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Regístrate y accede a la revistaLas dinámicas más simples son a veces las más enriquecedoras. Conversamos con la psicóloga María José Lacámara sobre cómo aprovechar las vacaciones para potenciar los vínculos familiares a largo plazo.
«Los vínculos familiares no están rotos, están cansados”, asegura la psicóloga clínica de la Universidad de los Andes, María José Lacámara. El ruido y las pantallas son dos de los principales factores que hacen difícil el escucharse y encontrarnos. En este contexto, las vacaciones son una oportunidad para las familias, pero es importante no llenarlas de actividades y dinámicas complejas. Una conversación sin apuros ni distracciones, ya es un aporte.
-¿Qué herramientas psicológicas concretas se pueden utilizar para contrarrestar esos efectos?
-Las familias se quieren, pero están agotadas. Corremos todo el día, vivimos llenos de ruido y de pantallas, y cuando hay tanto ruido se vuelve difícil escucharnos de verdad. Muchas veces convivimos, pero no nos encontramos. Estamos físicamente cerca, pero emocionalmente un poquito lejos. Y no porque no queramos, sino porque el ritmo de vida simplemente no nos alcanza para conectar como necesitamos.
Para mí, lo primero es aprender a pausar. Suena demasiado simple y fácil, pero cambia todo. Antes de responder, antes de retar, antes de reaccionar… una pausa. Y después, la escucha: no para corregir ni para opinar, solo para escuchar activamente al otro. Validar lo que siente el otro también es algo que tenemos a mano, y lo usamos poco. Y por último, un ritual chiquitito del día –aunque sea un minuto– donde te puedas mirar a los ojos, y estar con el otro sin apuro. Es impresionante lo que un minuto diario y distinto puede cultivar el vínculo.
-Las vacaciones cambian las rutinas familiares en muchos sentidos. ¿Qué dinámicas o estrategias se pueden implementar para sacarles el jugo y acercarse como familia?
-Las vacaciones son una oportunidad increíble porque bajan las exigencias y sube la presencia. Estamos más disponibles, en un modo más lento. Y ahí pasan cosas muy bonitas. Para aprovecharlas, siempre digo lo mismo: bajemos las expectativas. No son para ser “la familia perfecta” o estar full panoramas, sino para disfrutar de lo simple: el poder estar realmente con y para el otro. Las mejores dinámicas son las más sencillas: un desayuno largo, una caminata juntos, una conversación sin pantallas, un juego de mesa en la noche. Lo simple une. No necesitamos grandes planes, sino darnos el espacio para poder estar con el otro.
María José Lacámara, psicóloga clínica de la Universidad de los Andes
«Las vacaciones son una oportunidad increíble porque bajan las exigencias y sube la presencia. Estamos más disponibles, en un modo más lento. Y ahí pasan cosas muy bonitas».
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