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Regístrate y accede a la revistaSegún el nuevo Índice Nacional de Bienestar Docente, un 67% de los profesores en Chile presenta algún nivel de afectación en su salud mental. Sin embargo, el compromiso con sus estudiantes se mantiene alto. Para la investigadora Paulina Guzmán, el desafío es claro: cuidar a quienes enseñan antes de que el desgaste se vuelva irreversible.
“Los profesores en Chile siguen muy comprometidos con sus estudiantes, pero están emocionalmente agotados”, afirma Paulina Guzmán, directora del Laboratorio de Investigación e Innovación Docente de la Universidad San Sebastián, al presentar los resultados del Índice Nacional de Bienestar Docente 2025, aplicado a 1.327 profesores de distintos tipos de establecimientos del país.

Los docentes en Chile siguen profundamente comprometidos con sus estudiantes, pero el desgaste emocional es evidente. Cuidar a quienes enseñan no puede seguir siendo una tarea pendiente”, dice Paulina Guzmán.
"En el primer estudio longitudinal de bienestar docente que realizamos durante la pandemia, y que seguimos a lo largo de tres años, pudimos observar cómo el desgaste, el mal clima escolar o los conflictos al interior de la escuela tenían un efecto progresivo en el bienestar y en las emociones positivas de los docentes". Asimismo, Guzmán agrega que "hoy contamos con esta 'fotografía' del momento, que nos permite extraer algunas conclusiones preliminares. Sin embargo, lo más relevante será el próximo año, cuando podamos analizar la evolución de estas variables y ver si aquello que nos preocupaba entonces se ha intensificado o, por el contrario, si algunos aspectos han mostrado mejoras".
El estudio –realizado en colaboración con Elige Educar, el Centro de Innovación y Liderazgo Educativo (CILED) de la Universidad del Desarrollo, Fundación Santillana y el Instituto de Bienestar Socioemocional– entrega una radiografía clara de la realidad docente: el 67% de los profesores reporta algún tipo de problema de salud mental, desde leves hasta severos. “Es una cifra que debería preocuparnos y ocuparnos. Si no hacemos algo hoy, el próximo año podría ser peor”, advierte Guzmán.
Aun cuando los resultados reflejan una situación compleja, la investigadora rescata una constante que se repite año a año: el compromiso de los docentes con sus alumnos sigue siendo altísimo. “En una escala de 1 a 5, este marcador alcanza 4,44 puntos. Los profesores dicen que lo que los hace levantarse cada día son sus estudiantes”, explica.
Sin embargo, el estudio revela también una brecha importante: el compromiso con sus pares es significativamente menor. “Las relaciones entre pares son un punto crítico. Si un profesor siente que no cuenta con el apoyo de su equipo o que su entorno laboral es poco colaborativo, eso repercute directamente en su bienestar”, sostiene Guzmán.
Esa falta de apoyo, agrega, impacta incluso en la permanencia en la profesión. “Los docentes noveles son los más propensos a abandonar la carrera antes de los cinco años, muchas veces por falta de estrategias de afrontamiento y de redes de contención. La salud mental es un predictor clave de deserción profesional”.
Otro hallazgo relevante del estudio tiene que ver con la victimización docente: un 40% de los profesores afirma haber sido agredido al menos una vez por un estudiante. Además, la mayoría percibe el clima escolar como “regular” o “malo”.
“El clima escolar no es solo si hay o no bullying entre alumnos. Es la percepción que todos –docentes, directivos, asistentes– tienen sobre cómo se convive en la escuela”, explica Guzmán. A su juicio, la violencia en los establecimientos afecta uno de los vínculos más valiosos del proceso educativo: la relación profesor-estudiante. “Esa relación de confianza y apego es lo que sostiene la vocación docente. Si se erosiona, perdemos no solo a un buen profesor, sino también a un referente emocional para los alumnos”.
El índice también arroja datos sobre la relación entre docentes y directivos: solo uno de cada cinco profesores siente que recibe suficiente apoyo de su equipo directivo, y más del 80% cree que faltan espacios de contención emocional y comunicación efectiva.
Para Paulina Guzmán, este resultado no es un reproche, sino una oportunidad. “Los profesores valoran a sus directivos, pero necesitan que estén más presentes en la sala, que los acompañen, que los orienten. No se trata solo de supervisar, sino de generar espacios seguros donde puedan expresar lo que sienten”.
La investigadora propone avanzar hacia liderazgos pedagógicos más humanos y menos administrativos. “Hoy los directivos están sobrecargados de tareas burocráticas, lo que los aleja de su rol más importante: guiar, escuchar y fortalecer la autoestima profesional de los docentes”.
A pesar del panorama complejo, Guzmán prefiere mirar el vaso medio lleno. “Este índice no es solo una foto de cómo estamos, sino una herramienta para mejorar. Nos permite orientar políticas públicas, diseñar intervenciones pertinentes y acompañar a las comunidades educativas en su propio diagnóstico”.
El equipo planea aplicar el índice dos veces al año, para comparar cómo varía el bienestar docente a lo largo del calendario escolar. “Queremos entender las trayectorias, porque la salud mental no se deteriora de un día para otro. Es un proceso progresivo. Por eso, medir de manera constante es clave”, comenta.
Para 2026 esperan incorporar nuevas variables: liderazgo personal, relación con las familias, sentido de pertenencia y vocación docente. Además, trabajan en una versión que permita a los propios colegios medir su bienestar interno, a fin de tomar decisiones más ajustadas a su realidad.
“Mi sueño”, dice Guzmán, “es que este índice sirva realmente para transformar la vida laboral de los profesores. Si una escuela logra mejorar el bienestar de su equipo docente, ya habremos cumplido el objetivo”.
Para la académica, hablar de bienestar docente no es solo hablar de felicidad o emociones, sino de aprendizaje. “Sabemos que los estudiantes con dificultades emocionales aprenden menos. Lo mismo ocurre con los profesores: si están agobiados o angustiados, su capacidad de enseñar se reduce”.
Por eso insiste en una idea que resume toda su investigación: “Cuando un profesor está bien, todo el sistema florece. Y ese florecimiento no es individual: alcanza a los alumnos, a las familias y a la escuela completa”.
Revisa en el capítulo de Educar Conectados, la conversación que tuvimos con Paulina Guzmán, directora del Laboratorio de Investigación e Innovación Docente de la Universidad San Sebastián.
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