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Abr 2026 - Edición 301

Formación del carácter

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Mario Ponce: “Creo que el estudiante técnico-profesional puede elegir mucho más, es mucho más libre”

El actual vicerrector académico de la Universidad Católica de Chile recuerda su infancia en La Gratitud Nacional, donde estudió la especialidad de Electrónica, y cuenta por qué volvería a elegir una carrera técnico-profesional. También destaca al profesor que vio su talento y lo potenció. Además, detalla su carrera profesional y sus principales desafíos hoy.

Por: Paula Elizalde
Mario Ponce: “Creo que el estudiante técnico-profesional puede elegir mucho más, es mucho más libre”

En La Gratitud Nacional (hoy Salesianos de la Alameda), Mario Ponce descubrió su vocación por las matemáticas. Tras obtener el mejor puntaje de su generación en la entonces PAA, entró becado a estudiar Ingeniería Civil en la Universidad de Chile, y más tarde siguió el camino de las matemáticas con un máster en Brasil y un doctorado en Francia. 

Actualmente lidera a los más de 4.300 profesores de una de las principales universidades del país, a quienes incentiva a volver a tomar el rol de maestros. ¿Cómo fue su etapa escolar y qué le dejó el haber estudiado una especialidad técnico-profesional? Aquí recorre su camino. 

-¿Qué recuerdos tienes de la etapa escolar?

-Recuerdos muy bonitos. En la educación media estudié Electrónica en La Gratitud Nacional. Tuve una influencia muy marcada de mi padre por tener una educación técnico-profesional, bien convencido de que uno tenía que prepararse para el mundo del trabajo al salir del colegio, ya que las opciones de la universidad eran lejanas, inexistente, no eran una posibilidad. 

La Gratitud Nacional era una muy buena opción, pues uno estudiaba el primero medio donde se exploraban las especialidades del colegio y al final yo opté por Electrónica. Tuve una etapa escolar muy bonita, la disfruté mucho. Todavía tengo muy buenos amigos, con quienes tenemos un WhatsApp. Lo pasé muy bien en el colegio. 

-¿Tienes el recuerdo de algún profesor que te haya marcado? 

-El profesor que más me marcó fue el de matemática de primero medio, con quien cultivamos una gran amistad posteriormente. De hecho, terminó trabajando conmigo en la universidad. Era un profesor a la antigua, formado en las escuelas normales, con una formación disciplinaria muy profunda, sabía mucha matemática. 

Él detectó algún talento matemático en mí, alguna inquietud matemática, y la condujo bastante bien. Al principio, las clases de matemáticas del colegio industrial no eran de gran nivel, y yo se lo hacía saber. Entonces, él de alguna manera me desafiaba con problemas mucho más bonitos matemáticamente y yo empecé a resolverlos, y comenzamos ahí una sinergia bien linda porque él me daba todo el espacio que yo necesitaba. 

Me encantaría que mis hijos me dijeran “papá, quiero estudiar en un colegio TP”, yo estaría feliz porque eso significa que mis hijos, a los 18 años, además de saber ciencia y filosofía, van a saber trabajar en equipo, o hacer una proyección de contabilidad. Estoy convencido de que mientras uno más sabe, es más libre. 

También recuerdo al profesor de Historia, un hombre extremadamente culto, quien valoraba mucho la expresión oral. El profesor Morales me enseñó a hablar en público y lo valioso que era ser capaz de expresarse, de comunicar, usar palabras más sofisticadas, citar lecturas. En los cursos de historia aprendí a enseñar. 

-Mirando hacia atrás, ¿cómo ves el paso por la educación técnico-profesional? ¿Qué herramientas te entregó?

-Hace unos días hicimos una ceremonia donde recibimos a estudiantes TP en un programa especial (Bachillerato Inicia) y, antes de dar el discurso inicial, me pregunté si me arrepentía de no haber tenido una formación HC, y si donde estoy hoy es a pesar de haber estudiado TP o gracias a haber estudiado TP, y estoy convencido de que es gracias a esto último. 

No tengo ninguna envidia de la otra formación, de alguna manera me la fui construyendo a la larga, pero creo que la formación TP es distinta, te da la confianza de que eres capaz de insertarte en medios productivos. Te fuerza a que tus capacidades vocacionales aparezcan antes y a relacionarte con otros. Porque el mundo del trabajo es con otros. Y la formación científico humanista es muy del individuo, tu nota, tu prueba. 

El proyecto de construir un circuito no se hace solo, uno aprende ciertas habilidades que hoy se llaman del futuro, pero para la educación TP han sido de siempre: el trabajar con el otro, en proyectos, que no son formas típicas de la formación HC. 

Gracias a esa formación, a los 18 años me vi con la posibilidad de poder elegir. Estudié lenguaje, matemáticas, un poco de ciencia y logré elegir. Pienso que si hubiera estudiado HC, hubiera podido elegir menos. 

Creo que el estudiante TP puede elegir mucho más, es mucho más libre. Es cierto que hay restricciones económicas, son los datos, pero si logramos que una educación TP se suelte de las amarras socioeconómicas, los estudiantes TP son más libres. Me encantaría que mis hijos me dijeran “papá, quiero estudiar en un colegio TP”, yo estaría feliz porque eso significa que mis hijos, a los 18 años, además de saber ciencia y filosofía, van a saber trabajar en equipo, o hacer una proyección de contabilidad. Estoy convencido de que mientras uno más sabe, es más libre. 

-¿Cuál es el desafío con los jóvenes hoy?

-El desafío con los jóvenes es múltiple. Primero el de la atención. Traté de recorrer muchas carreras, estuve con cerca de dos mil chiquillos y es emocionante verlos, porque sabes que tienes frente a ti a los principales talentos del país. 

Pero aun así los veía como perdidos, con menos atención, como lateados, pensando quién será este gallo. No todos, pero los veo como desencantados, tienen esto de la inmediatez, de que pierden atención rápidamente, pero también una pérdida de sentido de trascendencia, que a veces se confunde porque también son chiquillos muy ambiciosos, pero con cosas poco reales. 

Como que quieren la paz mundial, pero no saben cómo se consigue, ni lo que cuesta tenerla. Suponen que basta con decretarla o con quererlo, o que es parte de los derechos, y la verdad es que yo creo que los humanos tenemos todos los derechos que tenemos porque son ganados. 

Pienso que entienden muy poco y yo sé que suena como viejo recalcar lo que cuestan las cosas. Entonces, están seguros de que basta con tener buenas intenciones para ser validado, pero sabemos que esto no es suficiente. 

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