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May 2021 - Edición 251

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¿Ad portas de una educación de calidad?

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Pese a que los gastos en educación se han incrementado en casi un 300% entre 1990 y el 2008, pareciera que el sistema educativo ha sido ineficiente en transformar estos mayores recursos en mejores resultados de aprendizaje. ¿Cuál es el camino? ¿Será posible mejorar la educación? 

Por Marcela Paz Muñoz Illanes

Chile exhibe el mayor gasto privado en educación superior en el contexto de la OCDE. Mientras el promedio de esa inversión en las otras naciones es del 31%, en nuestro país es de 78%. Para educación básica y media, la participación directa de las personas en el financiamiento es también alta, duplicando al promedio de la organización.

Pero ese gasto no se traduce en mejoras. Existe un consenso casi unánime que las pruebas SIMCE de medición de la calidad de la educación no evidencian progresos en el rendimiento escolar, salvo algunos colegios subvencionados que atienden a niños de sectores vulnerables y que han logrado excelentes resultados. Fenómeno que se repite también en los resultados de otras mediciones internacionales y en el progresivo deterioro de la matrícula de los establecimientos municipales.

Será, entonces, que estamos lejos de encontrar una educación de calidad para Chile. ¿Es posible revertir este panorama? Ésta es la opinión de tres expertos.

Para Ricardo Paredes, académico de la Universidad Católica y ex miembro del Comité de Expertos en Educación del ex Presidente Sebastián Piñera, “la calidad es un concepto muy amplio. Como la dificultad no debe ser un obstáculo, del esfuerzo y la necesidad de medición es enorme, este concepto debe tener un componente de aprendizaje en un conjunto de disciplinas que suele medirse por la vía de pruebas estandarizadas. Además, la calidad tiene que ver con otros fenómenos más complejos de medir, y que dicen relación con la capacidad de entregar elementos que permitan a los niños aprender, comprender, crear y disfrutar. En este segundo paquete de conceptos está el desarrollo de habilidades blandas, relacionados con la empatía, creatividad, adaptabilidad y capacidad de integración social”.

Para Ernesto Treviño, quien es director del CPCE de la Universidad Diego Portales, cuando hablamos de calidad entendemos “el desarrollo integral de los niños, lo cual incluye su aspecto emocional, social, cognitivo y físico”. Coincide con esa visión la ex ministra de Educación Mariana Aylwin, quien ha sido bastante crítica de la actual reforma educativa que propone el gobierno. “Una educación de calidad es aquella que se preocupa de la formación integral de todos los estudiantes, buscando que cada uno descubra sus potencialidades, motivándolos por el aprendizaje y por su desarrollo personal, como un ciudadano comprometido con la construcción de un mundo mejor”.

Reforzar el trabajo del profesor

Pero, ¿es posible lograrlo? Ricardo Paredes cree que no existe una receta, pero si se encuentra un factor preponderante: el profesor y el ambiente en el aula. “No basta que los docentes cuenten con altas capacidades, sino que, además, se desenvuelvan en ambientes en que se les valore, se les asegure disponer de tiempo para ellos, para preparar sus clases, que reciban un trato justo y se les cuide. La educación no es cosa sólo de las escuelas, es fundamental reforzar la relación con los apoderados”.

En ese mismo sentido, para Mariana Aylwin es primordial revalorizar la formación inicial de los docentes, crear condiciones que permitan contar con una carrera profesional atractiva y apoyarlos para se conviertan en buenos profesores. “Aquello es una tarea fundamental para mejorar la educación”.

Últimamente ha estado en la palestra y por ello sentencia: “La reforma educacional actual ha privilegiado partir por eliminar el lucro, el copago y la selección. Pero el gobierno se ha comprometido abordar el tema de la formación docente durante el próximo semestre.”

“En el actual sistema los incentivos son de tal perversión, que llevan a las escuelas a ocuparse más de la selección y la enseñanza focalizada en la prueba SIMCE, en vez de centrarse en los ámbitos que permiten un desarrollo integral de los estudiantes”, asegura Ernesto Treviño.

