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Sep 2020 - Edición 244

Tecnologías ¿De enemigas a aliadas?

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Claves para mantener un buen desempeño

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Mantener la efectividad en los procesos educativos no es fácil, más aún si hablamos de establecimientos escolares que educan a niños de escasos recursos. Pero sí es posible. 

Por Angélica Cabezas Torres

Cristián Bellei, investigador del Centro de Investigación Avanzada en Educación (CIAE) de la Universidad de Chile y coautor del libro “Nadie dijo que era fácil. Escuelas efectivas en sectores de pobreza, diez años después”, ahonda sobre los factores y procesos que hacen que esos colegios logren aprendizajes por sobre la media y cómo es posible que mantengan buenos  resultados en el tiempo.

El estudio dirigido por Bellei junto a Liliana Morawietz, Juan Pablo Valenzuela y Xavier Vanni –todos investigadores del CIAE–, se desarrolló en 14 escuelas de escasos recursos cuyos destacados resultados las hicieron objeto de un estudio realizado por la Unicef hace 10 años, titulado «¿Quién dijo que no se puede?” Escuelas efectivas en sectores de pobreza». 

Esta vez, los investigadores volvieron a los establecimientos estudiados para conocer y comprender la evolución que experimentaron a lo largo de la década; de ellos, poco más de la mitad mantuvo su desempeño. “Entrevistamos a todos los actores de las escuelas y las observamos en sus dinámicas particulares para tener una mirada comprensiva de la situación”. 

—¿Cuál es la importancia de esta investigación?

—Una preocupación importante de todos los países es que las escuelas mejoren su desempeño, pero sostenidamente en el tiempo. No basta con que alguna vez tengan un buen resultado. El objetivo es que los niños tengan oportunidades de aprendizaje y que desarrollen su potencial a lo largo del tiempo y que todas las generaciones tengan esas mismas oportunidades.  

Miramos el desempeño de los alumnos en esta década y también los procesos que enfrentaron los colegios en este tiempo. Analizamos estos dos aspectos en conjunto e identificamos que 8 de los 14 colegios estudiados, con vicisitudes y acontecimientos, han logrado mantener cierto nivel y esa sustentabilidad se explica por procesos de mejoramiento y de buen trabajo.  

— ¿En qué ámbitos están insertos esos procesos de mejoramiento que han hecho que el nivel de logro de estos establecimientos se mantenga en el tiempo?

—Un factor determinante son los cambios sociales y económicos que experimentan las comunidades. En Chile hubo  transformaciones, y las escuelas que trabajan en sectores de pobreza en particular se han visto expuestas a muchas innovaciones. Las que tuvieron más éxito son las que fueron capaces de hacer frente a los nuevos desafíos.  

Un sello distintivo de los establecimientos efectivos es la disciplina y la motivación de los estudiantes por estudiar y la capacidad de organizarse y tener un buen trabajo en su interior. Eso tiene mucho que ver con la mística y la capacidad de socializar a las nuevas familias y estudiantes.  

—¿Qué otro aspecto se debe considerar?

—Incluir a los nuevos profesores y transmitirles el conocimiento acumulado por los antiguos docentes y facilitarles recursos. El trabajo en los colegios es muy intensivo en recurso humano, el hecho que las personas vayan envejeciendo y haya que renovarlas en su trayectoria laboral es un factor importante. Los profesores son la escuela. Lo que es estable es el cuerpo profesional docente, la familia y los niños van pasando. 

El saber profesional docente es muy importante, las escuelas no son máquinas que se puedan replicar unas con otras, por lo que acabo de decir: el contexto, las familias y los niños son distintos. Los proyectos educativos requieren docentes atentos a esas diferencias y para eso el capital profesional que ellos van desarrollando es una experiencia irremplazable.  

—¿Cómo se conserva ese capital humano a través del tiempo? 

—No perder el conocimiento acumulado supone tener dispositivos de inducción para los nuevos profesores y de trabajo colectivo. A veces son formales: hay un periodo de inducción, o informales: hay un buen clima y es fácil acceder a los profesores más experimentados y ellos son generosos en compartir su conocimiento con los más jóvenes. Es ideal que esto esté institucionalizado.  

—¿De quién depende que ello suceda? 

El empleador debe ser sensible a las necesidades particulares de la escuela  al contratar a un profesor. No todos los docentes van a funcionar bien en todas las escuelas.  Asimismo, cuidar las condiciones contractuales de los profesores. Un docente con contrato permanente y con mejores condiciones de trabajo está más dispuesto a comprometerse con la escuela. 

—¿Qué se reveló respecto de los directores?

—Es muy importante considerar el proceso de cambio de directores. Ellos hacen la diferencia en términos de generar mística, institucionalizar prácticas de trabajo colectivo, mantener una cultura escolar orientada al logro con una buena convivencia. La renovación de un director es crítica y lo mismo que dije de los profesores se aplica para ellos, pero es más sensible: el director es uno solo y el costo de equivocarse es mucho mayor para la institución.  

De hecho, las escuelas que sostienen sus logros es porque los directores no han cambiado o porque al momento de hacerlo, el sostenedor fue muy cuidadoso en buscar a un nuevo líder, alguien que conoce muy bien la cultura de la escuela. Los cambios bruscos de timón desestabilizan al colegio y provocan conflictos. El director tiene que ser cuidadoso para impulsar transformaciones, y ser capaz de identificar cuáles son los desafíos. 

Políticas públicas efectivas   

Un  factor que ha ayudado a las escuelas a mantener su nivel son las políticas públicas. Durante esta última década se han implementado diversas acciones en el área educación que han generado alto impacto.  

Jornada Escolar Completa (JEC):  ha permitido a las escuelas reforzar las áreas más deficitarias de aprendizaje de los estudiantes, trabajar mejor los temas de disciplina, aumentar las horas de contrato de los profesores, entre otros avances.  

Subvención Escolar Preferencial (SEP):  entrega muchos recursos a las escuelas y les mandata para que implementen  programas de mejoramiento con esos recursos. Chile tenía una larga experiencia en planes de mejoramiento (desde los 90), pero la gran diferencia es que ahora las escuelas  poseen recursos para impulsar mejoras adecuadas a su realidad.

Programa de Integración Escolar (PIE):  permite a los establecimientos contar  con  más profesionales para trabajar con los estudiantes que tienen mayores necesidades de aprendizaje.

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