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Mar 2026 - Edición 300

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“Todos merecen una segunda oportunidad”

Emilia Valenzuela, directora del Liceo TP de Adultos Pucará, ha dedicado más de dos décadas a enseñar en contexto de encierro. Desde la penitenciaría de Arica, lidera un proyecto que demuestra que la educación puede transformar vidas, abrir caminos y devolver la esperanza.

Por: Marcela Paz Muñoz I.
“Todos merecen una segunda oportunidad”

Hace más de veinte años, Emilia Valenzuela cruzó por primera vez las puertas de la penitenciaría de Arica, sin imaginar que ese espacio se convertiría en su lugar en el mundo. Profesora de Historia, llegó en 2004 al entonces programa educativo para personas privadas de libertad. No sabía mucho del contexto, pero sí que la educación era un camino de dignidad. Hoy es directora del Liceo Técnico Profesional de Adultos Pucará, con presencia en los recintos masculino y femenino, donde se imparten cuatro especialidades: Electricidad, Productos de la Madera, Vestuario y Alimentación Colectiva.

“Llegué en un momento difícil de mi vida, sin saber que estaba entrando a un lugar donde la educación puede literalmente salvar vidas”, recuerda. “Aquí uno aprende que todos, sin excepción, merecen una segunda oportunidad”.

Creo firmemente que el error puede transformarse en una herramienta de aprendizaje. Todos merecen segundas oportunidades”, Emilia Valenzuela, directora del Liceo TP de Adultos Pucará.

Emilia trabaja en contextos de encierro desde el año 2004. “En ese momento, el penal masculino y el femenino funcionaban en conjunto, pero en 2020 el recinto femenino se separó y pasó a contar con una estructura propia. Esto implicó la creación de un anexo para la atención de las estudiantes”, explica. 

Desde su perspectiva, la formación laboral no se limita únicamente a la enseñanza técnica, sino que incorpora de manera central la formación integral y valórica. “Buscamos desarrollar conductas asociadas a la tolerancia, el respeto por el otro y la resolución adecuada de conflictos”, señala. Un enfoque que, asegura, ha dado resultados en la medida en que se ha logrado enseñar a los internos a distinguir y resguardar los espacios pedagógicos de aquellos propios de la vida cotidiana del penal.

Educar entre muros

Emilia entiende su rol más allá de la enseñanza técnica. “En este contexto educamos en valores, en respeto, en aprender a resolver conflictos sin violencia. Hay que enseñar a separar los espacios pedagógicos de los del patio del penal, y eso solo se logra con paciencia y mucha humanidad”.

Su equipo de profesores comparte esa visión. “No solo preparan clases, acompañan procesos de vida. Son contenedores, guías y, muchas veces, la primera voz que les dice a los internos que pueden cambiar su destino”.

En 2024 recibió el Premio LED de Liderazgo Educativo Directivo, reconocimiento que, confiesa, llegó cuando pensaba que su ciclo estaba cerrado. “No postulé; me avisaron que había sido seleccionada, y fue una alegría enorme. Sentí que por fin se visibilizaba una realidad incómoda para muchos: la educación en contexto penitenciario”.

Ese premio, dice, fue un impulso para seguir. “Cumplir 20 años como directora me hizo preguntarme si todo valía la pena. Pero cuando vi que nuestro trabajo se valoraba públicamente, entendí que sí: que estábamos cambiando vidas”.

Historias que inspiran

Emilia habla con emoción de quienes lograron salir adelante. Una exalumna del área de electricidad estudió Prevención de Riesgos y hoy trabaja con éxito. “Ella dice que el liceo le salvó la vida, porque la sacó del contexto del patio. Descubrió que tenía talento, que podía estudiar, y lo hizo”. Otro exalumno egresó de Psicología, y un tercero cursa Historia. “Son historias que nos recuerdan que la educación transforma. A veces basta con que una persona decida cambiar para que todo el esfuerzo cobre sentido”.

Consciente de las dificultades que enfrentan al egresar, el liceo ha impulsado prácticas dentro del penal –como en la cocina o en el área de mantención– y fomenta el emprendimiento como alternativa. “Sabemos que la empleabilidad es compleja, pero estas carreras permiten la autogestión. Un egresado puede coser, cocinar, reparar, crear su propio trabajo. Eso también es reinserción”.

"Creo profundamente que todas las personas merecen segundas oportunidades –y a veces incluso más–, y que el error puede transformarse en una verdadera herramienta de aprendizaje. Lo vivimos a diario: a partir del error es posible mejorar, aprender y crecer. Con mayor razón cuando se trata de personas que no han tenido las mismas oportunidades que tuvimos nosotros. Por eso, me siento profundamente orgullosa y emocionada al conocer estos casos, porque confirman que el trabajo que está realizando el equipo de profesores del Liceo tiene un impacto real y transformador".

Para Emilia, la educación en estos espacios no es solo un acto de justicia, sino también de seguridad pública. “Mientras más personas puedan volver a la sociedad con herramientas y esperanza, más segura será esa sociedad. Educar es también prevenir”.

El poder de lo socioemocional

Durante la pandemia, junto a su equipo, incorporó el trabajo socioemocional en los planes de gestión del liceo. “Les dejábamos mensajes de ánimo con el material impreso y les preguntábamos cómo estaban. Fue tan potente que decidimos mantenerlo. Hoy aplicamos diagnósticos socioemocionales al inicio y al cierre de cada semestre”, explica.

Desde ahí, diseñan actividades de convivencia, inclusión y formación ciudadana. “Queremos que aprendan a respetarse, a proyectarse, a imaginar un futuro distinto para sus hijos. Si logramos eso, la tarea está cumplida”.

Han pasado muchas generaciones de alumnos y docentes, pero el espíritu sigue intacto. “Llevamos 21 años sin darnos por vencidos. Porque la educación puede cambiar destinos, incluso en los lugares donde parece que la esperanza no entra”, dice Emilia. Luego hace una pausa y sonríe: “Mientras haya un alumno que decida empezar de nuevo, todo este esfuerzo habrá valido la pena”.

Aprender a empezar de nuevo

El Liceo Técnico Profesional de Adultos Pucará, ubicado en la penitenciaría de Arica, imparte formación técnica a hombres y mujeres privados de libertad. Con 21 años de trayectoria, ofrece las especialidades de Electricidad, Productos de la Madera, Vestuario y Alimentación Colectiva, combinando la enseñanza técnica con la formación en valores, respeto y convivencia. Su modelo busca fortalecer la reinserción social y el desarrollo personal, integrando además la educación socioemocional en todos sus planes de gestión.

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