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Ago 2020 - Edición 243

El arte, la música... la cultura transforman vidas

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El rol de la música durante la pandemia

Educar en Familia

Por: Luz Edwards

Este encierro puede ser un buen momento para indagar en grupos de música o estilos nuevos que nos hagan sentir bien.

(Texto a partir del artículo “La música amansa el confinamiento” de Salvador Martínez, experto en neurociencia, publicado en el sitio web The Conversation)

Todos sabemos que una buena canción nos pone los vellos de punta, puede hacernos sentir escalofríos, acelera el corazón y provoca otros cambios fisiológicos propios de la excitación emocional. Nuevos estudios en neurociencia han demostrado que una recompensa abstracta como la música provoca la liberación masiva de dopamina. Éste es un neurotransmisor que, dicho sea de paso, juega un papel fundamental a la hora de establecer y perpetuar comportamientos que son biológicamente necesarios.

Es decir, gracias a que con la música se ponen en marcha circuitos cerebrales asociados al placer, aumenta el bienestar y crece la confianza psicológica, tenemos como resultado un momento de felicidad pasajera, pero que puede ser muy valiosa en este contexto de confinamiento donde no contamos con muchas otras herramientas.

Algunos otros datos desde la neurociencia para comprender la potencia de la música:

  • Se ha demostrado que escuchar música de ritmo lento tiene la capacidad de reducir todos los parámetros asociados al estrés, sobre todo cuando los sujetos analizados son los que escogen las melodías que escuchan. Esto puede ser debido a que la música relajante contiene tonos que evolutivamente han sido asociados a ruidos producidos en circunstancias relajantes, mientras que las músicas trepidantes o épicas se asocian a problemas o amenazas.

 

  • Al escuchar una melodía se generan estados emocionales que reemplazan temporalmente a los sentimientos provocados por el momento presente. Y eso convierte a la música en una excelente válvula de escape del presente incierto y frustrante.

 

  • Otra propiedad asombrosa de la música es que tiene la capacidad de cambiar cómo percibimos el mundo que nos rodea. De demostrarlo se encargaron hace unos años Jacob Jolij y sus colegas de la Universidad de Groningen (Holanda). Según pudieron averiguar, una canción alegre tiene un efecto tan potente sobre la sesera que nos hace “ver” caras sonrientes donde no las hay. Y lo mismo se puede decir de las canciones tristes. En otras palabras, escuchar música no solo cambia lo que sentimos, sino también lo que vemos. Las notas musicales tiñen de colores el cristal con que se mira.

 

  • Al escuchar música sentimos que “nos mueve por dentro” lo cual es, precisamente, que la música evoca movimiento. Al escucharla se activa el sistema motor que reconoce los ritmos y se siente impulsado a realizarlos, es libre para moverse. Entonces, en cierto modo, salimos del confinamiento.

El cerebro es una máquina que funciona generando ritmos de actividad cerebral en sus neuronas y circuitos. Quizás por eso también busca la estructura rítmica en el entorno, los patrones de las cosas. Cuando los identifica obtiene una sensación muy placentera. Se debe a que, al reconocerlos, puede hacer predicciones de las canciones y emocionarse cuando “acierta” en sus vaticinios o sorprenderse cuando lo que suena resuelta inesperado.

Entonces, ya lo sabemos. La música puede ser un excelente aliado en este tiempo estresante. Utilicémosla a nuestro favor.

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