requiere desconectar de lo digital y del ruido mental que deja la escuela. La hiperconexión mantiene al cerebro en un estado de activación que impide acceder al descanso profundo. Cuando el cuerpo vuelve a sentirse seguro, resurgen la escucha, la paciencia, la empatía y la presencia emocional: habilidades indispensables para sostener un aula.
A estas miradas se suma la perspectiva espiritual del Padre Humberto Loyola, Superior Regional y Presidente Fundación Juan Piamarta. Para él, la familia “es una extensión de la Sagrada Familia de Nazaret: un lugar de trabajo humilde, de amor silencioso y de crecimiento mutuo”. Recuerda que San Juan Bautista Piamarta llamaba a “hacer funcionar bien las cosas”, comenzando por el hogar. Ese equilibrio familiar permite al docente vivir su misión con alegría, paciencia y claridad interior. Cuando falta, “se genera una vida desenraizada”, afectando tanto la disposición personal como la fuerza espiritual necesaria para la tarea educativa.
El Padre Loyola advierte que “el agotamiento es el gran obstáculo para la Caridad”, porque quien llega sin energía al hogar pierde la capacidad de dar amor. Ese cansancio no reparado también impacta en la responsabilidad frente a la misión educativa: “Si llegamos al colegio sin la energía que se necesita para el trabajo bien hecho, nuestra entrega se resiente”. Por eso insiste en acompañar, escuchar y orientar a los docentes para lograr un equilibrio sano entre vida laboral y personal.

Padre Humberto Loyola, Superior Regional y
Presidente Fundación Juan Piamarta
En el hogar, el docente es simplemente amado, no evaluado por su desempeño. Esto nutre su alma y contrarresta el estrés externo. Además, es en la familia donde se cultiva la ‘máxima virtud de la familia piamartina’: la gratitud”.
Para él, el amor incondicional de la familia es el factor protector más poderoso frente al burnout. En el hogar, dice, «el docente es amado, no evaluado por su desempeño. Allí se cultiva la virtud central de la espiritualidad piamartina: la gratitud. La gratitud debe ser la máxima virtud de la familia piamartina”. Ese corazón agradecido es un antídoto frente al desgaste. Actividades simples como compartir la mesa, recrearse juntos, distribuir las tareas, orar en familia o crear silencio al final del día permiten renovar energías y sostener la misión educativa.
Finalmente, las tres miradas coinciden: la vida escolar es intensa y los docentes necesitan espacios reales para volver al equilibrio. La familia, el descanso, la calma interior, la conexión emocional y el sentido profundo de la vocación actúan como pilares concretos de protección. Enseñar a descansar, valorar la familia, cultivar la gratitud y sostener vínculos significativos son formas de cuidar la educación desde su raíz más humana. Queda claro que quienes cuidan a otros —día tras día, en cada sala de clases— necesitan también ser cuidados.
Revisa nuestro contenido en todas las plataformas desde un teléfono hasta nuestra revista en papel.
Mantengamos la conversación, búscanos en twitter como @grupoEducar
Tweets by grupoEducarIngresa a nuestra comunidad en Facebook y profundicemos el debate.