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Regístrate y accede a la revistaEn tiempos de inteligencia artificial, las imágenes cobran un nuevo valor pedagógico. Si antes eran un apoyo para explicar, motivar o complementar textos, hoy los modelos generativos permiten crearlas y ajustarlas en segundos. Esta posibilidad abre una oportunidad concreta para enriquecer la enseñanza y potenciar aprendizajes más visuales, creativos y significativos en el aula.
¿Y si una imagen muestra algo equivocado? Le puedo pedir otra hasta que lo haga bien… pero también podría usarla. Imaginemos que creara a Arturo Prat con uniforme de aviador y con un reloj digital en su pulsera. Es una oportunidad de aprendizaje para los alumnos si el profesor usa los errores como estrategia para desarrollar una habilidad y conocimiento.

Hernán Carvallo, docente y fundador de la plataforma IA para Educar, iniciativa orientada a fortalecer las competencias de los profesores en el uso pedagógico de la inteligencia artificial.
Aprender a generar imágenes con inteligencia artificial y aprovecharlas para desarrollar competencias como analogar, profundizar o aprender a mirar críticamente es muy importante, pero hay que tener cuidado. El problema aparece cuando la calidad estética se confunde con “exactitud”. Una imagen puede ser visualmente atractiva y, al mismo tiempo, científicamente incorrecta, históricamente imposible o culturalmente sesgada. La inteligencia artificial no entiende el contenido: predice formas plausibles o verosímiles a partir de enormes volúmenes de datos. Eso significa que puede mezclar épocas, distorsionar proporciones, reforzar estereotipos o inventar detalles con total convicción visual. Por eso, al igual que cuando trabajamos con un texto educativo, siempre revisamos cuidadosamente los resultados que la IA pueda entregarme.
No es necesario. No es obligatorio. Y si no quiere usarlas, por favor no lo haga. Los modelos actuales de generación de imágenes han alcanzado un nivel de calidad que, para muchos usos escolares, resulta más que suficiente. Docentes y estudiantes crean imágenes para explicar procesos científicos, representar escenas históricas, diseñar infografías, construir relatos visuales o evitar problemas de derechos de autor. También se usan para esquematizar ideas abstractas, apoyar el desarrollo de la motricidad fina en niveles iniciales o simplemente para embellecer materiales educativos. Una imagen que creé hace un tiempo para una clase era la de un profesor del siglo XVI, bajo un roble, con estilos de Dalí y el Greco: Dalí para los objetos y el Greco para los colores. ChatGPT me entregó la mejor síntesis (probé el prompt en cinco modelos distintos), al menos según mi perspectiva: las imágenes generadas por inteligencia artificial son un terreno ideal para entrenar el juicio.
En el momento de escribir este artículo, algunos de los modelos más sólidos para la generación de imágenes educativas están integrados en asistentes conversacionales de propósito general, como ChatGPT y Gemini (con Nano Banana), y en otros sistemas especializados. Sus diferencias no son triviales desde el punto de vista pedagógico.
De las pruebas que yo he hecho, el nuevo generador de imágenes de ChatGPT destaca por la rapidez de generación y la capacidad de interpretar y corregir textos dentro de las imágenes, lo que resulta especialmente útil para infografías y esquemas conceptuales. Gemini Nano Banana sobresale por la precisión al editar imágenes existentes (no el texto en ellas), permitiendo hacer pequeños ajustes muy localizados: cambiar un elemento, corregir un detalle anatómico o modificar una etiqueta sin rehacer toda la imagen, o incluso colorear imágenes en blanco y negro.
Es recomendable trabajar con más de un modelo. Pedir la misma imagen (el famoso prompt) a cuatro sistemas distintos y compararlas entre sí permite observar cómo cada modelo resuelve el mismo encargo de manera diferente, y ver cuál funciona mejor para mi propósito. Esa comparación revela que no existe una imagen neutral ni objetiva, incluso cuando el encargo inicial es idéntico. Otro buen hábito es pedirle a la propia inteligencia artificial que ayude a construir el prompt para una infografía o imagen educativa. Esto hace explícitos los supuestos iniciales y facilita, posteriormente, auditar si la imagen realmente cumple con lo solicitado.
