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Jun 2020 - Edición 241

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Adolescencia: una etapa disruptiva por mandato genético

Educar en Familia

Por: Equipo Hacer Familia

El actuar a veces desconcertante de los adolescentes tiene un correlato biológico. Somos los adultos quienes tenemos que saber ser flexibles y pacientes para cooperar al desarrollo cerebral importantísimo que se da a esta edad.

“Clásicamente se ha considerado que la adolescencia es una caja negra. Y todavía sabemos poco acerca de los cambios que se producen y su correlato corpóreo y de la conducta”, afirma Francisco Ceric, biólogo y doctor en psicología del área neurociencias, en una charla dictada para por el Centro de Apego y Regulación Emocional (CARE) de la Universidad del Desarrollo.

Sin embargo, algo que sí se sabe hoy es que durante la adolescencia se produce una segunda REESTRUCTURACIÓN CEREBRAL que marcará la identidad de la persona y la manera en que se relaciona con el ambiente. La primera reestructuración cerebral es la que se da a partir del momento del nacimiento y hasta los 12 a 16 meses de vida.

Por eso, es fundamental que los adultos que rodean al adolescente sean actores que jueguen a favor de esta reestructuración, que es un mandato biológico con una función evolutiva.

Aquí algunas de las ideas principales que plantea Francisco Ceric en la charla, que está disponible en el canal online de la UDD (“Asimetrías en el desarrollo cerebral en adolescentes” en www.uddtv.udd.cl o en YouTube https://www.youtube.com/watch?time_continue=5860&v=oJoS3RfjSU8&feature=emb_logo)

 

  • Hoy se establece que la adolescencia va desde los 10 a los 24 años. Un hito crítico es la etapa de la pubertad por los cambios hormonales que gatillan cambios generales en el cuerpo.

 

  • La cantidad de neuronas se mantiene casi estable durante toda la vida. Lo que varía son las conexiones, que se producen cada vez que aprendemos algo. Durante la adolescencia se produce una poda de las conexiones neuronales. Esto, para mantener las conexiones que sean más robustas y tener un cerebro más eficiente. En consecuencia, las conexiones más débiles o menos usadas se pierden.

  • Cuando se habla de plasticidad del cerebro, se refiere a esto. Y la adolescencia es un período crítico. De la adultez en adelante siempre habrá una capacidad del cerebro para reparase (y para atrofiarse), pero nunca más se dará una remodelación de esta magnitud.

  • En esta reestructuración se da una “asimetría en el desarrollo del cerebro” que es una de las respuestas al actuar más arriesgado que tienen los adolescentes, en general, o basado más en la recompensa que en las consecuencias. Esta asimetría consiste en un desfase temporal entre el desarrollo de la zona que promueve la exploración, el riesgo, el anhelo de ideales, etc; y la zona de la corteza prefrontal que es la responsable del control, del avistamiento de las consecuencias y de la empatía con otros. Por eso la imagen clásica negativa del adolescente que es visto como egoísta, solo preocupado de pasarlo bien e impulsivo. Todo un desafío para los adultos que lo rodean, pero así es esta etapa y también fue así nuestra propia adolescencia, en mayor o menor grado, según el temperamento y personalidad de cada uno.

 

  • En esta etapa, también, es protagónico el llamado sistema de recompensa. Para los adolescentes es muy importante la búsqueda del placer porque aquí se producen importantes reestructuraciones: lo que les provocaba placer antes, ya no. Entonces, tienen el mandato biológico de volver a entender este sistema y descubrir qué les provoca placer ahora. Esto unido a la mayor tolerancia al riesgo, deriva en decisiones que ponen más énfasis en la recompensa que en las posibles consecuencias negativas.

 

  • Por esta razón, la importancia de promover entre los mismos jóvenes la idea de retrasar lo más posible el consumo de alcohol y drogas. Por un lado, porque a esta edad existe mayor atractivo hacia lo “rico” de algo y mayor dificultad para evaluar los riesgos. Y, por otro lado, porque esta reestructuración cerebral debe darse en un estado natural, no con activadores de placer exógenos, pues eso daña la nueva construcción.

 

  • ¿Cómo logramos los seres humanos sobrevivir a esta etapa tan peligrosa? Se preguntan algunos adultos. Pero debemos intentar no dramatizar y ser capaces de ver que es una etapa bonita e importante que se debe vivir intensamente pues aquí se forja la identidad de la persona. No una etapa problema que intentamos que pase lo más pronto posible. También es bueno que los adultos cercanos a un adolescente tengamos claro esto: que nuestro criterio adulto es otro y que el adolescente de verdad no ve la realidad igual que uno. De esta manera, con realismo y respeto, el desafío es lograr mantenernos cerca del adolescente para poder apoyarlo, escucharlo, darle la confianza y los momentos para que comparta algo de su intimidad con nosotros. También, como adultos mirarnos al espejo y observar si pensamos que somos autoridades válidas. Si no lo somos, debemos desarrollar esa faceta pues el adolescente necesita del cariñoso monitoreo de los adultos y de un hogar acogedor a donde volver de sus andanzas, para reponerse tanto físicamente (nutrición y sueño) como anímicamente (seguridad, cariño incondicional, espacio para pensar).

 

 

 

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