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Ene 2020 - Edición 237

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Creatividad

Educar en Familia

Por: María Ester Roblero

Se asocia la creatividad con el talento artístico, como si se tratara de un don exclusivo de quienes son capaces de crear obras musicales, plásticas, visuales…

Sin embargo, todos los seres humanos nacemos con la capacidad de adquirir el valor de la creatividad, también definido como “imaginación constructiva”, que permite buscar y encontrar soluciones a los problemas de manera novedosa. De ahí el enorme potencial ético de este valor, que se aprende en el hogar.

Aseguran que la creatividad se aprende en la infancia, igual como se aprende a leer. Solo que en vez de asociar letras y sonidos con lo que nombramos a nuestro alrededor, debemos asociar ideas con problemas y ponerlas en acción para encontrar respuestas y modificar la realidad. Por eso, detrás del proceso creativo siempre está la pregunta: ¿cómo podemos hacer esto diferente o mejor?

La creatividad implica prestar atención al mundo que nos rodea y las herramientas que empleamos para ponerla en práctica son las propias experiencias, entre las cuales tienen gran valor los errores, lo que “no resultó”. También los conocimientos y la dedicación.

En este sentido, todos los seres humanos podemos crecer en creatividad y así transformar nuestro entorno por medio de soluciones originales. Éste es el gran valor ético de la creatividad: no hace capaces de reconocer las necesidades y problemas de las personas que nos rodean y del ambiente en que vivimos o trabajamos.

Qué habilidades debes desarrollar:

  • Intuición, para observar y detectar necesidades en nuestro entorno.
  • Iniciativa personal, para pensar y proponer soluciones posibles.
  • Inventiva, para asociar ideas hasta dar con algo nuevo que aportar.

¿Cómo se enseña el valor de la creatividad?

 - A los niños pequeños:

Desde que nacen es importante fomentar su curiosidad: por las voces, sonidos, objetos y colores, texturas, caricias. Así el niño se irá abriéndose al mundo de manera alegre, sintiendo entusiasmo por lo que va conociendo. En este sentido, hacer apego cumple además con un fin primordial como es instalar al niño en una realidad que lo acoge e interpela de manera positiva.

En la más temprana infancia irrumpe también el juego como una instancia muy especial para practicar y potenciar la creatividad. Hay que permitir que el niño juegue con soltura y libertad, observando y participando en su juego, pero sin condicionarlo y estructurarlo demasiado ya que la creatividad en sí misma es un valor que permite al niño adquirir más confianza en sí mismo, flexibilidad y capacidad de recomenzar.

 - A medida que crecen:

Podemos estimular la inventiva de los niños a través de las preguntas: ¿qué hacemos para resolver esto?, ¿cómo podemos hacerlo mejor? Y en situaciones tan prácticas y cotidianas como ordenar un armario, poner la mesa, o regar las plantas. Con eso cumplimos muchos fines: vivimos la creatividad como “ideas en acción”, o un proceso que tiene un objetivo preciso.

A partir de los 4 años podemos aprovechar infinitas oportunidades para incentivar la creatividad de los niños: ¿qué podemos hacer de comer con estas dos papas y un pedazo de zapallo?, ¿cómo podemos combinar diferente esta ropa?, ¿se te ocurre cómo ordenar diferente tus juguetes?, ¿cómo logramos que tu hermano duerma mejor?

Es importante validar sus ideas y no corregirles o hacerles sentir que no tienen edad para tomar iniciativa. Hay que escucharlos, no reírse y darles tiempo y espacio para probar. Picasso aseguraba que todos los niños son creativos y dejan de serlo por culpa de los adultos.

También a esta edad es clave aumentar sus herramientas creativas: las experiencias. El contacto con la naturaleza, las excursiones, visitas culturales, reuniones con la familia extendida, aumentan su conocimiento del mundo y de la sociedad.

 - En la pre adolescencia y adolescencia:

Los padres tenemos que recordar que el principal ente formador del valor de la creatividad es la familia, el hogar, y no la escuela como podría pensarse. En la pre adolescencia es en las conversaciones con los hijos, en las sobremesas especialmente, donde se estimula el pensamiento crítico. De ahí que sean tan importantes los temas de los que hablamos en familia: podemos privilegiar aquellos que den cuenta de las extraordinarias evidencias de la creatividad humana –emprendedores, creadores, innovadores-; de los desafíos del futuro –medioambiente, medicina, políticas públicas; de las novedades culturales en cine, música, literatura… Menos TV, menos PC, y más conversaciones familiares.

A la vez, transmitir a los hijos que a esta edad deben estar abiertos a cuestionar y buscar soluciones, incentivándoles a participar en centros de alumnos, clubes y organizaciones de voluntario abiertas a niños de su edad. 

Por último, es importante que sepan que en el proceso creativo –al buscar soluciones o intentar encontrar un camino propio para servir al mundo- podemos equivocarnos muchas veces. Pero nuestras limitaciones y errores son igual de valiosos como herramienta creativa que cualquier experiencia.

 

Check para vivir el valor de la creatividad en la familia:

  • Alguien en la familia tiene un problema: ¿Cómo podemos ayudarlo? En vez de criticar, murmurar o comentar su situación como chisme, la creatividad invita a preguntarse cómo ayudamos a solucionar sus dificultades.
  • Podemos aliviar la carga de trabajo de la mamá o hacer las tareas del hogar inventando nuevas formas de organización familiar. Por ejemplo: innovar en el menú tan solo cambiando la presentación de las comidas.
  • Pensemos con tiempo en algún panorama para la celebración del día del padre, poniendo énfasis en intuir qué necesita o qué le gusta. Lo mismo con vacaciones de invierno: ¿Qué podríamos hacer sin gastar dinero?

 

 Check para vivir el valor de la creatividad en la escuela:

  • Se debe evitar a toda costa que los alumnos crean que “es mejor no dar opiniones propias o diferenciadas para no correr el riesgo de oír que están equivocados, o de ser puestos en ridículo en el aula, o castigados con malas notas.
  • Numerosas experiencias confirman la importancia de relacionar la escuela lo más posible con el barrio, los vecinos y en lo posible las empresas del lugar; para que los alumnos vivan estudiando en un mundo conectado y real.
  • Independiente del programa educativo de cada escuela, luchar contra las “categorías” superiores o inferiores de asignaturas. Las ciencias y las artes se complementan en los procesos creativos.
  • Fomentar los talleres, torneos y actividades en que los alumnos puedan mostrar sus diferentes facetas a toda la comunidad educativa.

 

Actividad práctica:

Nuevos usos para cosas viejas:

-¿Habrías pensados que los tubos vacíos de papel higiénico pueden servir para mantener enrollados los papeles de regalo?

-¿O qué el colador de tallarines sirve cuando tejes para meter las hebras de lanas de distintos colores?

Guarda durante una semana objetos de este estilo –envases de helados, de huevos, bandejas de carne…- y reunidos en familia piensen nuevos usos para éstos.

 

 

 

 

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