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Oct 2018 - Edición 225

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Cómo debe ser un buen reglamento interno de convivencia

Los protocolos de conducta al interior de los colegios no bastan por sí solos. También se deben crear e implementar a través de los distintos ámbitos de la vida cotidiana, como lo son el espacio escolar y el familiar.

Por: María Salazar
Cómo debe ser un buen reglamento interno de convivencia

Según una encuesta realizada por Grupo Educar a lectores de nuestro boletín, más del 90% de los docentes cuenta con un protocolo de convivencia escolar en el establecimiento educacional donde trabaja. Sin embargo, esto no siempre se asocia a la efectividad en la solución de los conflictos (sólo un 53% cree que los protocolos son buenos en la práctica).

Para Patricio Escorza, académico del Departamento de Formación Pedagógica de la UMCE, para que un reglamento interno de convivencia ayude a solucionar los problemas al interior de los colegios debe identificar situaciones, lugares y personas, que promuevan una convivencia escolar formativa.

“La formación supone aprendizajes en los ámbitos del saber, hacer, convivir y ser, no sólo desde una determinada asignatura o área del conocimiento, sino también desde el ámbito de la vida cotidiana, la cual se adquieren transversalmente, tanto en el espacio escolar como en la familia y el medio donde el estudiante se desenvuelve”, opina Patricio.

Por su parte, la psicóloga Isidora Mena cree que un reglamento por sí solo no asegura la solución de los problemas de convivencia, ya que esto también pasa por una conducta apropiada de los adultos y buenas prácticas metodológicas que motiven a los estudiantes.

“Hay normas que refieren al buen trato, al cuidado del bien común, a las conductas relacionadas al aprendizaje y a las convenciones institucionales. Conviene que éstas siempre estén seguidas de una explicación clara y concreta, para posteriormente describir posibles transgresiones, desde las más leves a las más graves”, explica Isidora.

 A lo que la especialista se refiere es a que si una burla se para a tiempo, no habrá más bullying. “Las sanciones deben tener tres características: ser reparadoras del daño y por lo tanto, relacionadas con la falta, y ser potentes. Suspender o expulsar no sirve. Todo esto es necesario que sea conocido, discutido, reflexionado, si no, el reglamento es letra muerta y deja de ser formativo”.

Soluciones acorde al contexto

Un 86% de los docentes encuestados por Grupo Educar ha tenido un episodio relacionado con la convivencia escolar en 2018. Considerando que la muestra se realizó a mitad de año, entonces es altamente probable que, de aquí a diciembre, esta respuesta se multiplique.

Según el académico de la UMCE, Patricio Escorza, los problemas que más se ven en las aulas chilenas son la violencia escolar o bullying, el consumo de alcohol y drogas, y la discriminación. En tanto, la psicóloga Isidora Mena atribuye estos episodios a un hecho mayor, el de no respetar a compañeros y a veces tampoco a profesores, lo que se traduce en ignorarlos, discriminarlos, o de frentón, agredirlos físicamente.

“La convivencia escolar se debe centrar en la promoción y prevención con diversas acciones que minimicen las conductas manifestadas, evitando así que la Superintendencia de Educación intervenga y sancione al establecimiento si no cuenta con protocolos de resolución de conflictos”, dice Patricio.

Sin embargo, tampoco se puede considerar hacer un reglamento interno solamente por la fiscalización de la Superintendencia. Un protocolo es fundamental, ya que regula las conductas que sustentan el tercer pilar de la educación, establecido en la Comisión Delors, por mandato de la UNESCO: el saber convivir, sancionando las conductas disruptivas para el establecimiento.

Entre las condiciones que, para este académico, permiten establecer lo formativo desde la convivencia escolar, se requiere contar con:
● Normas, tanto dentro como fuera del aula; claras, conocidas, con sentido formativo y ajustadas a derecho, entre otras características.
● Rutinas institucionales.
● Planificación de las clases.
● Organización de los diversos espacios formativos.
● Marco que explicite los modos en que los docentes se relacionan con los estudiantes y las formas en que interactúan los diversos miembros de la comunidad educativa, entre otros aspectos.

Finalmente, si bien la cantidad de docentes chilenos -según la encuesta de Grupo Educar- que no cuenta con reglamentos internos en su lugar de trabajo (-10%) es menor, debiese ser un tema para tratarse con suma urgencia.
“El reglamento de convivencia es el que acuerda cómo convivir para lograr la meta. En una escuela que siempre reúne a tantas personas y con la compleja meta de que todos aprendan y se traten bien, sin acordar cómo convivir, imposible alcanzar el objetivo”, reitera la especialista Isidora Mena.

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