Uno de los avances más relevantes de los últimos años (en realidad meses, ya que esto va muy rápido) es la mejora en la consistencia visual. Antes, generar una serie de imágenes coherentes entre sí era extremadamente difícil: los personajes cambiaban, los estilos se desdibujaban y los detalles se perdían. Hoy, los modelos comienzan a sostener rasgos, estructuras y estilos de manera más estable, y esto seguirá mejorando en el futuro, lo que abre posibilidades interesantes para proyectos educativos de mediano plazo: relatos ilustrados, estudios de caso visuales, líneas de tiempo o simulaciones narrativas. Sin embargo, también refuerza la necesidad de auditoría. Cuanto más consistente y convincente es una imagen, mayor es el riesgo de aceptarla sin cuestionamiento.
Si tengo que crear una imagen, un pequeño listado de pasos puede ser el siguiente:
1. ¿Está adaptada a la edad y nivel de los estudiantes?
2. Corrección conceptual: ¿la imagen representa adecuadamente el contenido buscado?
3. Coherencia interna: ¿los elementos de la imagen son compatibles entre sí?
4. Contexto histórico o cultural: ¿hay anacronismos, estereotipos o simplificaciones?
5. Claridad comunicativa: ¿la imagen ayuda o confunde al explicar “esta” idea?
6. Sesgos y omisiones: identifica qué perspectivas quedan invisibilizadas o reforzadas.
7. Calidad (perfección) del texto integrado: cuando la imagen incluye palabras, etiquetas o números.
Lo importante es que estos criterios no se usen como una lista mecánica, sino como base para argumentar.
En comunidades educativas más informadas suele aparecer una preocupación legítima: el costo energético de generar imágenes con inteligencia artificial. Los modelos consumen recursos computacionales, agua y electricidad. Este tema no debe evitarse, pero sí contextualizarse.
Estimaciones recientes muestran que crear 10 imágenes grandes gasta lo mismo que cargar mi celular una vez (fuente: https://what-uses-more.com). Esto no significa que el costo sea irrelevante, sino que debe ponerse en perspectiva y discutirse con datos.
Por consiguiente, incorporar esta conversación en el aula refuerza la alfabetización digital crítica: usar inteligencia artificial también implica decidir cuándo vale la pena hacerlo y cuándo no.
Un punto que suele generar confusión es: ¿quién es el autor de una imagen creada con inteligencia artificial y quién posee sus derechos? La tendencia normativa actual es relativamente clara: en la mayoría de las jurisdicciones, las imágenes generadas exclusivamente por sistemas de IA no son protegibles por derecho de autor si no existe una contribución creativa humana significativa. Por ejemplo, la Oficina de Copyright de Estados Unidos ha señalado explícitamente que solo las obras con autoría humana pueden recibir protección, y que el uso de IA debe implicar decisiones creativas sustantivas –selección, disposición, edición o transformación– para que una persona pueda reclamar autoría. En el Reino Unido y en la Unión Europea el debate sigue abierto, pero se avanza en la misma dirección: la IA no es sujeto de derechos y la autoría recae, cuando corresponde, en la persona que ejerce control creativo demostrable sobre el resultado.
La creación de imágenes educativas desplaza el foco desde la herramienta hacia la competencia humana. En un mundo saturado de imágenes cada vez más persuasivas, educar no consiste en prohibir ni en celebrar acríticamente la tecnología, sino en formar criterio.
Las imágenes generadas por inteligencia artificial son, como han sido siempre las imágenes, un excelente recurso para enseñar y desarrollar mejor habilidades exclusivamente humanas: analizar, contrastar, contextualizar y argumentar. Estas nuevas tecnologías no son el fin del uso de las imágenes, porque ya no son fiables o “reales”. Estamos en su nuevo comienzo. Y por eso tenemos que aprender a usarlas y convivir con ellas.
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