A su parecer, los docentes en Chile tienen niveles aceptables y buenos de apoyo emocional y organización de la clase y se podría decir que responden bien al marco para la buena enseñanza. “Es necesario, sin embargo, mejorar el apoyo pedagógico. Esto significa brindar oportunidades a los alumnos de desarrollarse y ejercitar sus propias capacidades (opinar, experimentar, realizar trabajos en grupo). Actualmente, los docentes están más preocupados por ‘pasar materia’, fuertemente influenciados por el incentivo del sistema de aseguramiento de la calidad”.

Pareciera que hay coincidencia entre los investigadores sobre el hecho que existe una buena base de profesores, “pero que se requieren esfuerzos distintos para trascender hacia una etapa de mayor profundidad y densidad en las prácticas. Ello nos permitirá apoyar todos los ámbitos del desarrollo y no solamente los aspectos cognitivos de la enseñanza curricular”.

Importar lo bueno

Basta mirar los buenos modelos extranjeros en materia educacionales, coincide Paredes, “y darse cuenta de que el denominador común son justamente los profesores, con una buena formación disciplinar y que en Chile deja mucho que desear en numerosas escuelas de pedagogía”.

Asimismo, Treviño sostiene que “los sistemas educativos exitosos tienen tres características. Primero, las oportunidades educacionales en la escolaridad obligatoria no dependen del origen social de los estudiantes. Segundo, la profesión docente es sólida, con conocimiento de cómo aprenden los niños, cómo enseñar y cómo apoyarlos. La profesión recibe apoyos explícitos de especialistas para ayudarlos a resolver sus problemas de clase. Tercero, la solidez de los sistemas educativos en términos de capacidades de enseñanza se construye y no aparece por generación espontánea”.

En ese sentido, cree que Chile puede replicar de aquellos modelos el hecho de “desvincular las oportunidades del origen social, a través de políticas educativas y sociales que permitan disgregar el sistema escolar. Por ejemplo, eliminar la selección de estudiantes y cambiar los incentivos del sistema de financiamiento y rendición de cuentas. Actualmente, los incentivos llevan a seleccionar para maximizar los resultados SIMCE, en vez de mejorar las capacidades de enseñanza».

En segundo lugar, asegura Ernesto Treviño que lo importante es fortalecer la profesión docente, pero no solamente con una carrera docente, sino construyendo capacidades para que los profesores mejoren la enseñanza. Esto implica acompañar a los docentes en el aula, estudiar conjuntamente con ellos las prácticas y desarrollar estrategias de mejora de la enseñanza en función del punto de partida de los profesores.

Mariana Aylwin cree que, “cada país se da su propio sistema. Hay tantas formas de organizar la educación como países. Lo que sí es común a las naciones que logran calidad en su educación es la preocupación por tener buenos profesores, prestigiados por la sociedad y el apoyo a las comunidades educativas para que todos los estudiantes puedan aprender. Eso significa soportes efectivos para la inclusión en cada escuela”.

Por ello, al profesor Paredes le preocupa el sentido de las protestas y manifestaciones en Chile. “Los énfasis hoy parecen puestos por ‘la calle’ y el consenso experto no ha variado. El éxito en el desarrollo de un país es que la buena educación se inicie lo antes posible”.

A eso agrega Mariana Aylwin: “Debemos reforzar la educación pública en nuestro país. Tiene que ser posible. Es urgente renovar su sentido y su verdadera misión en el siglo XXI. Hay que buscar la fórmula para obtener recursos, competencias y contar con atribuciones que le permitan brindar una educación de calidad”.

¿Cuál es el rol que se le debe asignar a la educación técnica en chile?

Ricardo Paredes: “La educación técnica tiene un potencial enorme. Pese a la alta porción de la matrícula, cumple un rol inferior al que merece. La buena educación técnica es una excelente forma de adquirir destrezas para jóvenes que no están satisfechos con la educación escolar, pero que tampoco tienen ni habilidades o intereses para una carrera universitaria. La educación técnica debiera estar orientada al trabajo y ello es una gran vía de formación”.

Ernesto Treviño: “Este sector posee un enorme desafío. Las habilidades de desarrollo en esta educación técnica debería ser las mismas, aunque con contenidos distintos, porque apuntan a la especialización en algún ámbito técnico. Es necesario flexibilizar la oferta de educación superior para que egresados de estos programas puedan continuar sus estudios cuando lo deseen”.

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