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Ago 2020 - Edición 243

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Escribir sana el alma

Educar en Familia

Por: Luz Edwards

Es una forma de descargar tensiones de manera creativa, haciendo uso de ese mismo malestar y dándole más belleza y valor.

(Texto a partir del artículo “How writing about difficult experiences can help you take back your power” publicado en ideas.ted.com)

Uno de los ejemplos más grandes que tenemos en la historia de alguien que es testigo (narradora) y protagonista de sus vivencias es Anne Frank con su diario. Simplemente escribió lo que le estaba sucediendo a su familia y sobre su encierro y, al hacerlo, tenemos un registro muy íntimo de esta familia durante uno de los peores períodos de la historia de nuestro mundo. Y la experiencia de escribir ese diario fue, sin duda, sanadora y reflexiva para Anna.

Todos podemos usar la escritura para dejar registro de nuestras vivencias y para ayudarnos a reflexionar y darles un sentido a los momentos difíciles. Es una forma de descargar tensiones de manera creativa, haciendo uso de ese mismo malestar, dándole una “utilidad”, lo cual lo embellece.

Tres pasos que pueden ayudar a comenzar a escribir:

1.      Hacer una lista de 10 temas que tenemos pendientes de alguna manera. Experiencias que nos produjeron pena, impotencia, inseguridad… Temas no resueltos que pensamos que nos haría bien volver a abordar o temas bonitos que quisiéramos revivir por la energía y alegría que nos gatillan.

2.      De esa lista escoger los 3 temas que más interés nos provocan, respecto de los cuales tenemos sentimientos involucrados. No tiene que ser lo más traumático, pero son cosas que uno piensa y dice "Ah, tengo que escribir sobre esto". Para comenzar es recomendable sentarse en un lugar cómodo con lápiz y papel. Quienes no se sientan cómodos con el papel, por supuesto pueden usar un computador o Tablet, o cualquier dispositivo que les permita escribir.

Una buena manera de partir es darse 30 minutos ininterrumpidos, lo que significa que apaga el teléfono, se pone en modo avión, sin correo electrónico.

El foco debemos ponerlo en tres aspectos: detalles; el orden de los eventos; y en cómo te hizo sentir. Esta última es la parte más importante.

3.      Elige uno de los temas y cuenta tu historia
Nuestra memoria existe y subsiste a través del acto de contar las historias. El formato puede ser una carta a nuestro “yo” más joven, puede ser una carta a un hijo futuro, una parodia, una canción, un formato como diario de vida… Lo que nos acomode. Puede ser en primera persona o en tercera.

Al contar nuestra historia la mantenemos viva y la hacemos aún más nuestra. Quizás tenemos vocación de publicar ese escrito y compartirlo. Tal vez no. Aunque nunca más nadie lo lea, aunque sea un texto solo para nosotros, es un ejercicio muy profundo que nos permite aprender de nuestras propias vivencias y darles más valor.

 

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