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Mar 2026 - Edición 300

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Prácticas profesionales: el valor de aprender en obra para la EMTP

A través del trabajo colaborativo entre liceos, empresas y organismos gremiales, las prácticas profesionales permiten que los jóvenes transiten desde los aprendizajes adquiridos en el aula hacia el ejercicio real de un oficio, en contextos productivos concretos y con altos estándares de calidad y seguridad.

Por: Marcela Muñoz
Prácticas profesionales: el valor de aprender en obra para la EMTP

Así lo plantea Jimena Lagos, gerente de Desarrollo de Heavenward, quien explica que este tipo de experiencias formativas tempranas resultan decisivas para el tránsito exitoso desde el colegio al mundo laboral. En su análisis, la práctica profesional permite aterrizar lo aprendido en el aula y comprender, desde el quehacer cotidiano, cómo se desarrollan los oficios en condiciones reales de trabajo.

En este ámbito, la Cámara Chilena de la Construcción ha asumido un rol activo en la articulación con establecimientos técnico-profesionales de distintas regiones del país, promoviendo la incorporación de estudiantes en práctica a empresas socias en condiciones adecuadas. Este trabajo ha implicado apoyar a las compañías mediante cursos, talleres y orientaciones dirigidos a sus equipos de recursos humanos, con el fin de identificar áreas pertinentes para recibir practicantes, vincularlas con las especialidades de los alumnos, preparar a los maestros guía y diseñar procesos de inducción claros y efectivos. A ello se suma la elaboración de un Manual de Prácticas que sistematiza estas herramientas y facilita su implementación.

La experiencia en terreno es irremplazable, ya que aterriza el ‘qué’  –aprendido en el aula– para transformarlo en el ‘cómo’, ‘cuándo’ y ‘por qué’, que solo puede descubrirse en el oficio mismo”, dice Jimena Lagos.

Desde su experiencia en Heavenward, Jimena Lagos señala que la calidad de las prácticas no es un resultado espontáneo, sino el fruto de un proceso largo y estructurado, que comienza mucho antes de que los estudiantes ingresen formalmente a la empresa. La vinculación con los liceos se inicia desde las primeras etapas de la formación TP, a través de visitas pedagógicas, ferias laborales, actividades escolares y la participación en instancias propias de los establecimientos, como evaluaciones de proyectos de cierre de especialidad.

Paralelamente, la empresa ha desarrollado procesos claros para seleccionar y preparar a los maestros guía, entendiendo que su rol es clave en la formación de las nuevas generaciones de técnicos. Según explica la gerente de Desarrollo, quienes asumen esta función deben comprender el impacto formativo que tienen en los estudiantes y contar con herramientas para acompañarlos adecuadamente durante su proceso de aprendizaje en terreno.

Uno de los pilares del modelo es la inducción previa. “Antes de incorporarse a labores en obra, los alumnos participan en un programa intensivo de dos semanas, enfocado en consolidar conocimientos técnicos, comprender la cultura corporativa y asumir el cambio de rol que implica ingresar al mundo laboral. Este proceso busca no solo entregar información práctica, sino también reforzar la responsabilidad individual, el impacto de las decisiones y la importancia del cumplimiento de protocolos para la seguridad propia y de terceros”, señala Jimena.

La formación en seguridad y calidad ocupa un lugar central en la experiencia de práctica. A través de cursos y entrenamientos específicos –como mantenimiento preventivo, uso de elementos de protección personal, atención al cliente y procedimientos internos–, los estudiantes internalizan estándares propios del sector de la construcción y del rubro de transporte vertical. Este aprendizaje se refuerza posteriormente en terreno, donde los maestros guía acompañan a los practicantes de manera cotidiana, transmitiendo la cultura de seguridad y calidad que caracteriza a la compañía.

De acuerdo con Lagos, el impacto de estas prácticas va más allá de la adquisición de competencias técnicas. Al enfrentarse a contextos reales de trabajo, los estudiantes desarrollan habilidades socioemocionales fundamentales para su futura empleabilidad, como la responsabilidad, la disciplina, la comunicación efectiva y el trabajo en equipo. Comprenden que llegar a tiempo, cumplir protocolos y cuidar al otro no son reglas arbitrarias, sino parte de una cultura profesional que permite resguardar la seguridad y la calidad del trabajo.

Asimismo, la interacción constante con equipos de trabajo y mentores fomenta competencias como el análisis crítico, y la capacidad de aprender de distintas formas. Este proceso, diseñado para involucrar activamente a los estudiantes, les permite dimensionar el impacto real de sus acciones y dejar atrás la idea de que el trabajo técnico puede ser improvisado.

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