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Nov 2020 - Edición 246

Deserción escolar, todavía estamos a tiempo

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Chile necesita más y mejores técnicos

Hace 10 años, según datos de la División de Educación Superior del Ministerio de Educación de la época, en Chile había siete profesionales por cada técnico. En la actualidad, según datos del Consejo de Innovación, la relación es 11 a uno. ¿A qué se debe esta reiterada y creciente desproporción?

A lo largo de la historia de Chile, nuestro país le ha concedido importancia a la educación técnica; al menos es lo que se desprende si se revisa cierta literatura histórica. Lo apreciamos en La Historia de la Educación en Chile (1939), de Amanda Labarca, y en algunos discursos pronunciados en la SNA que apuntan directamente a la necesidad de formar técnicos. En esa misma línea van el célebre discurso de don Abdón Cifuentes en el acto fundacional de la Universidad Católica, el libro de Simón Kusmanich sobre la "Presencia salesiana en Chile" y la documentación sobre la creación y supresión de la Escuela de Artes y Oficios o sobre la creación de la Universidad Federico Santa María. Hay también obras de importantes historiadores contemporáneos: Encina, campeón de esta causa; Benjamín Subercaseaux, o más recientes como Mario Góngora en su Ensayo histórico sobre la noción de Estado en Chile en los siglos XIX y XX, Gonzalo Vial en Historia de Chile 1891-1993, Fernando Campos en Desarrollo educacional 1810-1960, Nicolás Cruz en Una contrapropuesta educacional en el Chile del siglo XX, entre otros.

A la luz de este notable esfuerzo literario, cabe decir que no ha faltado visión acerca de la necesidad de formar técnicos y mandos medios capaces de hacerse cargo en nuestro país de las tareas específicas, prácticas, que demandan la agricultura, el mar, la minería, la construcción, el comercio, la banca y otras múltiples actividades que se adscriben al área de servicios. Sin embargo, ello no se ha hecho.

En efecto, la conclusión que se desprende de esa literatura es simple: el país requiere educación técnica (práctica), y, no obstante, no cuenta con ella. Se ha puesto demasiado énfasis en la "educación liberal", en una "enseñanza teórica y forense". Éste es el diagnóstico que se ha hecho con reiteración desde mediados del siglo antepasado.

Si ahora comparamos la relevancia que en otras partes se le concede a la educación técnica, vemos, por ejemplo, que en EE.UU. y Canadá entre el 70% y 80% de la educación superior corresponde a lo que en Chile son los Centros de Formación Técnica, mientras en nuestro país no superan el 10% del sector.
Es cierto que hay, en el último tiempo, algunas señales financieras que favorecen una mayor demanda por este tipo de educación; es el caso del así llamado crédito con aval del Estado o las becas que han ido aumentando para este fin. Pero los incentivos, que son parte importante de la explicación de la desproporción apuntada, han sido y son aún muy tímidos a la luz de lo antes referido. Prueba clara de ello es que dicha desproporción ha crecido en los últimos 10 años.

Un tema muy relevante, si se lo mira en la perspectiva económico-financiera, tanto desde un punto de vista público como privado, es considerar que es bien distinto estudiar dos años o dos años y medio que cinco o seis, como ocurre con los estudios universitarios. Esto es algo relevante para quienes otorgan -también para quienes obtienen- créditos, públicos o privados, teniendo en cuenta precisamente que el técnico estudia menos tiempo y, por lo tanto, está en condiciones de entrar a la fuerza de trabajo antes, a lo que se suma, según datos de inserción laboral, que consigue trabajo relativamente pronto.

También ha de considerarse la relevancia que este tipo de educación tiene de cara a fortalecer el espíritu de emprendimiento y de innovación. En efecto, la educación técnica, junto con procurar ajustarse lo más posible a los requerimientos de la fuerza de trabajo, procura, o debe procurar, que el futuro técnico logre convertirse en un generador de empresa. Hay buenos pero lamentablemente pocos ejemplos en este sentido. Esto, que hace falta subrayarlo mucho más, es vital para el crecimiento de una economía. La educación técnica agrega a la economía, digámoslo así, competencias o energías que una educación liberal, excesivamente teórica o forense, tiende más bien a diluir. Éste es un tema de la mayor importancia en nuestro país que concierne a las políticas públicas.

El propio Banco Mundial, en su último informe, ve con preocupación el número insuficiente de trabajadores técnicos que posee Chile. Señala que los empleadores perciben que la insuficiencia de trabajadores calificados es uno de los mayores obstáculos para el crecimiento. Chile, agrega el documento de la OCDE, "necesita más y mejores técnicos". 

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