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Jun 2020 - Edición 241

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La experiencia: calidad no cantidad

Educar en Familia

Por: Equipo Hacer Familia

Acumular diplomas, viajes, cargos, hobbies, amigos, o jactarse de haberlo probado todo, no sirve de mucho. Más vale enfocarse en que las vivencias por las que pasamos nos hagan crecer.

“En mi juventud no sabía qué hacer de mi vida, sólo tenía claro que quería encontrarme a mí mismo. Así fue como partí a la India, pensando que yo podía estar allá”, contaba burlón un educador en una conferencia. Y seguramente muchos de los presentes se sintieron identificados. Viajes, cambios de casa e incluso decisiones tan importantes como la maternidad a veces se toman pensando que la sola vivencia nos va a transformar o nos va a entregar aquello que buscamos.

Estamos, pero ausentes
Según el psiquiatra Alejandro Fernández, de la Unidad de Dependencia Química del Instituto Schillkrut, el tema de fondo es que ponemos más fe en la supuesta potencia de la vivencia que en lo que pueda sucederle a la persona mientras ésta ocurre. No por nada hay autores que dicen que la modernidad ha forjado un tipo de experiencia sin sujeto: pasamos por algo exteriormente, pero no nos pasa demasiado por dentro.

La buena noticia es que, si el problema es cuestión de actitud, la solución también. La antropóloga Patricia May observa que vivimos en permanente expectativa, deseo, insatisfacción, queriendo lo que no tenemos y actuando como no somos. “Eso es vivir en la ausencia. En vez, debemos esforzarnos por agradecer, aceptar, no pretender controlarlo todo, confiar en la creatividad que todas las personas tenemos, tolerar la imperfección, disfrutar de los procesos, no sólo pensar en los resultados”, aconseja.

Ella pone como ejemplo a los niños, que viven cada situación como si fuera la única, sin pensar en lo que se están perdiendo por estar ahí y abiertos a los regalos que puedan dárseles. Y así es como se forja la experiencia con mayúscula, que no es algo que se alcanza, sino un viaje que no acaba. Tampoco es una suma de shocks aislados, sino un continuo, formado por errores, sorpresas y desafíos de todos los calibres. No es un mero conocimiento de cómo son las cosas, sino un saber acumulado.

Un buen carpe diem

Estrujar cada momento es algo que profesores y padres debemos tener la mente para poder realmente estar con nuestros niños y jóvenes. Y con cada uno en particular, no como grupo.

  • Intentar ser conscientes de que cada momento es único y repetible.
  • Saber dejar de lado el teléfono para permitir que se den esos momentos mágicos de encuentro interpersonal. Con internet de por medio es imposible.
  • Ser capaces de dejar de planificar y analizar para, así, poder enfocar todos nuestros esfuerzos en la escena que estamos viviendo.

 

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