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Regístrate y accede a la revistaLos resultados de PISA volvieron a encender las alertas sobre el desempeño de los estudiantes. En Educar Conectados, Roberto Araya, académico del Centro de Investigación Avanzada en Educación de la Universidad de Chile, analizó las posibles causas de la baja, el impacto de las brechas y la convivencia escolar, y la importancia de aprovechar mejor el tiempo de aprendizaje y fortalecer el vínculo con las familias.
Los resultados de la última prueba PISA muestran una disminución en lectura y matemática, mientras que ciencias presenta un desempeño relativamente estable. Más allá de las cifras, el escenario abre una pregunta más compleja: ¿qué está ocurriendo con los aprendizajes y qué factores podrían explicar este deterioro? Sobre ello conversó Marcela Muñoz, directora de Revista Educar, con Roberto Araya, académico del Centro de Investigación Avanzada en Educación (CIAE) de la Universidad de Chile, en un nuevo capítulo de Educar Conectados.
Una baja que no tiene una sola explicación
Para Araya, uno de los primeros puntos que hay que considerar es que todavía no existe una explicación única para los resultados. El uso intensivo de celulares y redes sociales aparece como una posible causa, especialmente frente a la disminución en lectura, pero advierte que esa hipótesis no permite explicar completamente lo que ocurre.
“Sin duda es muy preocupante y primero que todo hay que destacar que no es totalmente claro cuál es la causa, si es única o son varias”, señaló. Una de las interrogantes surge precisamente al observar ciencias, área en la que también es necesario leer y comprender textos, pero donde el desempeño se ha mantenido más estable.
El académico también puso el foco en las brechas educativas y en el tiempo que los estudiantes destinan efectivamente al aprendizaje. Durante la pandemia, recordó, Chile optó por priorizar el currículum y concentrarse en contenidos esenciales. Según explica, esta decisión pudo beneficiar a quienes presentaban mayores dificultades, al disponer de más tiempo para determinados aprendizajes, pero también pudo limitar las oportunidades de avanzar de aquellos estudiantes que estaban en condiciones de abordar más contenidos.
Convivencia y tiempo efectivo para aprender
Otro de los aspectos abordados fue el clima al interior de las salas de clases. Araya explicó que investigaciones realizadas con sistemas digitales han permitido observar cuánto demora un curso en comenzar efectivamente a trabajar.
“Nuestra estadística nos dice que más o menos se demoran como 26 minutos en que ya más de la mitad del curso está haciendo cosas”, afirmó. En un bloque de 90 minutos, esa demora representa una parte importante del tiempo disponible para aprender. Para el académico, mejorar la convivencia, el orden y el aprovechamiento efectivo de las horas de clases es también parte del desafío educativo.
El vínculo con los profesores, una oportunidad
Dentro de los resultados también aparecen señales positivas. Durante la conversación se destacó que los estudiantes chilenos declaran percibir interés de sus profesores por su aprendizaje y acompañamiento durante el proceso educativo.
Araya considera que este vínculo constituye una oportunidad, aunque advierte que las comparaciones entre países deben hacerse con cautela, porque las percepciones de los estudiantes también están influidas por factores culturales. Por ello, plantea que resulta especialmente relevante observar cómo evolucionan estos indicadores dentro del propio país.
La familia también es parte de la respuesta
El académico destacó, además, el papel de las familias en el aprendizaje. A su juicio, uno de los grandes desafíos es conseguir que la preocupación por la educación y las oportunidades de aprendizaje llegue a todos los hogares, especialmente a aquellos en contextos más vulnerables.
“La familia es esencial, es muy importante”, sostuvo Araya, quien enfatizó la necesidad de fortalecer el vínculo entre el hogar y la escuela y de generar una mayor conciencia sobre la importancia de invertir tiempo y esfuerzo en la educación de los hijos.
Los resultados de PISA plantean así un desafío que va más allá de encontrar una única causa para explicar la caída. Recuperar los aprendizajes requiere mirar simultáneamente lo que ocurre dentro y fuera de la sala de clases: el tiempo efectivo para aprender, las brechas, la convivencia, el acompañamiento de los profesores y la participación de las familias.
Revisa la conversación completa con Roberto Araya en Educar Conectados, el podcast de Grupo Educar.
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