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Regístrate y accede a la revistaEl establecimiento, dirigido por Víctor Reyes, fue seleccionado entre los 50 finalistas del Global School Prize, gracias a su apuesta por una nueva forma de enseñar.
El Liceo Bicentenario de Excelencia Polivalente San Nicolás, en la Región de Ñuble, fue recientemente reconocido a nivel internacional tras ser seleccionado dentro de los 50 finalistas del Global School Prize, uno de los premios más importantes a nivel mundial en educación. El establecimiento destacó en la categoría Educación STEM, posicionándose entre iniciativas innovadoras de distintos países.
Para su director, Víctor Reyes, este reconocimiento no solo representa un logro institucional, sino también la validación de un proceso de transformación pedagógica que el liceo ha venido impulsando durante los últimos años.
“El orgullo es primero de los estudiantes y de los profesores, que pudieron acoger el llamado interno que les hicimos a innovar, a dejar un poco el estándar de enseñanza tradicional y transitar hacia el STEM”, señala.
Más allá del premio, el foco del proyecto ha estado puesto en cambiar la manera de enseñar. Según explica Reyes, esto ha implicado cuestionar prácticas tradicionales profundamente arraigadas en el sistema escolar. “Enseñar a través de la metodología STEM significa ponerse de acuerdo en pedagogía en muchas cosas, significa dejar el asignaturismo, significa pensar holísticamente”, afirma.
Este cambio no ha sido inmediato ni sencillo. Ha requerido un proceso sostenido de trabajo con los docentes y estudiantes, así como una apuesta por nuevas formas de aprendizaje. «No fue fácil convencer a los profesores, mejorar su desarrollo profesional y luego, con los alumnos, proponerles una nueva manera de aprender», explica.
Uno de los elementos centrales de esta transformación ha sido la decisión de diversificar las formas de enseñanza, alejándose de la lógica estandarizada. “Si nosotros queremos desarrollar ese potencial, tenemos que diversificar las formas de la enseñanza y no estandarizarlas”, sostiene el director.
Desde esta perspectiva, el aprendizaje no se mide únicamente en resultados académicos, sino en el desarrollo integral de los estudiantes. “Nos quedamos con el desarrollo armonioso de las habilidades, del potencial que tiene cada persona”, plantea.
Esto se traduce en proyectos concretos que vinculan el aprendizaje con problemas reales y contextos significativos. “Lo que nosotros hicimos fue reencantarnos con la vocación de ser maestro y tener la tranquilidad de que íbamos a aprender de los errores”, señala.
Este enfoque ha permitido fortalecer el trabajo en equipo. “Formar equipo, soñar en conjunto lo que estamos haciendo en el día a día”, describe.
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